el barcelona puede echar más sal a la herida

El vestuario del Chelsea no aguanta a Conte y Diego Costa ya lo destapó

El Barcelona visita a un Chelsea que atraviesa momentos convulsos. La relación de Antonio Conte con el vestuario está rota. Igual que la dirigencia no aguanta al entrenador italiano

Foto: En la imagen, Antonio Conte y Diego Costa durante un partido de la pasada temporada. (EFE)
En la imagen, Antonio Conte y Diego Costa durante un partido de la pasada temporada. (EFE)

El Barcelona aterriza en la casa de un equipo que vive momentos de zozobra. El Chelsea actual nada tiene que ver con el que arrasó la pasada temporada en la Premier League. Antonio Conte fue pieza básica en el éxito, igual que ahora, más bien desde hace meses, se ha convertido en un polémico elemento que ha generado tal grado de tensión que el vestuario del equipo londinense puede explotar en cualquier momento. Las relaciones entre el entrenador italiano y los futbolistas están totalmente quebradas, igual que en la zona ejecutiva del poderoso club le han hecho la cruz al que manda a pie de campo.

Firmó un contrato de tres temporadas, pero la última no la cumplirá. El estricto método de Antonio Conte cuajó durante el primer año, pero en su segundo curso en Londres se empezó a tambalear muy pronto. Meticuloso al máximo, pendiente del más mínimo detalle, el desgaste es brutal y eso se percibe en la vida diaria del equipo. Los futbolistas aguantan porque la Champions League y la FA Cup les mantienen enchufados, pero no porque estén perfectamente fundidos con el que manda. Morata, Cesc y compañía sufren la convivencia diaria con un 'enfermo' del fútbol que les martiriza muchas veces.

Sí, los jugadores quieren ganar y entendieron el pasado ejercicio que el método del italiano era adecuado para volver a reinar en la Premier League. Los buenos resultados llegaron en cascada, lo que provocó que todos los jugadores remaran a una, pero ahora que se ha torcido la trayectoria —el Chelsea es cuarto en una Premier que tiene en el bolsillo el Manchester City de Pep Guardiola—, la vida diaria entre las dos partes es muy complicada.

Antonio Conte abraza a Álvaro Morata. (Reuters)
Antonio Conte abraza a Álvaro Morata. (Reuters)

El conflictivo mensaje

Diego Costa fue el primero en destapar de manera pública la honda fractura que existe entre la plantilla y el cuerpo técnico. Los periodistas que aguardaban al delantero del Atlético de Madrid tras el amistoso España-Colombia disputado en junio del año pasado se quedaron atónitos cuando el delantero anunció que “Antonio Conte me ha comunicado por mensaje que no sigo en el Chelsea y ya está”.

El episodio no fue el detonante para que la distancia entre el estratega italiano y el colectivo de futbolistas se hiciera más grande, simplemente fue un capítulo más. Lo único que hizo Diego Costa es poner encima de la mesa la cruda realidad. “Mi relación con el entrenador ha sido mala esta temporada. Supongo que habré hecho una mala campaña como para no seguir...”, sentenció el ahora rojiblanco, que ejerció de ariete para descubrir que ni él ni sus ya ex compañeros aguantan al jefe.

Por el momento ha resistido en el cargo porque los jugadores no han inclinado el dedo pulgar hacia abajo, como sí hicieron con Mourinho en su momento. Un escenario similar, porque el Chelsea ganó la Premier League en el 2015, pero meses después era despedido de manera fulminante el portugués. A finales de aquel año, el polémico estratega se quedaba en el paro. El ahora entrenador del Manchester United tuvo detalles que según los jugadores no se podían aguantar y en este caso sentenciaron al portugués sin miramientos. Abramovich no tuvo más remedio que cortar por lo sano, lo que por el momento no ha hecho con Antonio Conte.

Marina Granovskaia

Si en el verde, en el trabajo diario, la situación es insostenible, peor es si cabe la relación de Antonio Conte con los que mandan. En especial con Marina Granovskaia, la directora ejecutiva del Chelsea, la que maneja a diario todos los asuntos del club y persona muy cercana al propietario. Roman Abramovich depositó en esta dura e implacable directiva toda su confianza y también ha tenido serios encontronazos con el técnico. También en las oficinas la tensión crece, lugares en los que se trabaja en contratar al próximo inquilino del banquillo.

Conte y Granovskaia chocaron con virulencia más de una vez, con la política de ventas y fichajes como cuestión capital y clave para entender sus malas relaciones. La convivencia entre ambos, de fuerte carácter, es imposible. Ejemplo de la tirante situación fue la marcha del club de un histórico ejecutivo; Michael Emenalo, tras más de 10 años en el Chelsea, optó por hacer las maletas para iniciar una nueva etapa como director deportivo en el Mónaco, sustituyendo de esta manera al español Antonio Cordón, ahora embarcado en otro proyecto.

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