queiroz pidió a sus jugadores que emigrasen

¿De verdad la regenerada Irán puede ganar a España? Estas son las armas de Queiroz

La selección persa presenta un conjunto muy trabajado, defensivamente estable, que ha pasado por la clasificación sin despeinarse. Sus delanteros brillan en ligas medianas europeas

Foto: Alireza Jahanbakhsh, en el partido contra Marruecos. (EFE)
Alireza Jahanbakhsh, en el partido contra Marruecos. (EFE)

Al acabar el Mundial de Brasil, Carlos Queiroz quiso mandar un mensaje a sus jugadores: conoced mundo. La idea del técnico era que difícilmente el fútbol persa se desarrollaría si sus jugadores no empezaban a competir en escenarios más complicados. La liga iraní no iba a mejorar súbitamente, así que el equipo necesitaba emigrar para que a la vuelta los futbolistas pudiesen dar algo más. Y así lo hicieron, hoy son pocos los que juegan en su país, y aunque todavía no han desembarcado del todo en las mejores ligas, mejor estar en Holanda, Suecia o Grecia que seguir en el contexto de siempre. Esta es la 'nueva' Irán que juega este miércoles a las 20:00 frente a España.

Otro de los puntos clave para el seleccionador está directamente relacionado con lo anterior, y es que el plan éxodo solo se pudo hacer con la mitad de los jugadores. Y eso obligaba a otra obsesión, poner físicamente a tono a los que siguen jugando en la liga iraní. Queiroz ha hecho una larga pretemporada con los jugadores que siguen en Asia porque no cree que las ligas en las que compiten preparen a sus hombres para el ritmo de un Mundial. El técnico es metódico y tiene experiencia, no son pocos los casos de jugadores que vuelven de China o de Qatar a Europa y tardan meses en ponerse al día porque la exigencia en esos lugares es mínima.

Los dos primeros párrafos dan idea de una de las claves del equipo, que es ni más ni menos la regeneración de conceptos que ha hecho Carlos Queiroz. Es cierto que el técnico luso dejó un recuerdo errático en el Real Madrid, su año empezó de manera sensacional, pero fue incapaz de mantenerlo la temporada entera. El equipo se cayó estrepitosamente. Pero aquella temporada aciaga blanca no debería marcar la vida entera de Queiroz, que con el tiempo ha demostrado que sabe entrenar selecciones, meterlas en el Mundial y ayudar a equipos medianos y pequeños a una transición hasta cotas previamente inexploradas. Por el momento, ya lleva una victoria en este campeonato, y por primera vez ha conseguido clasificar a Irán dos veces seguidas para la gran cita.

De la selección persa, lo primero que se tiene que decir es que es un equipo. No pasa tan a menudo en el Mundial, menos aún en las confederaciones en que el fútbol aún es una materia en progreso. Irán se ha encontrado en su clasificación una miríada de partidos contra conjuntos menores, pero todos ellos, los clave y los más sencillos, los afrontó con la misma predisposición y orden. Y es que Irán es, por encima de todo, un conjunto fiable, ordenado y defensivamente inapelable. Fue el segundo equipo en lograr su pase al Mundial, solo por detrás de Brasil, y lo hizo encajando solo dos goles en una ronda comprendida por 10 encuentros.

Morteza Pouraliganji, en el partido inaugural. (EFE)
Morteza Pouraliganji, en el partido inaugural. (EFE)

Un pupilo de Xavi

Desde entonces, han cambiado algunas cosas. Jalal Hosseini ha desaparecido del equipo por una cuestión de edad, tiene 36 años y ya no alcanza el nivel que Queiroz necesita. Con 116 internacionalidades, ha cumplido. Su ausencia, en todo caso, deja un hueco junto a Morteza Pouraliganji, que subido a su 1,90 de estatura se ha convertido en un central fiable, aunque también puede jugar de mediocentro. Es de los pocos que no han salido de Asia, aunque sí de Irán, tras su paso por China ha recalado en la liga catarí. En este último viaje ha conocido y trabado amistad con Xavi Hernández. En el primer partido, compartió espacio con Roozbeh Cheshmi, inexperto pero con grandes condiciones.

Al equipo persa le falta creatividad. El mediocampo es compacto, solidario y defensivo, pero no lo suficientemente brillante como para que España no se pueda quedar con la posesión. El jugador más conocido para el aficionado de aquí es Masoud, que tuvo buenas temporadas en la medular del Osasuna. En el primer partido no pudo jugar por sanción Ezatholahi, que con 21 años apunta a ser el futuro del fútbol asiático. De momento juega en el Rostov, después de haber pasado —aunque casi anecdóticamente— por la cantera del Atlético. Mide 1,90, es el ancla de la medular para Queiroz y tiene ya a sus espaldas 25 internacionalidades.

El gol ha sido en tiempos recientes una carencia para Irán, aunque tiene más que ver con la falta de juego que con la ausencia de goleadores. Los tiene, no apabullantes, no estrellas mundiales, pero bastante solventes. Quizá la mayor estrella sea Alireza Jahanbakhsh, que comparte historial con jugadores como Van Nistelrooy o Van Basten. Ha sido esta temporada pichichi en la Eredivise con el AZ Alkmaar. Gol, por lo tanto, tiene, y ni siquiera necesita para ello una posición central en el equipo, pues suele partir desde la banda, lo cual le hace incluso más valioso.

También se esperan grandes cosas de Sardar Azmoun, aunque quizás al delantero centro le falte aún un poco más de experiencia en ese nivel de competición. Le llaman el Messi iraní (¿qué selección no tiene su propio Messi?) y se le ha relacionado con equipos de la élite europea, incluso con el Liverpool, actual subcampeón de Europa. Un buen Mundial podría abrirle algunas puertas. La delantera suele completarla Karim Ansadifard, que tiene experiencia suficiente y fue el segundo máximo goleador en la liga griega. Juega en el Olympliakos y es titular habitual allí, lo cual es en sí una afirmación, pues es un equipo acostumbrado a competir por Europa.

Irán ganó a Marruecos en el partido marcado en rojo en su calendario. Solo esa victoria ya supone un éxito para el país, pero plantados en ese punto se puede pensar en más. Es muy difícil que supere a Portugal y a España, sus jugadores no tienen la calidad ni el fondo físico de sus rivales, los mejores jugadores se encuentran en un nivel medio-bajo europeo, todo lo contrario que la clase media de esos dos países, bregada en los campos más importantes del mundo. El salto de calidad debería ser demasiado para ellos, pero hay partidos en los que el grande cae y, si eso pasa, Irán estará en orden para hacerse fuerte.

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