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Goñi, el pelotari que por su mala cabeza ha pasado tres años en el rincón de pensar
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Tomó decisiones erróneas

Goñi, el pelotari que por su mala cabeza ha pasado tres años en el rincón de pensar

Fue el mejor en su deporte, pero estuvo tres primaveras entre rejas. Ahora, tras obtener el título de cocinero en prisión, disfruta del tercer grado y de la vida

Foto: Mikel Goñi, durante un partido del Manomanista.
Mikel Goñi, durante un partido del Manomanista.

Todos los deportes buscan su ídolo al que sacarle rentabilidad a base de ensalzar sus hazañas y de endosarle superpoderes ajenos a los mortales. O sea, se trata de sacarse de la manga personajes que provienen de otra galaxia con características físicas, morfológicas o mentales que los hacen inigualables. Lo hizo el periodista argentino Víctor Hugo Morales cuando narró el célebre gol de Maradona ante Inglaterra en el Mundial de México. "¿De qué planeta viniste?", se preguntó. Las comparaciones de otros deportistas con un superhombre que llegó a la Tierra procedente de Krypton llamado Superman como se hizo con Usain Bolt o, en el caso de España, con Miguel Indurain o con el mismísimo Rafael Nadal, suelen ser bastante recurrentes. Estas hipérboles tan propias del periodismo deportivo se han vuelto en contra de chavales a quienes esa misma prensa se encargó de colgar el cartel de figuras cuando todavía no sabían ni atarse los cordones de los zapatos. El pelotari Mikel Goñi, recién salido de prisión, fue uno de ellos. Se ha pasado más de tres años en el rincón de pensar por su mala cabeza. Una lección de vida que solo con el paso del tiempo se sabrá si ha servido para algo.

17 de febrero de 1996. Ese día, con tan sólo 18 años, debutaba como profesional en el frontón Beotibar de Tolosa el joven delantero navarro. Los aficionados a la pelota ya tenían noticias de Mikel Goñi por su exitosa carrera tanto en juveniles como en el campo aficionado. Era el elegido para imponer su ley en los frontones como años atrás lo había hecho el también delantero navarro Julián Retegi. Una leyenda urbana cuenta que en cierta ocasión ambos coincidieron en el frontón de Alsasua (Navarra). En la puerta de entrada estaba Goñi de pie y fumando un cigarro cuando vio que se acercaba su gran ídolo. En una pregunta propia de un imberbe que aspira a conocer la fórmula para convertirse en leyenda por la vía rápida, se interesó en saber cómo podía llegar ser un campeón como él mientras exhalaba el humo de su pitillo. A lo mejor no recuerda ya el zasca que le propinó Retegi, porque hay quien asegura que le respondió: "Si te quitasen la cabeza y te pusieran la mía a lo mejor conseguías algo grande".

Lo tenía todo para triunfar hasta que acabó con sus huesos en la cárcel. Fueron días de vino y rosas. Da igual saber cuál fue el motivo real que le llevó a una espiral autodestructiva porque el juez ya le ha concedido el tercer grado penitenciario. Tal vez, al echar la vista atrás, su mal ejemplo puede servir para que algunos jóvenes que quieren llegar a la cima buscando atajos no repitan sus mismos errores. Para ello es necesario hacer un flashback de lo que fueron sus años de gloria. Y es que desde el mismo día de su debut no era extraño ver titulares de prensa con su nombre acompañado de adjetivos como "espectacular", "genial", "mágico" o "sensacional". Nada que ver con los que aparecieron cuando cayó en desgracia: "Mikel Goñi vencido por su demonio" ('El Correo') o "La amplia sombra de Mikel Goñi" ('Deia'). Sus años de gloria estaban acabados. Habría que ir a una hemeroteca o a las búsquedas de Google para leer algo positivo sobre el pelotari que se pegó no un tiro, sino varios, sobre su propio pie.

placeholder Mikel Goñi. (EFE)
Mikel Goñi. (EFE)

Una especie de genio en sus inicios

En sus comienzos el navarro era como una especie de genio al que aún quedaban aspectos por pulir, un torbellino capaz de poner patas arriba los graderíos de los mejores frontones. Golpeaba la pelota con su zurda de forma violenta y tampoco era tan extraño que con la derecha consiguiera mandarla al rebote del frontón. Dicen que ya se lo vieron hacer cuando era solo un juvenil. Esas genialidades a base de pura potencia las alternaba con errores infantiles que al principio eran perdonados por el público y luego se tornaron en broncas constantes. Dicho de forma grandilocuente, era un superdotado. Rebelde e irascible, su presencia no pasaba desapercibida en los frontones. Podía haber tocado el cielo con los dedos de la mano si se lo hubiera propuesto.

La aparición del nombre de Mikel Goñi en los carteles conseguía llenar los frontones. Era una apuesta segura por el espectáculo. El mundo 'pelotazale' se frotaba las manos con la figura emergente de un tipo fornido de 1,87 centímetros y 90 kilos de peso capaz de desplazarse con inusitada rapidez. Y de hacer tantos increíbles con ambas manos ajustando la pelota a escasos centímetros de la chapa. También afirman las malas lenguas, o los más envidiosos, que su sola presencia conseguía atraer al público femenino. Era la gallina de los huevos de oro. Podía llegar a cobrar 3.000 euros por partido. La prensa le mimaba, el público le adoraba y sus adversarios le temían. La leyenda entorno a su figura se iba construyendo a pasos agigantados. En su pueblo, situado en el valle del Baztán, un lugar inmortalizado en su trilogía por la escritora Dolores Redondo, sólo se hablaba de Mikel y de sus hazañas.

Al poco tiempo de estrenarse en profesionalismo su besagain (volea con el brazo extendido por encima del hombro) ya era inimitable por la violencia con que golpeaba a la pelota. Sus ganchos eran de lo más eficaces por la contundencia en el golpeo y sus dejadas tenían una precisión milimétrica que conseguían levantar al público de sus asientos. También tenía defectos que disimulaba con su gran clase. Flojeaba en defensa, carecía de cualquier estrategia en el plano táctico y hablar preparación física era una quimera. Tan es así que en más de una ocasión tuvo que hacer dietas express para adelgazar 15 kilos en un mes.

placeholder Mikel Goñi. (Imagen de archivo)
Mikel Goñi. (Imagen de archivo)

Perseguido por la fama

La fama le perseguía y eso que nunca ganó un campeonato importante. Solo le pusieron la 'txapela' de campeón en una edición estatal en la modalidad del cuatro y medio cuando consiguió vencer a Carlos Armendariz. Su estrella empezó a dejar de brillar muy pronto fruto de su inmadurez. Demasiado pronto. El dinero se iba tan rápido como venía. Jugaba partidas de cartas interminables y era un asiduo de la noche. Ya por entonces empezó a ganarse una más que merecida fama de mujeriego. Era una felicidad ficticia propia de un ser infeliz adquirida a base de talonario.

Él mismo se encargó de dar la primera palada para cavarse su propia fosa. De repente el ídolo empezó a convertirse en un juguete roto. A eso ayudó también su adicción a sustancias no permitidas. La mala vida del 'bad boy' del Baztan empezó a estar en boca de todos. Un accidente de coche en 2002 estampándose contra un muro bajo los efectos del alcohol hizo saltar por fin todas las alarmas. El niño mimado se había convertido en tiempo récord en un hombre inmaduro cuyos hábitos de vida eran impropios de alguien que aspiraba a llegar a la élite. Un ejemplo: ese mismo año el histriónico Goñi era el favorito para hacerse con la 'txapela' del manomanista. Había llegado a semifinales, pero la empresa con la que había firmado un contrato le retiró de la competición. La explicación fue de lo más elocuente: "Mikel no ofrece en estos momentos garantías para pasar un control antidopaje".

Le aconsejaron ingresar en un centro de rehabilitación de Hernani y aceptó. También se sometió de buen grado a tratamientos psicológicos. En teoría, quería enderezar el rumbo de su carrera. Cuando vio la luz al final del túnel todavía le quedaban más balas en la recámara para reencarnarse en chico bueno. Un año más tarde de su accidente automovilístico redactó una carta con la finalidad de hacer público su propósito de enmienda. "Soy una persona con más defectos que virtudes, que en los últimos años, por mi conducta desordenada, he dañado mi vida, la de mi propia familia, la de mis amigos, la de mi empresa y la de todos aquellos que han creído en mí. Quiero regenerarme como persona y pelotari, y necesito una oportunidad", decía.

placeholder El pelotari Mikel Goñi en un partido en su etapa profesional. (EC)
El pelotari Mikel Goñi en un partido en su etapa profesional. (EC)

Puede que su intención fuera buena. No así su actitud. Siguió empeñado en descuidar su aspecto físico. Su sobrepeso era muy ostensible y las lesiones comenzaron a llegar. Su nombre en los carteles se caía siempre a última hora con cualquier pretexto y si le daba por comparecer era para dar el cante. Los aficionados tienen grabado a fuego el día que apareció en el frontón de Azkoitia con las legañas pegadas en sus ojos. Y, claro, se rompió el tobillo. Las protestas y silbidos se oyeron hasta en el valle del Baztán. A duras penas su carrera deportiva decreció hasta que los empresarios que organizan los festivales de pelota dijeron basta.

Goñi pasó también a ser un icono de la televisión. Se convirtió en presentador de un reallity muy popular en la ETB 2 llamado 'El conquistador del fin del mundo', donde quienes no lo conocían descubrieron a un personaje siempre envuelto en la polémica. A pesar su vida díscola, aun había gente que confiaba en él. En darle otra oportunidad. Tal vez la última. Así que reapareció en los frontones en 2007 convertido en otro pelotari bien distinto al joven que despuntó con 18 años.

Duró dos años. No tenía el fuelle necesario para acabar un partido y las lesiones eran el pan de cada día. Su actuación en el Astelena de Éibar frente a Oinatz Bengoetxea fue la gota que colmó el vaso. Durante el partido tuvo que reiterarse en varias ocasiones a los vestuarios por una lesión en su maltrecha pierna. La paciencia de aficionados y empresarios, como si fuera el depósito de gasolina de un coche, estaba ya en reserva. Que encima diera una patada al frontis con esa misma pierna lesionada en señal de impotencia fue su punto y final a su carrera deportiva en la élite.

Foto: El pelotari Mikel Goñi (i), en un partido en su etapa profesional. (EC)

El pelotari que acaparaba titulares de prensa y enloquecía a las masas pasó de la noche a la mañana a disputar partidos en frontones de segunda fila donde su indolencia para enderezar el rumbo de su carrera era cada día más evidente. La prensa se cebó con él a raíz de su detención policial. Se le acusaba de haber ido en compañía de otras dos personas a un domicilio de Eugi (Navarra), donde residía un hombre que supuestamente les había robado marihuana en una plantación que Goñi tenía en una vivienda que le había alquilado.

La sentencia le condenó a ocho años y tres meses de prisión. El fallo hablaba de que los acusados ataron las manos del hombre, lo subieron a su vehículo y lo trasladaron a un decampado cercano al río Elizondo. Allí le propinaron una buena paliza y le retuvieron durante 48 horas. Ese mismo día, además, el trío amenazó de muerte a otro hombre para que les devolviera un préstamo de 10.000 euros. Según los jueces, consiguieron su propósito después de hacerle un corte con una navaja y de clavarle un destornillador en el dedo.

Con el título de cocinero obtenido durante su estancia en la prisión alavesa de Zaballa, Goñi salió de prisión gracias a la obtención del tercer grado penitenciario a finales de enero tras cumplir una pena de tres años y dos meses. En una reciente entrevista en el programa 'Abiapunta' de ETB 1 admitió que fue a prisión porque "no hice las cosas bien" y que lo único que quiere ahora es llevar una vida "tranquila". De momento tiene un trabajo que le permite estar fuera de los muros de una cárcel. "Es que no hay otra, a lo hecho pecho", afirmó.

Todos los deportes buscan su ídolo al que sacarle rentabilidad a base de ensalzar sus hazañas y de endosarle superpoderes ajenos a los mortales. O sea, se trata de sacarse de la manga personajes que provienen de otra galaxia con características físicas, morfológicas o mentales que los hacen inigualables. Lo hizo el periodista argentino Víctor Hugo Morales cuando narró el célebre gol de Maradona ante Inglaterra en el Mundial de México. "¿De qué planeta viniste?", se preguntó. Las comparaciones de otros deportistas con un superhombre que llegó a la Tierra procedente de Krypton llamado Superman como se hizo con Usain Bolt o, en el caso de España, con Miguel Indurain o con el mismísimo Rafael Nadal, suelen ser bastante recurrentes. Estas hipérboles tan propias del periodismo deportivo se han vuelto en contra de chavales a quienes esa misma prensa se encargó de colgar el cartel de figuras cuando todavía no sabían ni atarse los cordones de los zapatos. El pelotari Mikel Goñi, recién salido de prisión, fue uno de ellos. Se ha pasado más de tres años en el rincón de pensar por su mala cabeza. Una lección de vida que solo con el paso del tiempo se sabrá si ha servido para algo.

Mikel Goñi