coutinho vuelve a estar en el candelero

La duda por Messi y el miedo del Barcelona a que esta liga no esté todavía terminada

Messi sigue renqueante, pero entró en la convocatoria. Su presencia cambia a un equipo que tampoco contará con Arthur ni Jordi Alba. Tropezar puede dar pie a abrir la puerta del campeonato

Foto: Messi se duele en el partido contra el Madrid. (EFE)
Messi se duele en el partido contra el Madrid. (EFE)

Cuando Messi está bien, Messi juega. Esta ha sido la doctrina de la última década del Barcelona, algo para lo que tampoco es necesario un posgrado futbolístico. Si el bueno está, el bueno sale al campo. El problema, por supuesto, es que en lo físico también existen grises y en ese momento el argentino ni está ni deja de estar, tiene problemas musculares, pero no lo suficientemente graves para borrarlo de una lista un día antes de un partido. Todo queda, por lo tanto, para el último momento. Y también, de algún modo, para la improvisación.

Porque Valverde ni confirma ni desmiente. Le pasa como en la Copa, que no estaba del todo y eso llevó a una decisión salomónica, que no jugase de inicio pero que sí tuviese un rato de exposición. El poco tiempo que estuvo en el campo no cambió los acontecimientos: el clásico terminó empatado y Messi ha tenido mejores tardes. Unos días después, la duda es la misma, si está bien o no y si merece la pena forzarle un poco o no.

El partido contra el Athletic es, en palabras de Valverde, uno de los más duros que quedan en la temporada. El Barcelona ha sido, al menos hasta febrero, el equipo más regular del campeonato. Regular, que no brillante, pero suficiente para ponerse líder con cierta comodidad. Ahora bien, el Real Madrid ahora sí parece a buen tono, y es posible que no sea suficiente con lo visto hasta ahora. Un tropiezo puede hacerlo más grave para el Barcelona, que es poner nervioso a un equipo que se sentía confiado y darle algo de vidilla a una competición que parecía sentenciada. Para el Madrid sigue siendo una empresa complicadísima y en manos de los azulgranas está el desenlace de esta liga, pero esta jornada podría llegar a ser un punto de inflexión.

La duda de Messi bien podría ponerse con mayúsculas, negritas y luces de neón, pero no es la única que acompaña a Valverde en estos momentos. La visita a Bilbao tendrá que ser sin Jordi Alba, que está sancionado por acumulación de amarillas. El lateral izquierdo es un jugador importante en el sistema, en la salida del balón y en el éxito de los delanteros. Pasará el Barcelona de tener uno de los mejores carrileros del mundo, quizá el mejor, a tener que situar ahí a un jugador a pierna cambiada y con mucho menos conocimiento del oficio. Semedo y Sergi Roberto se repartirán las bandas. Ninguno de los dos es estelar en esta constelación, menos todavía si tienen que hacerlo a banda cambiada. Es solo un partido, es verdad, pero suena a partido importante.

El síndome Coutinho

Hay otra ausencia a la que el Barcelona se tendrá que acostumbrar, la de Arthur. El brasileño es uno de esos extaños casos que, desde el principio, han entendido cuál era la exigencia y se ha adaptado a ella a la perfección. No es sencillo ser mediocampista en el Barcelona, un equipo con unos estándares altísimos y un estilo muy definido en el que no todos cuadran. Es verdad que con Valverde el estilo se ha simplificado; antes era solo un universo de pase corto y al primer toque, ahora los bordes están difuminados y aceptan jugadores como Arturo Vidal. Pero, a pesar de ser cierto eso, Arthur da la sensación de que podría pertenecer también a ese modelo más exigente. Un mes de baja en un equipo que se había acostumbrado a ser más fluido gracias a él. Y con algunos suplentes que probablemente no estén a su altura.

También está tierno Dembélé, un caso similar a Messi. No estuvo en el clásico del miércoles, mezclando una gripe con dolores en el tobillo. Hay algo realmente curioso aquí, y es que se le echa de menos. Es el mismo jugador que al principio de temporada parecía el centro de todos los males del Barcelona. Con el tiempo se dieron cuenta de que es un buen futbolista, a veces sensacional incluso, y que comete pecados de jugador, pero en el cómputo global da más que quita.

Algo que no parece que se pueda decir de Coutinho, que cada semana que pasa más parece uno de los culpables que de las soluciones. No está de más recordar, aprovechando la baja de Arthur, que en su momento se valoró al brasileño como recambio posible de Iniesta. Las compras siempre son bonitas. No se conoce directiva que, al presentar a un jugador, empiece su discurso con un "psssee" ni entorno que no glose al nuevo como héroe griego. Así que Coutinho, al aterrizar en Barcelona, parecía un dios moderno del fútbol que igual te organizaba un equipo que te descosía una defensa. En su caso, además, tenía la prima de elogio propia de los que tienen que tapar la salida de Neymar.

Con esas piezas, que no son pocas, Valverde va haciendo. ¿Será suficiente para Bilbao? ¿Para la Liga? ¿Para la Champions? Todo, en mayor o menor medida, se resuelve desde la primera de todas las dudas, la que lleva años mediatizando lo que pasa en Barcelona: ¿cómo está Messi?

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