los protagonistas en ambas áreas

Los antihéroes Benzema y Keylor Navas empujan al Madrid hasta Kiev

Benzema marcó los dos goles blancos y Keylor hizo paradas increíbles para mantener a su equipo con vida en la eliminatoria. Han sido muchas veces puestos en duda, pero se han podido resarcir

Foto: Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

Ruge el estadio Santiago Bernabéu en una mezcla de esfuerzos, por un lado celebra una nueva final de Champions, por otro se sacude los nervios que casi se llevan por delante al madridismo. El fútbol es enorme, también por el sufrimiento. En las noches así, cuando el desenlace es el soñado, hay héroes. No, esta vez no fue Cristiano Ronaldo, el sospechoso habitual en esas lides. Tampoco Sergio Ramos, experto en la materia. Esta ocasión la gloria fue de Benzema. Y de Keylor Navas también. Los dos saben lo que es la crítica, quizá como nadie en la plantilla. Sin ellos no habría Kiev.

Karim Benzema tiene gente a la que darle las gracias. Se ha ganado la confianza de muchos, no siempre de una manera explicable con su juego. Fueron muchos partidos esta misma temporada los que llevó al madridismo a un estado de nervios, por sus fallos, por su apatía, por esa desconexión y bajo rendimiento del que tantas veces se le acusa. La redención llegó en forma de goles, pues los dos que marcó llevaron al éxtasis a un club que, como acostumbra, se jugaba el año en el alambre.

Benzema tiene peor trato con la grada que con la gente que le ve todos los días. Lleva casi una década en el Madrid, uno de los tiempos más productivos de la historia del club, pero nunca ha conseguido ser abrazado del todo como una de las estrellas del equipo. Si se pregunta a Zidane o a Cristiano, quizá las voces con mayor autoridad de la plantilla, ellos no dudarán: siempre mejor con Karim.

El francés tiene una conexión clara con su compatriota, que solo recientemente le ha dejado fuera en algún partido importante. No está siendo una gran temporada de Benzema, ni de juego ni de goles, pero hasta hace poco había sido titular sin mucha discusión. Las dudas recientes, que existieron, quizá le han espoleado. Por primera vez no tenía claro que fuese a ser titular en un partido importante, pero lo fue. Quizá por las bajas, que no permitieron alinear a Lucas arriba, quizá también porque en la idea de partido de Zidane estaba que él mejor que nadie podría dar pausa y tener balón, algo que hubiese sido magnífico para que las pulsaciones blancas no se disparasen de esa manera. En eso no sirvió demasiado, pero sin sus dos goles todo esto hubiese sido imposible.

Benzema celebra su segundo gol. (EFE)
Benzema celebra su segundo gol. (EFE)

Un 'killer' por un día

A falta de Cristiano, Benzema. Estuvo rápido en los dos goles, como delantero de área, como eso que no siempre es. Lewandowski, en el otro lado, iba regalando opciones. Él, que sí es un rematador, se ahogaba cuando llegaba a la puerta del Madrid. Benzema, por su parte, con ese rictus que no se mueve nunca, ejerció de asesino silencioso. El primero es un cabezazo anticipándose a un Alaba que, muy bien en ataque, se durmió en defensa.

También aprovechó una cadena de errores en el segundo. Benzema, a quien muy pocos niegan el talento, tiene fama histórica de despistado, de meter lo difícil y olvidarse de lo fácil. En el segundo gol fue un pillo, porque era difícil imaginar que Tolisso y Ulreich pudiesen cometer un error tan obsceno, tan de campo de barro. Uno dio un pase infantil, el otro fue incapaz de cazarla y Karim, cual depredador, anduvo listo y marcó lo que podía parecer la resolución de la eliminatoria pero, luego se supo, no lo era.

Lo demás, tranquilidad, calma y hasta un control como si no tuviese nervios en el minuto 60, en su propia área. Fue sustituido más tarde, en un intento de Zidane de dejar de sufrir -estéril, lo del sufrimiento no se dio hasta que no pitó el árbitro-, se fue entre aplausos, algo que le debe de sonar un poco extraño, no está del todo acostumbrado a que le regalen las orejas.

Lleva 55 goles en la Champions y eso le convierte en el jugador en activo con más goles en esta competición por detrás de Cristiano y Messi, que claramente juegan en otra dimensión. Las semifinales son, en puridad, su momento. No se le recuerdan grandes finales, pero esta no es la primera vez que brilla en la penúltima ronda. El año pasado no marcó, es cierto, pero dejó para la historia su jugada más célebre, ese baile pegado a los centrales del Atlético. Y también en otra célebre semi, la de los cuatro goles de Múnich, el francés fue capital. No en aquel mítico partido, sino en la ida, en el Bernabéu, cuando los blancos sufrían como corderillos y él marcó un gol que hizo creer y terminó con el equipo en Lisboa.

Keylor se recompone

De él se ha dudado y se ha pensado en reiteradas ocasiones que estaba amortizado, que su lugar ya no era en el Real Madrid. Esa posición, la de levantarse por la mañana y ver en la prensa que todos te dan por muerto, también es habitual en Keylor Navas. Él llegó a estar sentado en un avión con destino a Mánchester, a él le contaban que son cosas que pasan, que De Gea era el futuro y que no servía como nada más que un parche. Él, resignado, no se tomó en serio el 'marketing' ni las voces que todos los veranos apuestan que la portería será de otro. Si el Madrid está en Kiev es también por él.

Es cierto, en la ida de esta eliminatoria falló claramente en el gol de Kimmich, que fue el primero del duelo. Dejó un mal sabor de boca por aquello, pero desde ese error se recompuso y empezó a construir para demostrar que él vale para esa portería, que igual hay otros guardametas mejores o con más fama, pero no son ellos los que hoy en día visten la camiseta del Madrid. Hace poco, en una peña, prácticamente le dijeron que no se enfadara si tenía que dejar paso a otros, porque él, como Benzema, siempre parece tener menos aprecio del que se gana.

En la resistencia numantina que tuvo el Madrid en la segunda mitad, especialmente tras el gol de James, el costarricense estuvo sensacional. Estos acosos duelen a los porteros, porque se ven disparados desde todos los ángulos y tienen difícil ver la trayectoria del balón. Keylor, que es un portero reactivo, se vio cómodo. A él no le iban a pillar. Una, dos, tres veces. Como un pelotón de fusilamiento. Con varios rebotes incluso. Siempre aparecía para rechazar los balones. Hay otros porteros más académicos, que blocan mejor, más altos, incluso más guapos si se quiere, pero en la noche clave en Chamartín este fue el mejor posible, porque consiguió salvar lo que a ratos pareció una muerte segura.

Hasta la cuenta del Bayern en español, por error, le pidió en algún momento que dejase por favor de parar todo. El castigo del Bayern, un año más fuera de la final, llegó en forma de paradas impresionantes. Navas este verano volverá a escuchar los cantos de sirena, irá a peñas y no le darán crédito; tendrá que escuchar que solo es aceptable en un equipo de notables y sobresalientes. Cuando oiga todo eso, que pasará, no tendrá más que tirar la memoria a esta noche en el Bernabéu. Todas aquellas paradas en remates a dos y tres metros. Si el Madrid gana esta Champions, una oreja es de Keylor.

Él también puede agradecerle muchas cosas a Zidane, que al final se convierte en ese técnico-maestro que si no acierta siempre con la alineación sí que es capaz de conectar con los suyos. A Keylor le dejó claro que era su hombre y que no pensaba en otro, incluso rechazó públicamente la opción de comprar a Kepa, no fuese aquello a romper la armonía del costarricense. Del mismo modo que a Benzema, su delantero, le ha defendido tantas veces. Esa confianza hoy se la han pagado con creces, los héroes de este Madrid antes fueron señalados. Los antihéroes se quedaron con toda la gloria.

Champions

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
15 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios