La Eurocopa arrancó entre huelgas, atascos, simulacros de bomba... y fútbol
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fuertes medidas de seguridad en saint-denis

La Eurocopa arrancó entre huelgas, atascos, simulacros de bomba... y fútbol

París fue tomada desde primera hora de la mañana por las fuerzas de seguridad. Los 80.000 aficionados que acudieron al Stade de France se armaron de paciencia para superar hasta tres cacheos

Quien aterrizara este viernes en París debió sentir algo parecido a lo que uno experimenta cuando camina por las calles de Bagdad o Kabul. La capital francesa fue tomada literalmente desde primera hora de la mañana por las diferentes fuerzas de seguridad movilizadas para proteger a la ciudadanía y a sus cientos de miles de visitantes de la amenaza terrorista islámica que se cierne sobre el país organizador de la Eurocopa. De la noche a la mañana (concretamente a las ocho), la urbe con más glamour del planeta se pobló de controles y calles bloqueadas en sus puntos más calientes (Fan Zone, Torre Eiffel, Trocadero, Plaza de la Concordia, Campos Elíseos…) que dificultaron enormemente la movilidad del personal, en especial la de todos aquellos aficionados que habían adquirido una localidad para ver por la noche en el Stade de France la puesta de largo de Les Bleus en su torneo.

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Tirar de coche para desplazarse a Saint-Denis era poco menos que un suicidio. Aun así, numerosos aficionados locales decidieron arriesgarse por temor a que la huelga de conductores de trenes, anunciada por el sindicato de trabajadores de la SNCF, redujera al mínimo la circulación de las dos líneas de cercanías (RER B y D) que pasan junto al coliseo galo una vez concluyera el choque. Craso error: los exhaustivos controles policiales en los accesos a los diferentes aparcamientos habilitados en los alrededores del estadio acabaron provocando un atasco kilométrico en la salida correspondiente del ‘Periferique’ (la M-30 parisina).

La línea 13 de metro, cuya parada en Porte de Saint-Denis queda un pelín más alejada del estadio nacional francés, se acabó convirtiendo en la tabla de salvación de un buen pellizco de seguidores, sobre todo los rumanos, cuya presencia masiva por las arterias principales de la capital desde media mañana puso algo de colorido a una jornada que parecía de todo menos festiva. A ello contribuyó un trío de pintores polacos que decidieron venirse desde su natal Katowice para alegrar los rostros de infinidad de seguidores con sus pinceles. Karol, Andrej y Maciej confiaban en que los euros que se iban a sacar les alcance para ver el próximo día 16 en el Parque de los Príncipes a su selección jugarse la primera plaza del grupo C con Alemania. Me da que tendrán que pintarle la jeta a algún reventa…

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Superados los diferentes obstáculos para llegar de una pieza y con ganas de darse un empacho de fútbol a Saint-Denis, restaba el tramite más coñazo de todos: los controles de seguridad en el perímetro y accesos al escenario del duelo inaugural. Para alcanzar el ‘paraíso’ de la grada, los 80.000 aficionados que abarrotaron el estadio en el que Zidane regaló a los suyos el Mundial del 98 se armaron de paciencia para superar hasta tres cacheos policiales. Y eso sin contar la ración extra que se zamparon los que, obedeciendo los consejos de las autoridades de que llegaran prontito para evitar aglomeraciones, se encontraron con las puertas cerradas a cal y canto. Cuando abrieron, a las 18:00 horas, la fila para atravesar el primer perímetro daba ya una vuelta olímpica.

La prensa, por aquello de que tenemos enchufe, pudimos colarnos mucho antes, aunque eso no nos libró de un desalojo ‘a traición’ en plena sobremesa. Varios agentes de la gendarmería gala aparecieron de la nada armados con sus mastines y nos obligaron a salir a toda mecha de nuestra sala de trabajo. Un cuarto de hora después nos dieron luz verde para volver. “No pasa nada. Ha sido un simulacro”, nos espetaron. ¡Vaya día eligieron para semejante ejercicio!

La ceremonia de apertura del torneo, con una colorida interpretación del decimonónico ‘Can-Can’, las mezclas de David Guetta, la rubia melena de la cantante Zara Larsson pero, por encima de todo, la emotiva interpretación a capela de La Marsellesa compensó el Everest que supuso para la gran mayoría ocupar su asiento. Lo raro, después de todo, fue ver rodar la pelota y a franceses y rumanos peleando en buena lid por domeñarla. La esencia de una fiesta que, por suerte, acabó maniatando a la psicosis colectiva para dar rienda suelta a la pasión por el balompié en su formato clásico.

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