¿Qué llevó a Messi a agredir con un puñetazo a Villalibre y ver su primera roja en el Barça?
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Dejó a su equipo con 10 en la final

¿Qué llevó a Messi a agredir con un puñetazo a Villalibre y ver su primera roja en el Barça?

El astro argentino ha visto a miles de defensas ensañarse con astucia y dureza a lo largo de su carrera. El Athletic Club supo desquiciar a Leo tanto como sus propios compañeros

placeholder Foto: Gil Manzano enseñó la primera cartulina roja en la carrera de Leo Messi como futbolista profesional del Barça. (Reuters)
Gil Manzano enseñó la primera cartulina roja en la carrera de Leo Messi como futbolista profesional del Barça. (Reuters)

El capitán del Barça, ausente durante todo el partido, fue noticia en la prórroga por soltarle un mamporro a Asier Villalibre después de recibir dos cargas (la primera con balón y la segunda sin él) y dejar a su equipo con 10 hombres en los minutos finales. Frustrado, desquiciado y cansado de ser una piñata humana ante los trompazos de los jugadores del Athletic Club, Leo explotó. El rosarino, tras recibir ocho faltas en 120 minutos, vio su primera y única tarjeta roja como futbolista del primer equipo azulgrana y ahora se enfrenta a una posible sanción de hasta cuatro partidos (Elche, Athletic, Cornellà y el próximo de Copa en caso de que el Barça se clasifique), puesto que la acción podría pertenecer a la categoría de falta grave.

Foto: Messi abandonó el campo expulsado. (Reuters)

A Messi le han zurrado mucho a lo largo de su carrera. En la mayoría de ocasiones, con bastante más contundencia de lo que lo hicieron los hombres de Marcelino Toral sobre el césped de La Cartuja. Y Messi se ha revuelto, ha soltado cabezazos, ha cogido del cuello y ha visto amarillas, pero casi nunca rojas, a excepción de las dos expulsiones que recibió con Argentina.

La primera ocasión fue en su debut, el 17 de agosto del 2005, en el amistoso entre Hungría y Argentina. José Pékerman ingresó al rosarino, Leo recibió el balón, se sacó de encima a un defensor (Vanczak) que lo agarró de la camiseta y, al esquivarlo, le dio con el brazo, el húngaro tiró de cuento y Markus Merk lo expulsó. La segunda vez tuvo lugar en un partido oficial entre Chile y Argentina en la Copa de América de 2019. En un partido caldeado por la rivalidad cebada en el pasado a raiz de los triunfos de La Roja, Messi se encaró con Gary Medel y los dos terminaron expulsados por Mario Diaz de Vivar.

placeholder El coleagiado expulsa a ambos futbolistas. (Reuters)
El coleagiado expulsa a ambos futbolistas. (Reuters)

La cuestión, por tanto, reside en qué llevó al crack albiceleste a perder los papeles frente al Athletic Club a sus 33 años por primera vez en su carrera como azulgrana. Un jugador acostumbrado a vivir con marcajes intensos, faltas desproporcionadas y la impotencia que significa jugar bajo los focos de todos los defensas. En este sentido, quienes no vieran el partido pensarán que se trató de una acción al margen de lo vivido durante el resto del encuentro, pero la realidad es que Leo ya llegó caliente a los instantes finales por distintos motivos.ib

Vivió desconectado del juego

Sin participar con asiduidad en la construcción de jugadas azulgranas, Messi vio cómo el gran planteamiento defensivo rojiblanco le negaba la frontal del área. En el primer tiempo, actuando más como delantero centro que como mediapunta, Leo se vio despojado de su zona fetiche gracias a la pizarra del técnico asturiano. El cuadrado defensivo conformado por Yeray Álvarez, Íñigo Martínez, Dani García y Unai Vencedor se encargó de poblar el balcón del área y desconectarlo del juego. El argentino agonizaba. No es de extrañar que apenas encontrara espacio para cargar la pierna y sacar un disparo por encima de la meta de Unai Simón superado el ecuador de la primera parte, mientras que, en el 1-0 de Griezmann a pase de Jordi Alba, fuese el galo quien sacase tajada del movimiento del ‘10’.

En la segunda parte, Messi se movió mucho más que en la primera como resultado de las dificultades que halló su técnico para hacerle llegar el balón. Mientras Dembélé estiraba como integrante más adelantado del ataque culé y la circulación lenta y pastosa no atesoraba el suficiente ritmo como para desarbolar al rival y localizarle en situaciones de ventaja, Leo se vio empujado a recibir por delante de la línea de centrocampistas rivales. Allí donde él lo necesitaba, pero no su equipo. El '10' tocaba la pelota menos de lo que le gustaría y, cuando lo conseguía, estaba demasiado lejos.

Foto: Ronald Koeman camina cabizbajo por la banda del Coliseum Alfonso Pérez. (Reuters).

Con la llegada de la prórroga, Koeman dejó sin socios a Messi. Si bien la entrada de Martin Braithwaite sirvió para fijar a los centrales rojiblancos, al quitarle a Pedri le dejó sin el mejor efectivo a la hora de asociarse por dentro y, con la salida de Ousmane Dembélé, el rosarino no pudo contar con la capacidad de aglutinar rivales y abrir el campo del francés. Todos la pedían al pie y nadie iba al espacio. De este modo, Messi tenía una maraña de piernas por delante antes de llegar a la portería rival y seguía sin poder recibir en zonas peligrosas. Cuando lo hacía por delante, Iker Muniain siempre le tapaba. Acabó sacando el balón jugado desde la base y multiplicando sus funciones.

¿Hubo dureza excesiva?

El argentino recibió ocho de las 24 faltas que cometió el Athletic Club en Sevilla, un 33,3%. No parece un número excesivamente elevado si bien fue el jugador azulgrana que más aciones de este tipo sufrió. Al analizar las faltas, se puede comprobar cómo el cuadro vizcaíno se aplicó con maña, puesto que la dureza de las mismas no fue excesiva, sino más bien continua. Dicho de otro modo, cada recepción de Leo y posterior envío del argentino hacia sus compañeros vino seguido por una pantalla rojiblanca.

“Ni tú, ni yo ni nadie golpea más fuerte que la vida, pero no importa lo fuerte que golpeas, sino lo fuerte que pueden golpearte. Y lo aguantas mientras avanzas. Hay que soportar sin dejar de avanzar, así es como se gana”. Leo intentó aplicar el consejo de Rocky Balboa, pero la zaga rival se lo impidió, ni pudo avanzar ni soportar los envites vizcaínos.

placeholder El Athletic nunca dejó solo a Messi. (Reuters)
El Athletic nunca dejó solo a Messi. (Reuters)

Cada vez que el rosarino controlaba, driblaba, abría el cuero y buscaba inyectar ritmo a la acción, los jugadores vascos impedían con faltas —a veces no señaladas— su progreso. Más centrados en el jugador que en la pelota, la consigna era detener la pared que podía suceder al pase de Leo. Por ese motivo, lo placaban y obstaculizaban hasta el punto de hacer caso omiso al esférico y concentrar sus esfuerzos en frenar al astro argentino. De hecho, antes de la fatídica acción sobre Villalibre, hay un leñazo con Dani García en el minuto 98:36 que ilustra lo anteriormente descrito, aunque Gil Manzano no vio nada y de igual modo lo hicieron desde el VAR.

Esta mezcla explosiva de frustración futbolística, impotencia por no poder darle la vuelta al marcador después de ver cómo empataban a su equipo dos veces y le acababan remontando el encuentro junto a la intensidad desmedida de Asier Villalibre, quien también recibió lo suyo, encendió la mecha que terminaría por estallar en el tiempo de descuento. Ese sopapo no fue solo para los jugadores vizcaínos, sino para su propio equipo y su técnico. El Messi más mortal de la década se cabrea como el resto. Y al Messi más común, el que camina entre los mortales, tampoco le ha salvado el VAR esta vez.

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