El gran fracaso de Florentino Pérez: la Superliga ha muerto
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Silencio pusilánime de Barcelona y Atlético

El gran fracaso de Florentino Pérez: la Superliga ha muerto

Tras una de las noches más intensas y también ridículas de la historia reciente del deporte, el presidente madridista personaliza el fracaso de la supuesta revolución futbolística en medio de la cobardía de sus presuntos socios

placeholder Foto: La Superliga ha muerto. (Ilustración: Raquel Cano)
La Superliga ha muerto. (Ilustración: Raquel Cano)

Pocas veces una entrevista deportiva habrá despertado mayor expectación que la anunciada presencia de Florentino Pérez en la Cadena SER este martes. Después de una noche apasionante de rumores y comunicados oficiales que dejaron herida de muerte la flamante Superliga solo 48 horas después de su nacimiento, el presidente del Real Madrid no pudo honrar su compromiso con 'El Larguero': estaba enfrascado en una interminable reunión telemática con los presidentes de los otros 11 clubes, sus presuntos socios, la mitad de los cuales (todos los ingleses) había ido abandonando el naufragio en una cascada noticiosa alucinante.

"¡Vaya noche!," decía sin exagerar Manu Carreño, el conductor del programa, que bregó con mérito para compensar el plantón de Florentino. La competición más corta de la historia del fútbol hacía olvidar durante unas horas la pandemia y las elecciones de Madrid. El fútbol inglés había tumbado el sueño de Florentino Pérez, la figura legendaria que con su sola presencia había otorgado credibilidad a una disrupción sin sentido. La Superliga estaba muerta, y el contrato que comentó en su discutible comparecencia en 'El Chiringuito' parecía mucho menos "vinculante" de lo que había dado a entender.

placeholder Luka Modric y Jordi Alba, en el reciente Clásico. (EFE)
Luka Modric y Jordi Alba, en el reciente Clásico. (EFE)

Hace solo una semana, todo iba de cara para el presidente blanco y de ACS: había revalidado su presidencia en el club para los próximos cuatro años –sin elecciones– tras una hábil maniobra de Jueves Santo, las obras del estadio nuevo avanzan a buen paso, el equipo está en semifinales de la Champions y había ganado el Clásico sin Sergio Ramos: la debilidad del capitán blanco en la negociación por la renovación era evidente. Un gestor mítico acostumbrado a ganar, que en 24 horas pasa de Mesías salvador de un fútbol arruinado en televisión a la soledad sobreexpuesta, solo entre cobardes (dos de ellos españoles) que habían firmado el mismo papel que él.

La rebelión inglesa

Es imposible no ver en el revolcón del hombre más poderoso de España la rebelión del fútbol inglés, ejemplar en sus diferentes estamentos (aficionados, jugadores, primer ministro, entrenadores) a la hora de denunciar la eliminación del mérito deportivo en el nuevo orden mundial ("de la relación entre esfuerzo y premio", como dijo Pep Guardiola mientras muchos otros callaban). Pocos negaban el derecho de los clubes con mayor tirón a cuestionar el modelo competitivo y económico de la UEFA, pero la soberbia nocturna del domingo pasado, cuando los 12 poderosos clubes escenificaron el desafío radical consumado, irritó el orgullo cultural de Inglaterra de una manera que no habían previsto los asesores de la élite balompédica. También comprometió a poderosos patrocinadores de la UEFA y de las ligas nacionales que prometieron mayor esfuerzo para atraer de vuelta a los hijos pródigos.

A la una menos cuarto de la noche, la Superliga se había quedado en una Copa Latina de seis equipos (tres españoles y tres italianos). Manu Carreño informaba de que Florentino Pérez se disculpaba por su ausencia y prometía su comparecencia en la radio 24 horas después. Parecía casi imposible que solo hubiese pasado un día desde que el hombre llamado a poner su nombre en el nuevo estadio Santiago Bernabéu hubiese puesto de largo la supercompetición en 'El Chiringuito'. La duda ya no era si el torneo iba a empezar este mes de agosto o en 2022. Era si los seis equipos supervivientes iban a reconocer el fracaso y anunciar que seguirían trabajando para mejorar el fútbol o prorrogarían el ridículo anunciando la continuación del invento. Se quedaron a medias, asegurando que seguirían trabajando por la "solidaridad" (sic).

Foto: Pérez y Agnelli, promotores del circo de pulgas que ha resultado la Superliga. (Reuters)

Andrea Agnelli, el otro gran impulsor del proyecto, no mostró más valentía que los presidentes del Barcelona y del Atlético de Madrid, y en las redes se publicaban incluso noticias aparentemente falsas sobre su dimisión —Ed Woodward, CEO del Manchester United, había anunciado ya su renuncia a la hora de la cena—. El fútbol español quedaba en mal lugar: su presidente más poderoso, el Gobierno —que siguió con cierta timidez a Johnson y Macron—, sus aficiones (incluidas las del Atlético de Madrid y el Barça), la inmensa mayoría de sus futbolistas...

Parida con tanta prisa que ni llegó a ser presentada, el fracaso de la Superliga queda quizás excesivamente personalizado en la figura de Florentino Pérez, el hombre que siempre ganaba y que no supo medir la onda expansiva del golpe: tanto en el negocio como en lo que no es negocio. ¿Pedirá perdón al madridismo por dañar la reputación del club? El equipo veía ya amenazada su primacía entre poderosos clubes-estado que salen ahora muy beneficiados de este embrollo. Al final de la noche, tras la insólita chapuza internacional, resonaban las sensatas palabras de Karl-Heinz Rummenigge, presidente del Bayern: "Algunos clubes dicen que hay que generar más ingresos, pero lo que hay que hacer es reducir costes".

Pocas veces una entrevista deportiva habrá despertado mayor expectación que la anunciada presencia de Florentino Pérez en la Cadena SER este martes. Después de una noche apasionante de rumores y comunicados oficiales que dejaron herida de muerte la flamante Superliga solo 48 horas después de su nacimiento, el presidente del Real Madrid no pudo honrar su compromiso con 'El Larguero': estaba enfrascado en una interminable reunión telemática con los presidentes de los otros 11 clubes, sus presuntos socios, la mitad de los cuales (todos los ingleses) había ido abandonando el naufragio en una cascada noticiosa alucinante.

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