Real Madrid: El vicio de Sergio Ramos con los penaltis y la pasividad de Benzema
falló uno y marcó otro a lo panenka

El vicio de Sergio Ramos con los penaltis y la pasividad de Benzema

Falló un penalti y marcó otro. Sergio Ramos tuvo el vicio de pedirse los penaltis en un partido ante el Sevilla donde Benzema volvió a mostrar que está negado de cara al gol

Foto: Sergio Ramos en el lanzamiento del penalti que falla en el Sánchez Pizjuán. (EFE)
Sergio Ramos en el lanzamiento del penalti que falla en el Sánchez Pizjuán. (EFE)

Sergio Ramos tiene sus vicios, para bien y para mal, en los partidos que se siente el salvador del equipo y el que jugó ante el Sevilla en el Sánchez Pizjuán (3-2) es uno de esos en los que refleja la personalidad acaparadora que le hace distinto. No estaban en el campo ni Cristiano Ronaldo, Bale y otros futbolistas claves (Modric, Isco, Marcelo y Kroos) y el sevillano se tomó la cita como un acto heróico en una noche de descomposición del resto de sus compañeros porque es difícil salvar alguno. Quizás a Borja Mayoral, que jugó poco, y tuvo el acierto de marcar el primer gol.

La imagen del Madrid en la primera parte fue bochornosa y Sergio Ramos, al que le hierve la sangre cuando pisa tierra sevillana y se envalentona cuando juega en el Sánchez Pizjuán, decidió que él tenía que sacar del ridículo al equipo. Ese coraje que demuestra para momentos de dificultad y en los que es el mejor apelando a la épica lo confundió con vicios desde el punto de penalti. Falló el primero y marcó el segundo. Pero erró el más importante. El que lanzó en el minuto 57 cuando quedaba más de media hora por delante para seguir con la remontada. El partido se podía haber puesto 2-1. Lo tiró con esa excesiva manía de buscar el lanzamiento a lo Panenka y acabó pegándole arriba para mandar la pelota al larguero. Una ocasión desaprovechada. Luego tuvo la mala suerte de marcarse en propia puerta el 3-0. Pero como no deja de intentarlo y es un 'cabezota' tuvo un segundo penalti que, esta vez sí, ejecutó con más perfección a lo Panenka.

Nadie le puede quitar el mérito al atrevimiento y la personalidad que le pone en encuentros complicados y situaciones adversas. Pero lo primero que se le pide a Sergio Ramos y sus compañeros de zaga es defender bien. Esto no lo hizo el Real Madrid en el Sánchez Pizjuán. Sobre todo en la primera parte donde dio demasiadas facilidades a Ben Yedder y los atacantes del equipo hispalense. Le faltó liderazgo a Sergio Ramos atrás y lo quiso arreglar yéndose al ataque desesperadamente y pidiendo lanzar los penaltis. Dio la sensación que necesitaba marcar como fuera y tomarse esa venganza contra el sector de aficionados del Sevilla que no le perdonan que se fuera al Real Madrid. Quizás por eso tuvo ansiedad, le faltó más acierto y precisión en el primer lanzamiento de penalti que falló. En el gol del penalti que sí marca ya estaba el partido en el descuento y decidió pedir perdón al resto del estadio en un gesto de paz.

La cara mala de Benzema

No se le puede echar toda la culpa a Sergio Ramos de otra derrota del Real Madrid en la Liga y un partido malo en defensa porque el resto de compañeros se tomaron el compromiso sin la tensión que exige Zidane, que es el primero en pedir que hay que acabar el campeonato con dignidad. Se confirma que esta temporada no hay un Real Madrid B de garantías como el de la pasada temporada fue clave para que se consiguiera el título. Este es el gran problema que hace que el equipo blanco esté hoy a 18 puntos del Barcelona. Contra el Sevilla volvieron a defraudar Kiko Casilla, Theo, Vallejo y Ceballos como componentes de la segunda unidad. Pero lo más grave es que titulares como Lucas Vázquez, Casemiro, Asensio, Kovacic y, sobre todo, Benzema estuvieron pasivos y desconectados. Un equipo sin alma. Y esto es lo que le molestó a Sergio Ramos porque duele ir perdiendo, con mala imagen y más ante sus paisanos. Ramos se enrabietó y quiso ganar el partido él solito, algo que es imposible cuando no tienes a Cristiano Ronaldo, por ejemplo, en el campo. Benzema tuvo otra de esos partidos en los que estuvo negado de cara al gol, sin crear ocasiones ni llevar peligro con lo que Ramos asumió más funciones y decidió irse al ataque en muchas fases de la segunda parte.

Lo que está claro es que Sergio Ramos, con sus vicios y defectos, tuvo vergüenza entre tanto pasotismo y mediocridad de sus compañeros. Si hay un partido que no puede perder es el que se juega en el Sánchez Pizjuán porque considera que es su casa y no se le puede ni pitar ni insultar. Tiene mucho orgullo. La temporada pasada ya tuvo un rifirrafe con la grada del fondo sur cuando marcó un penalti en la Copa del Rey, a lo Panenka, y se le recriminó con gestos a los que le pitaron. En esta ocasión no hubo venganza, pero sí tuvo vergüenza.

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