ha encontrado su espacio en LA SELECCIÓN

Diego Costa y el "balón fácil" cuando se quita el traje del Atlético y se pone el de España

El delantero necesita adaptar su juego radicalmente para jugar con La Roja. En la selección espera el balón que llegue, en el Atlético es el primero en defender y necesita moverse más y ser agresivo

Foto: Diego Costa, en un partido con España. (EFE)
Diego Costa, en un partido con España. (EFE)

Diego Costa pasaría mucho más por un personaje de 'Juego de Tronos' que por uno de 'The Crown', pero cuando llega a Las Rozas tiene que adaptarse. No hay Cholo Simeone pidiendo rabia, aquí el fútbol tiene mucho más de salón de té que de hordas hambrientas. Son modelos, estilos, maneras y él, de un modo u otro tiene que adaptarse. En ambos casos le distinguen como su ariete titular, probablemente porque es el mejor. Su carrera, con altibajos y a la que le costó despegar por las lesiones, ha llegado a ese punto en el que lucha por ser una estrella mundial. Y un nueve puro, que no es algo común en España. Cuando se tiene el poderío de Costa, lo normal es jugar. Ahora bien, hay que adaptarse. Tanto él como el propio equipo.

"En el equipo conoces más a los compañeros, entrenas con ellos. En la Selección entrenamos pocas veces y el estilo es diferente, aquí hay que estar esperando el balón que te puedan poner los extremos y estar tranquilo, porque en algún momento te va a aparecer un balón fácil para poder marcar", comenta el hispanobrasileño. En el Atlético le acompaña cualquier cosa menos la paciencia. Él es un delantero que se mueve, que se pega, que empieza a defender antes de que sus compañeros se hayan percatado de que su equipo ha perdido la bola. Además de tener olfato de gol y una buena cantidad de fútbol, Diego Costa es un esforzado trabajador. En la Selección no se le pide eso, él tiene que ser el punto terminal de un juego hilvanado en mil pases. En su caso, es improbable que participe en la creación, para eso hay más y mejores, pero si tiene una oportunidad su labor será meterla.

Diego Costa siempre está cerca de la polémica, por actos propios o por circunstancias. Cuando se nacionalizó hubo críticas de algunos, que no aceptan que alguien no nacido español termine en la selección. Ese punto hace que sus días malos sean peor considerados que los de otros compañeros. En todo caso, no es solo eso, con Costa también está la cuestión de su carácter y esa tendencia suya a estallar con facilidad. Y, en los últimos meses, el hecho de que era un futbolista que no podía jugar. Cuando fichó por el Atlético en septiembre sabía que no podría redebutar el equipo hasta enero, y eso tenía otra consecuencia lógica: dejar de contar temporalmente como opción para Lopetegui.

"Me dijo que si no tenía minutos era imposible que me llamase, pero también me dijo que si volvía a jugar bien tenía las puertas abiertas. Espero hacerlo lo mejor posible", expresaba el jugador en una conferencia de prensa que hizo junto a Dani Parejo. Volvió a jugar, a hacerlo bien y a reclamar su sitio. Por el camino, además, se cayó la que en principio era su mayor competencia por el puesto, que no es otro que Álvaro Morata. El delantero del Chelsea, su sucesor como ariete de los 'blues' no está en esta lista por el mismo motivo por el que Costa no acudía antes, ausencia de minutos.

Morata y Diego Costa, en un entrenamiento. (EFE)
Morata y Diego Costa, en un entrenamiento. (EFE)

"Echo de menos a Morata"

"Echo de menos a Morata, nos llevamos muy bien, en mi vida nada ha sido fácil, la dificultad me va bien. Morata es una gran persona, un grandísimo futbolista que lo está pasando un poco mal pero ha vuelto a marcar goles y le deseo lo mejor". Diego Costa, del que todos sus compañero suelen hablar maravillas, no quiere más que darle ánimos a alguien a quien considera su amigo. No importa que también sea alguien que le pueda quitar el puesto eventualmente.

Esa competencia podría suponerle presión a Costa, pero no es eso algo que vaya con él. "La presión, con él o sin él, es la misma, ser delantero de la Selección representa mucho", esgrime el de Lagarto. El reconoce lo que es ser señalado, también porque en sus primeros partidos con La Roja su acierto fue escaso de cara a gol. "Ahora me estoy adaptando mucho mejor, las cosas me están saliendo. Haré lo mejor que pueda dentro del campo, independientemente de si juego solo o no, aprovecharé lo que me toque". La pregunta le recordaba que en el Atlético juega con Griezmann, con dos delanteros por lo tanto, y eso es improbable en España, un equipo que prima la presencia de centrocampistas y que puebla la zona media como manera de entender el fútbol.

Aquellos días tenebrosos con la selección. El análisis es que no todos están hechos para triunfar en todas partes y que Costa era un hombre creado para el cholismo, no para el tiki-taka. Luego llegaron los goles, pero durante un tiempo ese fue el discurso dominante. Él lo capeó como pudo, solo y con ayuda de los compañeros. "Cuando eres un delantero y no marcas tienes presión, pero la felicidad la tengo siempre. Los compañeros me daban su apoyo, cuando venía aquí venía con ilusión de hacer goles y hacer lo mejor. La gente aquí siempre me trató de la mejor manera posible", narra el delantero.

El apoyo de Ramos

Los futbolistas, aunque sea solo por la vía de la práctica, terminan sabiendo bastante de fútbol. Son capaces de identificar el talento y en Costa lo hay, aunque no sea el que se estila en los pasillos de La Masía. En el proceso hasta convertirle en una pieza importante en la selección también actuó Sergio Ramos, el capitán. Hay cierto morbo, claro, porque uno es del Madrid y otro del Atlético. También porque salen de sus enfrentamientos magullados de tanto trote. Porque son raciales y peleones como los que más. Pero no solo se toleran, casi se podría decir que se gustan, encuentran el uno en el otro un perfil muy propio. "Sergio es un chico muy bueno, una buena persona, se lleva bien con todos, pero en el campo no hay amigos yo quiero ganar y él también, nos lo dejamos bien clarito". Lo han hablado, pero si no lo hubiesen hecho tampoco habría dudas, ver a los dos peleando por un balón es casi contemplar un documental de la sabana.

Costa, sonriente, quiere demostrar que es un crack internacional. En el Atlético se ha hecho respetar y, con su juego, también ha ayudado a que hoy en día los rojiblancos sean un club tenido en cuenta en Europa. Los grandes jugadores, sin embargo, suelen necesitar también cierto brillo con sus selecciones para dar un salto adelante en el imaginario colectivo. Los conceptos de Costa son conocidos, el gol, la rabia, el incansable trabajo, el esfuerzo que nunca se ahorra, si hay que golpearse, se golpea. Con todo eso se puede formar un 9 titular y brillar en el Mundial. Cosa suya y de Lopetegui será conseguirlo, por el momento sigue siendo una historia en construcción.

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