la primera jornada refuerza a los de hierro

Nadie juega mejor que España (pero está igual que Messi)

La Selección dio contra Portugal una nota media alta, aunque aún espera que algunos jugadores se entonen. Las otras candidatas al título han tenido un inicio decepcionante, y eso sube la moral

Foto: La Selección celebra un gol. (Reuters)
La Selección celebra un gol. (Reuters)

Fueron pasando una a una las candidatas al Mundial, como si fuese el 'casting' de una película que busca el perfil adecuado, la mirada precisa, la sonrisa perfecta. Y el director se mesa la barba, frunce el ceño y no sabe bien qué hacer. Las que llegaban recomendadas como favoritas, o han perdido o han empatado, o las pocas que han ganado han dejado un mar de dudas a su espalda. Es un Mundial, de momento, de equipos a los que se les exige mucho y no dan el nivel que se espera de ellos. Los favoritos siguen siendo los mismos que antes, eso sí, porque es solo un partido lo que ha pasado y porque el aficionado siempre imagina que el talento, más pronto que tarde, termina abriéndose paso.

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Y en todo esto, ¿dónde queda España? Está, por supuesto, entre las favoritas previas al torneo. Con Brasil, Alemania, Argentina y Francia, fundamentalmente. La lista da como ganadores a los galos, pero ni siquiera ellos dieron un golpe en la mesa, se limitaron a ganar a Australia, una de las selecciones más débiles del campeonato, como la balsa a la que empuja la marea. Alemania se dio de bruces con México, una selección que planteó mejor el encuentro y tuvo recompensa. La pájara típica del campeón puede, en ocasiones, como bien sabe España, convertirse en una enfermedad mortal.

En cuanto a los empates, en un torneo corto tienen siempre lecturas variadas. Hoy, España y Messi —llamemos a Argentina por su nombre no oficial— tienen los mismos puntos en el casillero, pero difícilmente las sensaciones son equiparables. Lo que suena a desdicha para unos puede vale para los otros. Todo depende del contexto, pero también de las sensaciones del juego, el que vio los partidos de ambas selecciones hoy no puede durar que, entre los favoritos, España merece un lugar superior al de Argentina. Y eso que no ha sido, en absoluto, una semana fácil para la Selección.

España se plantó el viernes con un entrenador novísimo y ante el rival más fiero del grupo. El campeón de Europa, y el hecho de que sea Portugal no le quita mérito al conjunto. La Selección ganó contra un equipo que, probablemente, no será campeón, pero que tampoco cuesta imaginarlo en los cuartos de final o, incluso, haciendo una machada y plantándose en semifinales. Las opiniones sobre la conveniencia de enfrentarse a un buen equipo en el inicio son dispares, algunos piensan que los malos ratos mejor pasarlos pronto, otros que mejor ir de menos a más, tanto en el juego como en la competencia.

Nadie juega mejor que España (pero está igual que Messi)

Todo bien... menos parar a Cristiano

El caso es que el calendario no se elige y tocó un equipo que, como padeció España, tiene a Cristiano Ronaldo en nómina. Empató España, sí, contra un jugador que trasciende a su tiempo y sus equipos y que tiene entidad propia. Una estrella que hizo todo lo posible para dar a su equipo un lustre que sin él ni soñaría. Un futbolista que marcó tres goles en el primer partido del Mundial, que consiguió destacarse como la mayor estrella de la primera jornada del campeonato. Tampoco es que fuese muy difícil en estos días de fútbol anémico.

En ese encuentro, además de Cristiano Ronaldo, brilló España. La Selección llega a Rusia con la necesidad de sacudir la experiencias más recientes en grandes campeonatos. En Francia y en Brasil, los dos últimos hitos, el equipo fracasó, porque fue inferior a los demás y no encontró la manera de recordar a la Selección campeona de años anteriores. Los problemas fueron varios en aquellas ocasiones, pero quizás el más grande es que no se dotó de velocidad al estilo de toque que tiene España como guía futbolística básica. El equipo se volvió previsible y aburrido, muy frágil. El viernes, en Sochi, se vio una versión actualizada de lo de siempre, un equipo con vigor y que mueve el balón con alegría, capaz de generar ocasiones de gol. Y de marcarlos, que era una de las cuitas previas al gran torneo.

El gol final de Cristiano, de falta, no borra el pensamiento previo. España estaba siendo mejor, cómoda en el campo y propietaria del balón durante todo el encuentro. Hay un punto más que es negativo pero, en realidad, es también una puerta al optimismo, y es que unos cuantos jugadores de la Selección no dieron su mejor versión en el encuentro. El caso más claro es De Gea, por supuesto, pero tampoco Iniesta, Silva o Busquets dieron muestras de lo que son capaces. De ellos se espera que evolucionen durante el campeonato y le vayan dando al equipo más empaque todavía. Porque, en ocasiones, una mala actuación no es más que una promesa de mejora.

Además, el contexto. El empate de España tiene más valor cuando se ve a Alemania, Brasil o Argentina. Los germanos se vieron superados por México desde el primer minuto del encuentro. Tácticamente, físicamente e, incluso, técnicamente. La selección de Low tuvo mucho balón, pero se vio desbordada con las incesantes contras de la 'tri'. El seleccionador tampoco descubrió la manera de cambiar el discurso del partido con los cambios, y la mayor parte de los jugadores parecieron por debajo de su nivel.

Messi o el rostro de Argentina. (Reuters)
Messi o el rostro de Argentina. (Reuters)

Cuando Messi falla

No está mucho mejor el ánimo en Argentina, que ya empieza a barruntar otro descalabro. La realidad es que lo que se vio contra Islandia es un poco lo que se esperaba del equipo, con un solo cambio: Messi tampoco apareció. La caricatura de la selección sudamericana contempla un equipo disfuncional con una especie de dios griego salvando los partidos. Si este no aparece, todo lo demás es una empresa que no puede más que fracasar. Mirando poco a poco la lista argentina, salen otros nombres de jugadores notables, pero la nota general del equipo siempre se resume en lo que haga Messi. Y en el debut, no jugó bien y falló un penalti.

Brasil, que fue la última de las grandes en salir a escena, también decepcionó. Tiene fama de equipo rocoso, prácticamente una antítesis de lo que se viene a la mente cuando se piensa en ese país y en su fútbol. Es cierto que, a estas alturas, ya tendríamos que haber cambiado un poco los patrones, porque los dos últimos mundiales vencidos por la 'canarinha', 1994 y 2002, tuvieron un fútbol más contundente que creativo. Un empate contra Suiza sabe a poco y poco es. Tienen los argumentos a favor de que a Neymar le falta competición y, previsiblemente, la irá ganando por el camino, incluso que hubo ratos del encuentro en los que jugaron muy bien. Pero también ellos salieron con más dudas que certezas de su partido.

Francia sí ganó, lo cual es una alegría en sí misma. Pero si se desgrana el partido, tampoco es que haya motivos para sonreír. Ese medio del campo de Pogba, Tolisso y Kanté recuperará muchísimos balones, pero es improbable que después sepan qué hacer con ellos.

Con todo eso, España se ve ganadora. Porque sabe a lo que juega, porque en el inicio solo un sensacional Cristiano los apartó de la victoria. Incluso porque, como grupo, parece haber pasado con naturalidad lo que en ningún caso era natural. Que el técnico cambie a dos días de que empiece un Mundial es una situación extraordinaria que la Selección, aparentemente, ha sabido gestionar con madurez. Y por todo ello, por los bienes propios y los males ajenos, con el paso de los días se dibujan sonrisas en el entorno. Ganar esto es dificilísimo, la predicción cambia a diario porque a diario pasan cosas tajantes y con consecuencias. De momento, España sonríe, pero queda casi un mes de fútbol para decidir quién es el mejor del mundo.

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