Sergio Ramos tiene un problema muy serio: "Sospecha que es inmortal"
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El crepúsculo de los dioses

Sergio Ramos tiene un problema muy serio: "Sospecha que es inmortal"

La nueva temporada de su serie en Amazon, la negociación tirante con el Real Madrid y su lesión con la selección desvelan la fragilidad de su discurso triunfalista sobre su longevidad

placeholder Foto: Ilustración: Rocío Márquez.
Ilustración: Rocío Márquez.

Sergio Ramos sin camiseta, haciendo flexiones, levantando pesas, buceando mientras levanta pesas; en bucle.

La segunda temporada del serial de Amazon sobre el jugador del Real Madrid (estreno el viernes) se titula ‘La leyenda de Sergio Ramos’, pero no es fácil entender de qué va. En teoría, es 'un año en la vida de', pero hay tantos 'flashbacks' (su infancia en Camas, su paso por el Sevilla, sus éxitos con la selección española), tanta aparición de Pilar Rubio (en la primera temporada iba de atrezo, ahora es casi coprotagonista) y tanta dispersión (tan pronto aparece Alejandro Sanz con el flamenquito como Antonio López instruyendo artísticamente a Ramos y Rubio) que el significado profundo del relato es críptico.

Hasta que te percatas de algo: lo que parecían imágenes de relleno (Sergio Ramos sin camiseta, haciendo flexiones, levantando pesas, buceando mientras levanta pesas; en bucle) es en realidad el 'leitmotiv'. En efecto, Ramos se pasa buena parte de las más de cuatro horas de metraje repitiendo obsesivamente una idea: me machaco tanto en el gimnasio, me cuido tanto y tan bien que seguiré ganando y jugando al más alto nivel hasta que yo quiera. Tiene 35 años.

"Tengo una lucha interna contra mi edad y contra mi cuerpo que he ganado y voy a seguir ganando"

Sabemos que la sofisticación de la preparación física está alargando la vida de los deportistas profesionales. Sabemos que muchos futbolistas se dejan llevar tras ganarlo todo, pero él se resiste a bajar la guardia competitiva, el fuego de Sergio Ramos siempre está encendido. Es un ejemplo de pasión y profesionalidad, explica Rafa Nadal en la serie, y Jorge Valdano añade: “Su afición por los récords le ayuda a renovar los desafíos y a prolongar su carrera”.

"Tengo una lucha interna contra mi edad y contra mi cuerpo que he ganado y voy a seguir ganando", explica Ramos a cámara.

“Estoy convencido de que Sergio sospecha que es inmortal… Quiere seguir prolongando su carrera, no sabemos hasta dónde, porque no ha dado ni la más mínima muestra de decadencia”, añade Valdano en la serie, rodada el año pasado, antes de que el relato de Ramos sobre su esplendor empezara a agrietarse...

Foto: Ramos posa con la camiseta que le entrega Florentino. (@realmadid)

No hay nada malo en seguir teniendo hambre de éxitos futbolísticos a los 35 años. Pero la gestión del hambre de Sergio Ramos empieza a ser conflictiva (el exceso de voracidad puede dejar a sus compañeros sin comer). Cuando uno hincha demasiado su leyenda, la leyenda puede acabar devorándole.

27 partidos perdidos

El conflicto que atenaza a Sergio Ramos (que la serie rehúye, pero ha explotado en la vida real) es que está tan convencido de su inmortalidad... que ha empezado a arrollar mortales sin querer. Ramos está tan enfrascado en su leyenda de futbolista récord sin caducidad que da muestras de pérdida de contacto con la realidad. La realidad va por un lado y Sergio Ramos por otro. Ramos dice que está en un momento físico esplendoroso (pero nunca ha estado tan lisiado como esta temporada: seis lesiones y 27 partidos perdidos). Ramos dice que sigue siendo el mejor en su puesto y que le queda mucha cuerda (pero el Real Madrid no se muere por renovarle porque le ve mayor). Ramos se cuadra hablando de la selección española (pero ha generado un serio conflicto por anteponer sus intereses personales, batir el récord de internacionalidades, a los del grupo). Algo pasa con Sergio Ramos. Tierra llamando a Sergio Ramos.

"Su afición por los récords le ayuda a renovar los desafíos y a prolongar su carrera"

El Ramos de Amazon vive ajeno al mal rollo. El Ramos real lleva un año complicado.

La renovación de su contrato con el Real Madrid, que termina el 30 de junio, está siendo uno de los psicodramas futbolísticos del año. Las negociaciones Sergio Ramos/Florentino Pérez deberían estudiarse en las facultades de empresariales y comunicación. Son rituales antropológicos. Ramos y Florentino se mandan mensajes a través de sus periodistas de cabecera, que actúan de meros voceros. Guerra psicológica entre ventrílocuos. Mari Carmen y sus muñecos contra José Luis Moreno y sus monchitos. Choque de aparatos de propaganda. Llevamos así todo el curso: leyendo informaciones dirigidas por Ramos y Florentino. Todos los periodistas lo sabemos, es parte del teatro negociador, del juego de condicionar a la opinión pública/los aficionados, colectivo especialmente sensible, volátil y emocional.

Como reflejo de su juego impetuoso, Ramos tiende a la fogosidad en las negociaciones. Cada vez que pide un aumento de sueldo al Real Madrid, se filtran a la prensa ofertas mareantes de clubes extranjeros, a veces reales (Manchester United), a veces también imaginarias, lo que obliga a Florentino a salir al exterior a tirar de las orejas al entorno del jugador, como cuando Florentino sugirió que una oferta que Ramos decía tener de China era un, ejem, cuento chino.

No obstante, todo solía acabar con Ramos obteniendo un jugoso aumento, renovando sus votos merengues y haciendo declaraciones de folclórica del tipo: jugaría gratis en el Real Madrid si fuera preciso (en efecto, hablar es gratis). Pero aunque la negociación vigente ha seguido el ritual habitual (cruce de filtraciones interesadas y millonaria oferta fantasma de club extranjero, el PSG), el tercer acto ha implosionado (a día de hoy) tanto por errores de cálculo de Ramos como por la inflexibilidad darwiniana de Florentino hacia los veteranos (por muy leyendas que sean y por muchas pesas que hagan).

Foto: Imagen: El Confidencial Diseño.

Ramos no se planteaba otro escenario que una renovación generosa para su último contrato, pero el contexto económico es mucho más sombrío que el de renovaciones pasadas. El Real Madrid viene de gastar cero euros en fichajes el pasado verano, lo nunca visto, a la cola en gasto de los grandes clubes europeos, pero al frente de la sensatez económica, aunque es un hecho que la plantilla se ha devaluado mucho los últimos meses.

Con el covid laminando los ingresos y los salarios de los jugadores recortados de mutuo acuerdo, Florentino no quiere renovar al alza a un jugador de 35 años (ofrece a Ramos seguir cobrando un poco menos). Al margen de su inigualable palmarés, de su rendimiento y de su liderazgo como capitán (hueco que no se va a cubrir tan fácilmente), todo el foco se ha puesto en la edad de Ramos, pero en lugar de desviarlo hacia otro lado, el racial defensa ha comprado el marco de la longevidad de un modo extraño: subrayando su excelsa condición física tan exageradamente… que ha caído en la parodia involuntaria.

Llegó Filomena, la peor nevada en Madrid en un siglo, y Ramos se fotografió entrenando en paños menores, luciendo musculatura de dios griego en plena ventisca.

Más bizarras aún fueron sus palabras durante la promoción de su serial para Amazon: quiere llegar como un toro a los 40 años, jugar el Mundial 2026, y convertirse en el jugador con más mundiales (seis) de la historia. El problema no es que el escenario 2026 sea imposible (solo muy difícil), sino que la cábala ni venía a cuento (España ni siquiera se ha clasificado aún para el Mundial 2022), ni le dejaba en buen lugar, al desvelar a un hombre obcecado en batir récords y aparentar 27 años. Raro.

En efecto, toda bravata esconde siempre una debilidad: ¿que el Madrid no quiere pagarme más por mi edad? Hago 2.000 flexiones desnudo y a 20 bajo cero. Pero, ¡ay!, Ramos ha elegido el peor año de su carrera para hacer piruetas en la nieve, presumir de torso musculado y anunciar proezas nunca vistas de longevidad: lleva medio curso lesionado, nunca había jugado tan poco, se está perdiendo los partidos decisivos.

Quizá no lo haga con mala fe. Quizá su obsesión infantil por los récords sea, como dice Valdano, su manera de seguir siendo competitivo (mientras otros compañeros de generación ya están jugando al golf en Florida y viviendo de contar batallitas). Más inquietante es cuando tu ego acaba arrollando a compañeros y empleadores. En su intento de batir la marca mundial de internacionalidades, Ramos jugó la semana pasada con España en estado físico precario... y volvió a lesionarse. La impresión generalizada es que forzó la máquina no tanto para ayudar a España, sino para sumar internacionalidades como fuese. Mal negocio para el Madrid, mal negocio para España (la selección no puede ser el patio de recreo de ningún jugador, por más palmarés y jerarquía que tenga) y mal negocio para el jugador (mucha gente ha interpretado que Ramos ama al Madrid y a la selección española, pero por encima de todo ama a Sergio Ramos).

La estratosfera

Ramos vive atrapado en Ramosistán. Desde allí, toma decisiones raras que quizá tengan sentido... en su cabeza. Tras ganarlo todo, no es fácil querer ganarlo todo otra vez, pero ahí sigue Ramos en guerra contra el aburguesamiento futbolístico. El problema es que tras ganarlo todo, no es fácil evitar la borrachera de poder, y ahí está Ramos también ahora mismo.

Foto: Sergio Ramos, tras lesionarse después del partido ante Kosovo (EFE). Opinión
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Javier Gómez Matallanas

Hay grandes goles y grandes victorias en el serial de Amazon, pero la escena más significativa pasa desapercibida: Ramos metiéndose en una cámara hiperbárica; de las que, como explica el jugador, usan los astronautas para frenar el envejecimiento tras viajar por el espacio. Ramos no ha visitado otros planetas, pero cuando dice que jugará un Mundial a los 40 años, parece un poco en la estratosfera.

El comandante Ramos quiere detener el paso del tiempo. Inmortal e invencible en Amazon, achacoso y conflictivo en la vida real.

La madre de Ramos le pregunta a su hijo (en la serie) qué hará cuando deje el fútbol:

—Mamá, es que esto parece que va a ser eterno.

—Eterno no hay nada, hijo.

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