es un hombre tranquilo y un estudiante avanzado

Varane, el campeón de todo que con 25 años igual lee a Keynes que remata de cabeza

Raphael Varane ha sido el líder de la mejor defensa de este campeonato, esa que completa con Pavar, Umtiti y Lucas y que sorprende tanto por su juventud como por su inmensa calidad

Foto: Varane besa la copa del mundo. (Reuters)
Varane besa la copa del mundo. (Reuters)

El fútbol de hoy ha conseguido que sus jugadores sean, en esencia, mudos, lo cual es una ayuda notable para unos cuantos, pero también una pequeña desventaja para otros. Es el caso de Raphael Varane, central de Francia, campeón del mundo, como también lo es cuatro veces de Europa con el Real Madrid. Detrás de ese tipo, con aspecto tímido y al que muchos no reconocerían la voz si la escuchasen, hay mucho más que un simple jugador.

La anécdota la contaba hace poco en 'The Guardian', en esa catarata de piezas periodísticas que sirven para presentar a los protagonistas de lo que está por llegar. Contaban cómo había llegado a Madrid, por una llamada de Zinédine Zidane. Por dos llamadas de la leyenda, de hecho, porque en la primera, una vez le hubo reconocido la voz, solo le pidió con amabilidad que por favor no le molestase, que tenía al día siguiente su examen de filosofía para cerrar su carrera y no estaba para pensar en el Madrid en ese preciso instante. Su hermano le dijo que estaba loco. El Madrid fichó por 10 millones un central de talentos futbolísticos evidentes y también un licenciado en economía con sobresalientes al que gustaba citar a Keynes y a Durkheim. "Pero no me llamen intelectual, al final hay mucha más gente que saca sobresalientes en una carrera que los que fichan por el Real Madrid. Yo solo era un estudiante serio", decía por entonces en una entrevista.

Varane no grita

Esa seriedad la emplea también en su día a día. Varane es un central sobrio, de los que entienden el fútbol y saben colocarse. No tiene la personalidad de otros, en la defensa blanca claramente está dominado por el empuje de Sergio Ramos, un líder de barrio al que le sale natural mandar y colocar a sus compañeros. Varane no grita, pero con más de 1.90 y una zancada larga, además de una enorme elegancia para rebañar cualquier balón, es un central al que se le pueden poner muy pocos peros. Todo lo que ha conseguido hasta ahora, que es básicamente todo aquello con lo que un futbolista sueña cuando es niño, lo ha hecho sin tener siquiera 26 años.

En Varane, el orden es una constante vital, está casado con su novia de toda su vida, es hijo de una familia de clase media, su padre, enfermero, nació en la isla de Martinica y su madre era profesora de inglés. Pasó un constante frío en su juventud, consecuencia típica de haber nacido en la cercanías de Lille, la ciudad más importante del extremo norte de Francia. Su biografía se parece muy poco a la de tantos otros futbolistas, no hubo infancia dura, ni estrecheces ni la necesidad del fútbol para salir adelante. Tiene una hermana farmacéutica y otro abogado. El deporte en su vida era más ocio que otra cosa.

La madurez del niño

En ese contexto fácil, se fijó en él Zidane. Entre las muchas cosas buenas que dejó al Real Madrid su último entrenador, también está un central que forma parte de la historia del club. En aquel tiempo, Zizou no era todavía técnico, ni siquiera quería serlo. Su juego era de despacho, como susurrador del presidente, un hombre de fútbol proponiendo sobre fútbol. Fue él quien recomendó a Varane, que siempre parecía jugar dos pasos por encima de su edad. Tenía solo 18 años, pero no había demasiado riesgo en él. Los talentos estaban ahí presentes.

"Hay jugadores que no son maduros ni a los 30 y otros que ya están bien a los 20", dice Deschamps cuando tiene que evaluar a su pupilo. Él le hizo debutar con la selección en una victoria cuando tenía 19 años, contra Georgia, y le hizo el capitán más joven de la historia del país en un partido contra Armenia en 2014. Tenía 21 años, pero no necesitó demasiado tiempo para encontrar su espacio en el muy competitivo equipo nacional francés. En Rusia, además, se ha sacado una espina que tenía clavada de su anterior Mundial. Francia fue eliminada y él tuvo su parte de culpa, pues no supo medir el salto contra Hummels que les terminaría mandando a casa. "He mejorado en eso, ahora sé cómo utilizar mi cuerpo", relataba el aún joven central en otra entrevista.

Solo las lesiones, en ocasiones, han puesto en duda el éxito final de Varane. En tiempos pareció frágil, como si las rodillas no fuesen a aguantar el peso que el fútbol tiene para él diseñado. Le costó siempre, también porque es un jugador de gran tamaño, encontrar la mejor forma y disputar más de dos partidos muy seguidos. Pequeñas cosas que han podido ralentizar a veces su evolución, pero finalmente ha llegado al punto más alto, clave en la defensa del campeón del mundo de selecciones y, también, del campeón de Europa de clubes.

Son muy pocos los que pueden presumir de haber ganado esos dos premios en su carrera, y Varane lo hace con una edad especialmente corta. Son todavía más escasos los que lo consiguieron en el mismo año, cerrando un ciclo de perfección difícilmente igualable. El economista que sacaba matrículas, el tímido que es demasiado tranquilo como para dar un grito a su compañía en la defensa. Una de las claves de todo un campeón del mundo.

Lucas Hernández. (EFE)
Lucas Hernández. (EFE)

El afrancesado Lucas Hernández

No ha sido el único defensa destacable en esta Francia, un equipo abrumadoramente bien ordenado. Junto a él también han estado Pavard, un joven que irá al Bayern y era prácticamente desconocido antes de este torneo, y otros dos jugadores de la liga española, Umtiti, del Barcelona, y Lucas Hernández, del Atlético.

Este último, de hecho, bien podría haber jugado con España. "Me considero un español más. Claro, qué te voy a decir, hablo mejor español que francés. Entonces con eso te lo digo todo", explicaba a TVE cuando aún era una opción que vistiese la camiseta roja de España. Nació en Marsella, pero cuando era un niño se movió siguiendo a su padre, Jean-François Hernandez, que desempeñó su carrera en el Atlético o el Rayo. Aquí vivió desde que era un niño e hizo su carrera, de aquí se siente, pero la burocracia le terminó empujando a su país de origen. El mismo en el que ahora ha ganado el Mundial.

Fernando Hierro llegó a preguntar a la FIFA si era posible convocarle y la respuesta no fue lo suficientemente contundente como para despejar todas las dudas. Se desconocía si podía llegar a jugar el Mundial con el equipo español y si una hipotética convocatoria no podía complicar del todo la vida a Lucas Hernández. No se hizo y ha sido, durante todo el torneo, uno de los mejores jugadores de Francia. Es más central que lateral, pero como lateral ha estado soberbio, incluso proyectándose al ataque con peligro.

En Francia brillan Griezmann y Mbappé, que son los jugadores que firmarían los autógrafos a la salida de un entrenamiento, pero se explica mucho mejor desde la defensa que desde el ataque. En eso están Varane, Umtiti, Lucas o Pavard, como también aparecen en esa lista Kanté, Matuidi e, incluso, Pogba. Músculo, fuerza, decisión. Y cabeza, porque para defender bien lo principal no es tener piernas, sino sabe leer el fútbol.

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