empate en dusseldorf contra la campeona mundial

La España del toque, la España mejor (aunque ahora hay alternativa)

Un amistoso contra Alemania es la última prueba de que la selección sublima el fútbol de toque y es capaz de marear a cualquier rival, incluso al más avezado. En la segunda parte cambió el estilo

Foto: Iniesta y Rodrigo celebran el gol de España. (Reuters)
Iniesta y Rodrigo celebran el gol de España. (Reuters)

Silva, Thiago, Iniesta, Koke, Alba, Carvajal, Rodrigo y, con matices, Isco. En la primera parte el balón corría como la pólvora entre los tocones españoles. Tic-tac, tic-tac. No, no es Pablo Iglesias anunciando la revolución, es el fútbol que hizo a España campeona. Tic-tac, tic-tac. No, Alemania lo intenta, pero no puede robar la bola. Tic-tac, tic-tac. Parece que llevan toda la vida jugando así.

Claro, es que llevan toda la vida jugando así.

La versión A de la selección española es, primero, una alegría para la vista. Esa capacidad casi infinita de tocar el balón rápido, de sobrepasar las líneas enemigas con un poco de astucia, es maravillosa. Hubo varios momentos en los que este equipo sublimó ese juego. Puntos en los que cinco jugadores se ponían en la esquina, rodeados de alemanes -que eran alemanes, no un equipo de barrio- y salían indemnes, encontrando siempre los espacios. Este fútbol es de Guardiola, de Cruyff y de la imperial España que ganó dos Eurocopas y un Mundial. En este listado, tan de entrenadores, no se ha hablado de los artistas, de los que pintan el lienzo.

Andrés Iniesta Luján, así se llama aquel jugador que marcó el gol más importante de la historia de un país, un derechazo que paró los rechazos y provocó millones de gritos, porque el fútbol tiene esas cosas. Tendrá 34 años en el Mundial y ya no es un niño. Su carrera tampoco ha sido del todo lineal, no siempre ha sido excelente, es un ser humano, no como su compañero Messi. Ha dudado, ha ganado, ha perdido, ha tenido meses en los que no era él. El pasado año, sin ir más lejos, parecía algo perdido y en decadencia. Quizá era cosa de Luis Enrique.

Da igual, ahora ha reaparecido, es de nuevo Iniesta. Sigue siendo un gusto para los sentidos, con esa capacidad de ver el pase que nadie ha visto, de delinear los pases que parecen fáciles pero no lo son. Iniesta tiene el fútbol en la cabeza y la precisión de un ingeniero haciendo un puente colgante. Este texto empieza con él como protagonista porque, con todo lo que se especula, ya es claro que no quedará mucho más de él en el fútbol. Mientras tanto hay que disfrutarle, amistosos incluidos.

Silva, rodeado de alemanes. (EFE)
Silva, rodeado de alemanes. (EFE)

Pensar antes de que llegue el balón

El resto de los artistas de ese equipo A, de la España original, son de la misma estirpe. Silva, por ejemplo, parece siempre más feliz en la selección que en cualquier otro sitio. Tiene un punto de entendimiento con el entorno máximo. Es normal, él mismo es uno de esos jugadores que entiende el fútbol de toque y lo juega con extrema velocidad. Porque dar un pase no es tan difícil, pero predecirlo como si lo hubiese leído en los posos del café es otra cosa diferente. Sumen a esto a Thiago, a Jordi Alba, a Carvajal... Y a Rodrigo, que de nuevo reivindicó un puesto en Rusia. En ocasiones estar en Valencia te hace estar algo fuera de foco, pero no debería ser así. Es fantástico, muy útil en el esquema porque tiene gol, pero sobre todo tiene fútbol y es capaz de poner un nodo más en el esquema.

No es Isco exactamente lo mismo. El malagueño es más lento y, sobre todo, más egoísta. Tiene mucho fútbol, pero de otro estilo. Controla, le gusta conducir, levantar la cabeza y solo entregar el esférico cuando ya lo ha sobado un poco. Es excelente, es diferente. Y eso es un arma de doble filo, pues de algún modo le puede dar alternativas a un equipo que en determinadas circunstancias puede volverse monótono, pero también de algún modo detiene el ritmo vertiginoso al que tiene que ejecutar la melodía un equipo así concebido. Cuando él entra en juego desaparecen las semicorcheas y las redondas se apoderan del pentagrama.

Todo esto delante de Alemania. Sí, un amistoso, pero en Dusseldorf. Palabras mayores, porque son los campeones del mundo, pero es cierto que España tiene derecho a mirarles con una mirada menos severa. Al fin y al cabo, ellos enseñaron el camino e inventaron la teórica que también los teutones interpretan. Admiración, sí, pero la que tiene el maestro al alumno aventajado, que no es exactamente la misma que esa que profesa quien se sienta a observar en la platea y no sería capaz de emular eso ni en dos eras geológicas. Ambos equipos aparecen, por descontado, en el ramillete de favoritos para ser campeones de nuevo. Son los garantes de un modo de ver el fútbol contra la rocosa Francia, la pétrea Brasil y lo que quiera que sea Argentina. No se le pone a la albiceleste adjetivo, porque en castellano no hay palabra que explique que la única característica apreciable de un equipo es tener a Messi. Que no es poco.

Costa pelea por un balón. (EFE)
Costa pelea por un balón. (EFE)

La versión B, más gol y menos hilo de seda

Esa es la primera España, pero el tiempo y este partido han demostrados que no es el único modo que sabe interpretar la selección. Puede ser héroe, pero si hay que hacer un gran villano también puede formar parte del repertorio. Lucas Vázquez, Marco Asensio, el propio Isco, Saúl y también Koke. Diego Costa, por supuesto. Miembros valiosos del conjunto, pero otro rollo. Donde antes el toque impregnaba todo aquí se ve potencia, velocidad y contundencia. Son todos jugadores capaces de coger el balón e irse del desmarque. Varios de ellos son piezas claves para Simeone en el Atlético, y no hace falta decir mucho más sobre eso cuando se habla de estilo.

Las dos Españas en lo que es, en sí misma, la última evolución de España. Este país quiere tanto al fútbol que es capaz de hacer dos selecciones y que ambas sean competitivas. La segunda es algo menos atractiva, pero igual tiene más gol, que no es una cuestión secundaria en esto del fútbol. Porque Asensio desencadenado o Costa son jugadores más productivos en ese sentido que los teóricos titulares, también porque los primeros a veces pecan de cierto manierismo y se olvidan de que el fin último de esto es abrazar a tu compañero después de cada gol y que para eso hay que tirar obligatoriamente a puerta.

Es pronto para proclamarse favorito, pero siempre fue mejor ir al Mundial con fe que con sombras. Este equipo tendrá que pasar una jungla para repetir lo inimaginable, pero tiene las armas suficientes para intentarlo con ciertas garantías. Un amistoso en Dusseldorf un día perdido de marzo no es prácticamente nada, aunque sea contra Alemania. Nadie recordará en el futuro este encuentro, pero que así sea no borra los síntomas positivos. El empate a uno no es un resultado de real importancia. Rodrigo marcó tras un excelente pase de Iniesta. Müller respondió con un golazo de bandera desde fuera del área. Alemania inquietó en ocasiones, pero ahí estuvo De Gea. España se quedó aún más tiempo con el balón, haciendo correr a un conjunto de campeones detrás de unos chicos que tocan el balón como Picasso pintaba.

Ficha técnica

1 - Alemania: Ter Stegen; Kimmich, Boateng, Hummels, Hector; Khedira (Gündogan, m.53), Kroos, Draxler (Sané, m.68), Özil; Müller (Goretzka, m.80) y Werner (Mario Gomez, m.84).

1 - España: De Gea; Carvajal, Piqué (Nacho, m.51), Sergio Ramos, Jordi Alba; Koke, Thiago (Rodri, m.81), Iniesta (Saúl, m.46), Isco (Marco Asensio, m.59), Silva (Lucas Vázquez, m.71); y Rodrigo (Diego Costa, m.66).

Goles: 0-1, m.6: Rodrigo. 1-1, m.35: Müller.

Árbitro: William Collum (Escocia). No amonestó a ningún jugador.

Incidencias: encuentro amistoso disputado en el estadio Espirit Arena, completamente lleno, con 50.653 espectadores en las gradas. El estadio cerró su techo para rebajar el frío. España lució brazalete negro por el fallecimiento de un hijo de Santi Cañizares. 

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