hecatombe en anfield

El día en que el Barcelona dio vergüenza

Si la temporada pasada la eliminación contra la Roma en cuartos de final fue una humillación, ahora ante el Liverpool es una vergüenza que ningún culé podrá olvidar

Foto: La tristeza de los aficionados del FC Barcelona en Anfield. (Reuters)
La tristeza de los aficionados del FC Barcelona en Anfield. (Reuters)

Cuando todo, absolutamente todo, se explica por un tal Leo Messi, el día que no aparece se cae el telón y fundido a negro. En el descuento, con el 4-0 en el marcador y soñando con el milagro, el argentino perdió un balón dividido con Fabinho y hasta le hizo falta. Era la puntilla del Barcelona, no había ninguna esperanza. Si la temporada pasada la eliminación contra la Roma fue una humillación, ahora ante el Liverpool es una vergüenza que ningún culé podrá olvidar. Una noche terrorífica en la que ni juego, ni estilo, ni pegada, ni carácter, ni personalidad, ni concentración ni nada. Nada de nada. El gol de Origi en el 79’ a la salida de un córner que Alexander-Arnold botó rápido mientras el Barça estaba pensando en vaya usted a saber qué quedará para siempre en las pesadillas de los barcelonistas.

Como en el cuento de ‘El traje nuevo del emperador’ de Hans Christian Andersen, hacía tiempo que el Barça se miraba viéndose guapísimo cuando Messi era el principio y el final, el único argumento. El emperador iba en pelotas sin el argentino y ya en el partido de ida en el Camp Nou, su espléndida actuación, su rabia y coraje fueron la clave para el 3-0. Con un marcador sensacional, con el Liverpool sin Firmino y sin Salah, el equipo de Valverde compareció en Anfield a verlas venir, sin encadenar cuatro pases seguidos y esperando cazar un contragolpe. A los siete minutos, los de Klopp ya habían conseguido el primer gol y hasta el 14’, Messi no puso a prueba a Alisson, que tuvo una actuación sobresaliente durante el encuentro. Fue una de las pocas veces que el 'crack' asomó.

Messi no apareció y el FC Barcelona no tuvo respuesta al Liverpool. (Reuters)
Messi no apareció y el FC Barcelona no tuvo respuesta al Liverpool. (Reuters)

La renuncia al estilo

Con la misma pachorra salieron los azulgrana tras el descanso. Y en tres minutos y con dos fallos de Jordi Alba, Wijnaldum empató la eliminatoria. A partir de ahí, el desastre, el Titanic. Era como presenciar a un cervatillo asustado en mitad de la vía con un AVE a toda pastilla. El AVE que ya habían reservado muchos aficionados convencidos de que, después de lo de Roma, esto no podía volver a pasar. Pero sí, ha pasado.

Lo peor es que por el camino el Barça ha perdido el sentido, el estilo, la personalidad y su razón de ser. Todos los que festejaron el 3-0 cuando el Liverpool les había atropellado durante buena parte del partido en el Camp Nou se acuerdan ahora otra vez de Cruyff y de Guardiola, de las esencias, del juego de posesión y combinación. Vendió el alma al diablo y el diablo ahora se ríe de él.

No hay excusas que valgan. Nada que pueda paliar el dolor y la vergüenza de los culés. Un Busquets absolutamente desencajado solo atinaba a decir "lo siento mucho por los aficionados" nada más terminar el partido ante el micrófono de Movistar. Igual que el presidente Josep Maria Bartomeu: "Es muy difícil explicar lo que ha pasado. ¿El cuarto gol? Un despiste, es difícil ahora decir nada". "En el cuarto gol parecíamos juveniles", admitió Luis Suárez.

La pesadilla de Anfield deja una herida abierta de par en par con consecuencias imprevisibles

"No sé lo que ha ocurrido"

Ernesto Valverde apareció después en la sala de prensa de Anfield con el último botón de la camisa desabrochado y la corbata suelta. Hundido, intentó dar explicaciones: "El segundo y tercer gol han venido muy seguidos, lo hemos acusado y luego vino el cuarto gol increíble. No sé lo que ha ocurrido. Cuando he mirado, el balón ya estaba entrando, supongo que ellos han sacado rápido, pero no lo he visto".

Sabe que ni el título de Liga ni la final de Copa taparán ahora el estruendo que se avecina. "Nos esperan unos días horribles", vaticinó. En el día que se cumplían 33 años de la derrota más dolorosa del Barça en la final de Sevilla ante el Steaua, la pesadilla de Anfield deja una herida abierta de par en par con consecuencias imprevisibles.

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