españa aplasta a argentina por 6-1

Messi mira con envidia desde el palco cómo España domina el fútbol que él más disfruta

Argentina no tenía a su estrella, del mismo modo que no tiene casi nada de fútbol fuera del coloso. Todo lo contrario que los de Lopetegui, que demostraron una noche más estar preparados para todo

Foto: España celebra un gol. (Reuters)
España celebra un gol. (Reuters)

Ahora piensen un segundo en ese Leo Messi, en la grada del Wanda Metropolitano, probablemente dolorido por esa pequeña lesión que le ha dejado sin jugar estos dos partidos con Argentina. Messi, un indudable ganador, acostumbrado a jugar en el Barcelona, que es una estructura que juega bien al fútbol desde que él era un crío. Ese Messi, mirando cómo sus centrales se equivocan, sus porteros no paran, los laterales son mediocres y la circulación del balón es escasa por no decir nula. Su probable compañero en la delantera, Higuaín, fallando balones como solo él sabe hacerlo. Messi, una leyenda del fútbol que para ganar un Mundial va a tener que hacer siete milagros. Es cierto que alguno de sus mejores secundarios —Agüero, Di María— tampoco estuvieron en el amistoso. Pero la conclusión no cambia demasiado con las ausencias: Messi, ese hombre que mira cariacontecido desde la grada, va a necesitar mover placas tectónicas con sus pies para que este equipo mediocre se convierta en princesa.

Messi, ese jugador que mira desde arriba, intenta identificar lo positivo en sus compañeros y la vista se le pierde en los rivales. A muchos los conoce, lleva toda la vida jugando en España, en el Barcelona, que es una de esas máquinas que generan el fútbol casi sin darse cuenta. Justo como ocurre con la selección, el equipo que tiene el esférico y es capaz de moverlo de forma indefinida sin que el rival puede hacer nada más que perseguirlo de forma estéril. España 'burreó' a Argentina, la desquició, la sacó de foco. Demostró que, pase lo que pase en Rusia, es un equipo mucho más completo que el de Sampaoli: 6-1, una paliza, y ni siquiera fue la tarde más brillante de los de Lopetegui.

Contra Alemania, cuatro días antes, el equipo jugó mejor todavía. Fue solo un empate aquello, es cierto, porque los germanos sí son un equipo que juega como tal y son capaces de plantar cara a un equipo inmenso como es esta selección. Es cierto, soñar con un Mundial es peligroso, a nadie le dan el premio en la casilla de salida. Pero tan real como eso es el hecho de que un equipo que enamora y que tiene las cosas tan claras siempre es una mejor apuesta para una cita de este calado. A veces, como pasó con Grecia en aquella Eurocopa, gana el torneo un equipo que no juega muy bien al fútbol, pero lo normal es que el deporte recompense a los que lo saben interpretar.

Iago Aspas celebra su gol, el quinto de España. (Reuters)
Iago Aspas celebra su gol, el quinto de España. (Reuters)

Cuatro delanteros de élite

Incluso las gradas han ido aprendiendo eso con el camino. Cuando Iniesta se marchó del campo, se encontró un mar de aplausos y vítores. Es por su pasado, por supuesto, pero también por el increíble pase que unos minutos antes le había metido a Iago Aspas. Aquello terminó con un gol de Isco, uno de los tres del malagueño. Si España hubiese fallado hubiese sido una pena, porque no se debe desperdiciar el arte.

Aspas, como Rodrigo contra Alemania, no hizo más que poner en problemas a Lopetegui. El técnico llegó a la selección pensando en Diego Costa y en Morata, como es lógico. Los dos son los que más nombre tienen, los que cuentan millonadas y pueden ser considerados estrellas mundiales. Ahora, no le diga a los otros dos que el nombre da el puesto, porque no se lo van a creer. Si el otro día Rodrigo dio un recital de fútbol asociativo —gol incluido—, en este partido contra Argentina el vigués dio una lección de pundonor, desmarques y gol. En un equipo de menos toque, más vertical, él ejerció de boya, capaz de bajar balones, de encontrar compañeros, de tirar desmarques y, sí, de encontrar también su camino hasta la puerta.

Costa, que fue titular, también marcó, en parte porque era noche de goles. Su fútbol sigue chirriando un poco, porque no tiene un control del balón tan minucioso como el que despliegan todos sus compañeros. Su gol, en todo caso, demostró el tipo de jugador que es, que más que un delantero es una manada. Un balón perdido, largo, sin dueño, y él al quite, pegándose con el central, con el portero y también con una patrulla de la policía o un puesto de un mercadillo si es lo que se pone en medio. En eso es uno de los mejores del mundo y también tiene su cuota de efectividad. Es solo que en un cuarteto de cuerdas suena raro cuando se toca el bombo, pero esto no quiere decir que el bombo no pueda tener presencia en una buena melodía.

Y en medio de esta España, un híbrido entre la de siempre y otra a la que le gusta más el mambo, Isco sí se siente feliz. Marcó tres goles, de jugada, de oportunista, de compañía... Es un jugador de enormes recursos técnicos, entiende esta colectividad y la interpreta a su manera. Aunque se queje de falta de cariño en su equipo, él sabe bien que su puesto para Lopetegui está asegurado y que no importa demasiado si en el Madrid es protagonista o no. Casi mejor, pensará el seleccionador, así le llega fresco a Rusia.

Messi, en la grada. (EFE)
Messi, en la grada. (EFE)

Menos toque, una alternativa

A solo tres meses de que empiece el baile, todo está abierto a cambio. España puede tener lesionados, puede encontrar problemas, necesita que los jugadores lleguen en buena forma. Necesitará consistencia, regularidad y suerte, también suerte, que en el fútbol se ha visto de todo. Es cierto, son muchos los factores que se tienen que dar hasta ser campeón del mundo, pero el equipo de Lopetegui ha demostrado que tiene el básico: fútbol. Es un equipo de artistas comprometidos, de gente convencida de que todos juntos son mucho mejores. Uno a uno son jugadorazos, estrellas en sus equipos y gente con talento desbordante. Como colectivo, mucho mejores aún, y eso que esta vez, sin Silva y sin Busquets, el equipo fue menos canónico que otras veces. Es que ahora hay alternativa.

Los últimos minutos, el Metropolitano, que en algunos momentos de la primera parte pareció un campo argentino, se desquitó de todo a golpe de olé. Los jugadores españoles hacían un rondo al que sus rivales, desprovistos de Messi, solo podían responder con alguna patada que sobraba en el guion. Carácter lo llamarán, pero no es verdad, es un equipo desquiciado que cree que con agresividad mal entendida pueden resarcirse de lo ocurrido en ese campo. Como si les hubiese podido el físico y no el fútbol. Como si la distancia entre ambos conjuntos no fuese sideral.

Messi miraba desde la grada, cariacontecido, con miedo. O él o el fracaso. En Argentina no vale otra cosa que no sea ganar, que la afición allí es especialita. Si tuviesen que conformarse con el juego lo llevarían mucho más crudo, también es cierto. No es improbable que en algún momento se le pasase por la cabeza lo que sería jugar en el rival, ese equipo que toca el balón con dulzura y se divierte jugando. Un equipo que no tiene a Mascherano, ya poco hábil para el fútbol pero que sigue acudiendo a la llamada. O a un montón de medianías que no son más que piezas intercambiables de propio balón. Lo que sería jugar en esta España que juega como él sabe jugar, como el equipo en el que él ha jugado siempre.

Ficha técnica

6 - España: De Gea; Carvajal, Piqué (Azpilicueta, m.72), Sergio Ramos, Jordi Alba (Marcos Alonso, m.79); Koke, Thiago (Parejo, m.83), Iniesta (Saúl, m.56), Isco (Lucas Vázquez, m.76), Marco Asensio; y Diego Costa (Iago Aspas, 46).

1 - Argentina: Romero (Caballero, m.22); Bustos (Mercado, m.62), Tagliafico, Otamendi, Rojo, Macherano (Pavón, m.56), Biglia; Banega (Pablo Pérez, m.62), Meza, Lo Celso (Acuña, m.84) e Higuaín (Lautaro Martínez, m.59).

Goles: 1-0, m.12: Diego Costa. 2-0, m.27: Isco. 2-1, m.39: Otamendi. 3-1, m.52: Isco. 4-1, m.55: Thiago. 5-1, m.74: Aspas. 6-1, m.75: Isco.

Árbitro: Anthony Taylor (ING). Amonestó a Isco (68) y Ramos (88) por España; y a Tagliafico (68), Meza (82) y Pavón (89) por Argentina.

Incidencias: encuentro amistoso disputado en un Wanda Metropolitano lleno, ante 65.541 espectadores. Sergio Ramos recibió una camiseta conmemorativa por alcanzar 150 partidos como internacional absoluto. 

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