por tercer año consecutivo, fuera de europa

El Barcelona se da un trastazo y no estará en semifinales de la Champions

Un gol de Manolas a falta de 10 minutos certificó una derrota por 3-0 tan inesperada como justa. Los de Valverde no supieron reaccionar, no dieron el nivel y verán la semifinal desde casa

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El FC Barcelona está eliminado de la Champions League, y si se lo cuentan a alguien esta misma mañana hubiese dicho que no, que eso no era posible, que no a Messi y a Ter Stegen, que eso no ocurriría en ningún caso con el 4-1 que llevaban de la ida en el Camp Nou. Aquello, simplemente, no era una opción. Pero esto es fútbol y pasan cosas que desbaratan cualquier previsión. Los azulgrana se vieron en semifinales en el momento en que se sacó la bola de la Roma en el sorteo, mucho más aún cuando pasó lo de la ida. Pero no, por tercera temporada consecutiva no son parte de los cuatro mejores equipos de Europa. Son, además, tres años en los que encadenan eliminaciones haciendo un papel bastante lamentable.

Para que una cosa así ocurra, épica como pocas, se tienen que alinear todos los astros, que todo lo que pueda salir mal salga mal. O que todo lo que puede salir bien salga bien, que en Roma la alegría fue desbordante. Esta película empieza con un gol de Dzeko, un balón muy largo, de De Rossi, que se comen entre Jordi Alba y Umtiti y que aprovecha el bosnio para hacer su parte. Era una muy mala manera de empezar un partido, con un error importante y un gol en contra. Pero igualmente, 4-1 en la ida, no podía pasar lo imposible. Seguía sin ser una opción.

Cabe decir que se vio el peor Barcelona de la temporada, y eso es decir bastante porque es un equipo que no ha jugado especialmente bien en los últimos meses. Se venía contando crónica a crónica: que aburre a las ovejas, que no son espectaculares, que hay una 'messidependencia' preocupante... Los resultados iban saliendo y eso hacía que Valverde no encontrase críticos. Valía la eficacia, hasta que eso también desapareció.

Hubo en Roma algo que no pasaba tanto, el Barcelona perdió el balón. Se acomodó en defensa y dejó, poco a poco, que el equipo italiano empezase a creérselo. Llegaban con más o menos claridad, con buenas y malas opciones, pero iban llegando. Eso es mucho más de lo que se puede decir del ataque del Barça, absolutamente desconocido, casi virgen en un partido que se iba poniendo difícil a medida que pasaban los minutos.

El tiempo, en teoría, era un aliado para los azulgrana. Remontar tres goles no estaba en el guion, y que Dzeko hubiese abierto la veda no modificaba prácticamente nada. El juego de los de Valverde rozaba el ridículo. Un equipo menor, la perita en dulce de los cuartos, estaba bailando a uno de los favoritos de la competición, al seguro campeón de la liga española. No es que los 'giallorossi' tuviesen mucha clarividencia, no es que de repente fuesen un equipo colosal que hacía daño. Con lo que tienen, que no es tanto, les dio para poner contra las cuerdas al Barcelona.

Y llegó la segunda mitad, y pasaron 10 minutos y todo parecía en la misma dinámica. Un equipo algo perdido, pero aún a salvo. En esas llegó Piqué e hizo un penalti evidente, de nuevo a Dzeko, el jugador diferencial de un equipo modesto. Le agarró del brazo y el árbitro no tuvo más remedio que pitar penalti —algo a lo que el Barça tampoco es que esté muy acostumbrado—. De Rossi convirtió aquello en un gol y lo que era una eliminatoria muerta resucitó. Volvió la emoción al campo, pero no volvió el Barcelona, que siguió aparentando haberse quedado perdido en la aduana.

El rival al que todos querían

La Roma, que ahora mismo es cuarta en su campeonato liguero, siguió martilleando. Valverde, superado, no encontró ni un solo recurso para detener la sangría. Era tan fácil como tener el balón, algo que estaba en el ADN de su equipo hasta que se ha borrado completamente esta temporada. Aquel fútbol de tener el esférico se borró y aunque fue efectivo para ganar la liga, en Europa no ha sido suficiente.

Quedaba media hora y las mejores opciones seguían siendo del Barcelona. El mayor presupuesto de los dos, la presencia de Messi, una línea bastante constante de no permitir muchos goles a los rivales... ¿Quién iba a pensar que era posible? Lo era, pero eso lo supimos solo después, cuando ya era muy tarde para reaccionar. Cuando el Barcelona estaba a punto de firmar el mayor ridículo de esta temporada. Y la Roma, de hacer de una tarde que no parecía nada uno de los momentos más grandes de su historia.

Hubo un paradón de Ter Stegen poco antes del gol de Manolas. El portero alemán, incólume todo el año, recordaba a los allí presentes que no iba a ser fácil. Pero seguía el asedio, los balones grandes, los dos delanteros grandes percutiendo la defensa. En esas, a falta de ocho minutos, hubo un córner, que estaban siendo en todo momento difíciles para el Barça. Y llegó Manolas, se adelantó a su marca y consiguió el definitivo gol.

La locura en Roma. No hubo ni un golpe de rabia del Barcelona, claramente superado. No podían jugar porque no se lo podían creer. Ni siquiera Messi, desaparecido. 3-0, una de las derrotas más dolorosas de todos los tiempos para el club. Y un resultado imposible, que nadie podía esperar. Pero ocurrió, porque el fútbol tiene estas cosas, porque en ocasiones hay equipos envanecidos que se dan un trastazo. Equipos como este Barça que no se han merecido más. Porque lo que ha ocurrido puede ser extraño, puede ser inesperado, puede incluso ser inexplicable. Pero en ningún caso es injusto. Hubo un equipo mejor, uno que incordió en el Camp Nou —aunque salió goleado— y fue muy superior en el Olímpico. Un club, la Roma, que ahora puede sacar pecho en Europa

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