El Chelsea castiga al Real Madrid, pero no lo 'expulsa' de la Champions (1-1)
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El Chelsea castiga al Real Madrid, pero no lo 'expulsa' de la Champions (1-1)

El Real Madrid saca un valioso empate en el partido de ida de semifinales después de ser arrollado por el Chelsea en la primera parte. Courtois y Benzema evitan daños mayores

placeholder Foto: Benzema celebra el gol contra el Chelsea. (EFE)
Benzema celebra el gol contra el Chelsea. (EFE)

Todavía hay esperanzas, para los morbosos, de ver al Real Madrid en la final de Estambul y quién sabe si Aleksander Ceferin tendrá que compartir palco con Florentino Pérez. El Real Madrid está vivo en las semifinales después de sufrir un castigo severo del Chelsea en la primera parte. Resistió y logró equilibrar el partido con otro paradón de Courtois y una genialidad de Benzema para hacer el gol del empate. De una primera parte horrible del equipo de Zidane se pasó a una segunda parte en la que no pasaron grandes cosas. Los dos se conformaron con el resultado y queda todo abierto para Stamford Bridge.

Con solo dos jugadores (Courtois y Benzema) el Real Madrid consiguió no irse goleado al descanso. El portero y el delantero hacen todo lo que pueden, pero con esto no es suficiente para plantarle cara a un equipo que tiene un nivel físico arrollador. El Chelsea salió a morder desde el pitido. Eran lobos contra ovejas. Los jugadores del Real Madrid estaban superados, digamos que impresionados, por la salida en estampida del equipo de Thomas Tuchel. Lo que propuso el técnico del Chelsea fue paralizar el corazón del Real Madrid. Con esa entrada al campo, a ese ritmo alto, velocidad y agresividad no había manera de que Kroos y Modric entraran en el juego. Tampoco Casemiro. Si el centro del campo del Madrid no late, el juego se para. Era un Real Madrid golpeado, moribundo.

Foto: Aleksander Ceferin durante un congreso de la UEFA. (Reuters)

En esta fase en modo rodillo llegó la primera ocasión de peligro del equipo inglés. Una dejada de Mount a Werner y una salida con las piernas estiradas de Courtois para despejar el balón con un pie. El portero evitó el gol en unos diez primeros minutos arrolladores del Chelsea. El Madrid no estaba, no aparecía nadie capaz de hacer progresar el juego, de dar una voz para hacer compacto el bloque. Los tres defensas (Militao, Nacho y Varane) eran flanes. Los dos laterales (Marcelo y Carvajal) no cerraban los espacios, no llegaban a las coberturas. La defensa de cinco que puso Zidane estaba siendo destrozada.

Kroos y Modric anulados

El Madrid hizo añicos con un centro en largo de Rudiger que cogió desprevenida a los defensas. Pulisic les ganó la espalda, se fue por velocidad, Courtois salió a achicar, los frenó, el estadounidense regateó al portero y definió sin oposición. Ni Varane ni Nacho, nadie, llegaron a estorbar y tapar. Solo era el minuto 14 y el Madrid ya sangraba. En defensa faltaba más carácter, liderazgo, algo con lo que hacerse fuerte e imponer el dominio. Días como estos es cuando se echa de menos la raza de Sergio Ramos. Courtois no podía con todo. Los jugadores del Chelsea, con la velocidad de Kanté, la clase de Mount y los desmarques de Pulisic y Werner eran imparables.

Casemiro, Kroos y Modric estaban incómodos. Anulados. Ninguno de ellos encontraba la manera de hacer daño. Todo era frágil en la estructura del Real Madrid hasta que apareció Benzema con una jugada personal para enviar un disparo al poste. Era un aviso. Un alivio, en el 22’, para un equipo que necesitaba quitarse las angustias. Cuatro minutos después llegó la jugada del empate. Una falta que prolongó Casemiro de cabeza, tocó Militao también de cabeza hacia atrás y controló, de cabeza, Benzema para acomodar el balón y marcar en un escorzo. Una genialidad del ‘9’ del Madrid. Un salvavidas para igualar un partido que tenía todos los ingredientes de tragedia para el Madrid.

Lo mejor para el equipo de Zidane fue llegar con el empate al descanso. Gracias a Courtois y Benzema. Con un par de jugadores resistió el Real Madrid un chaparrón de juego del equipo de Tuchel. El Chelsea le dio un repaso, con aguacero incluido, con la superioridad física, la verticalidad del juego y la movilidad de unos jugadores hambrientos y contundentes. En la grada se escuchaban los gritos de aliento de Sergio Ramos a los compañeros para que tiraran de carácter, corazón o lo que fuera para aguantar el palizón.

La segunda parte, conformismo

El Real Madrid recuperó el latido de los centrocampistas pasados los 55 minutos del partido. Por fin aparecían Modric y Kroos para asociarse con el resto de jugadores, mover la pelota y frenar el ímpetu del Chelsea. Es lo que necesitaba el equipo. Tener la pelota y recuperar la seguridad. Mejoró el equipo de Zidane en el orden defensivo. Probablemente fueron las instrucciones del entrenador en el descanso. Había que estar más juntos y ser sólidos. Entró más entonado al segundo tiempo y aplacó la agresividad del equipo inglés.

Con media hora por delante ya parecía que el Real Madrid no estaba con el agua al cuello. Sacó la cabeza. Se estiró y buscó la manera de generar acciones ofensivas por el costado de Vinícius. No estaba preciso el brasileño, pero intentaba encarar a Azpilicueta, provocar la acción con la que desequilibrar. Benzema no podía con todo. Necesita refuerzos y más esfuerzos. Vinícius tenía una tarjeta amarilla, rigurosa, de la primera parte, y Zidane decidió quitarle, en el 65’, para dar entrada a Eden Hazard. Benzema y Hazard juntos en el campo podía ser una amenaza. No acabaron ninguna jugada.

El Real Madrid tenía menos gasolina, pero consiguió igualar el partido haciendo sobreesfuerzos y subiendo el rendimiento colectivo e individual. Es el carácter que define a este equipo que, cuando parece herido de muerte, si no lo rematas se crece en la Champions. Militao fue de los destacados en esta segunda parte. Llegaba con velocidad a los balones divididos, taponaba. Estaba omnipresente. Iba al suelo a todos los cortes. Varane sufrió más, pero mejoró.

Zidane refrescó al equipo con Odriozola por Carvajal y Marco Asensio por Marcelo a falta de un cuarto de hora para el final. El Chelsea bajó. Perdió la energía arrolladora del primer tiempo y el Madrid con Asensio ganó un centrocampista más para tener la pelota. El plan de Zidane era tener controlado el partido con la posesión. El plan de Tuchel pasó por todo el peligro que generó Kanté. Descomunal la repetición de esfuerzos del pequeño centrocampista francés, que puso en jaque al Real Madrid.

La segunda parte no tuvo nada que ver con la primera. La mejor ocasión del partido fue una carambola. Varane remató de cabeza, pegó en Chilwell y el balón pasó cerca del poste de Mendy. El Chelsea no dio bocados y el Real Madrid eligió no cometer errores para irse con la eliminatoria abierta a Londres.

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