frena personalmente los ataques a De gea

España pierde y Luis Enrique recupera su acidez: se acabó la tregua de la prensa

Luis Enrique se toma el debate de David de Gea como algo personal y en su encendida defensa del portero vuelve a mostrar su perfil más tenso y colérico

Foto: Luis Enrique, en la sala de prensa, antes del partido entre Ucrania y España. (EFE)
Luis Enrique, en la sala de prensa, antes del partido entre Ucrania y España. (EFE)

Las críticas a De Gea las para Luis Enrique. Así gestiona el seleccionador el debate de la portería. Con contundencia. Se toma el asunto de David de Gea como algo personal y en su encendida defensa del portero vuelve a mostrar su perfil más tenso y colérico. No se caracteriza por ser el entrenador más simpático del mundo, ni lo pretende, y cuando busca ser irónico da la sensación de tener un discurso agresivo y un tono de prepotencia. Es la esencia de Luis Enrique y los que le conocen dicen de él que hay que aceptarlo con sus virtudes, que son muchas cuando está alejado de la prensa, y un fuerte carácter con el que rebate las polémicas y puede llegar a faltar al respeto. Con Luis Enrique, no existen la diplomacia ni las medias tintas, pese a que tenga a su lado a Joaquín Valdés (psicólogo y persona de confianza).

Luis Enrique, cuando no puede más, es áspero. Ni se preocupa lo más mínimo por disimularlo. Si se siente incómodo, su reacción es soltar una risa y pasa al contraataque. “Os pone mucho el tema de De Gea y ya es vicio”, fue su reacción a la pregunta sobre si el portero podría haber hecho algo más en la salida del gol de los ucranianos.

España pierde y Luis Enrique recupera su acidez: se acabó la tregua de la prensa

El tema de David de Gea es delicado para Luis Enrique. Todo empezó cuando Robert Moreno cambió el plan al hacerse con el relevo en el banquillo. Eligió a Kepa Arrizabalaga en una fase de la temporada en la que De Gea era criticado por sus errores. ¿Cedió Robert Moreno a la presión mediática y el debate de la portería? Es la sospecha de Luis Enrique. Con su regreso, la apuesta volvió a ser De Gea, y no se le puede discutir. Cualquier pregunta o atisbo de debate que se abra en torno a él tiene enfrente a un Luis Enrique que enseña las garras. Pero, además, también saca pecho cuando considera que si lo hace bien hay que pedir que le den las portadas. Luis Enrique tiene claro que va a ir hasta el final con De Gea, lo respalda con confianza ilimitada y hace ver que el portero es una víctima.

David de Gea detiene un balón en el partido contra Suecia. (EFE)
David de Gea detiene un balón en el partido contra Suecia. (EFE)

El pasado 3 de septiembre, tras el empate agónico contra Alemania, salió a echar en cara lo que considera una campaña mediática para desacreditar al portero del Manchester United. Fue contundente y volvió a marcar la línea roja para dejar claro que no se va a dejar influenciar por los debates y mucho menos por el de la portería. “El problema que tenemos es que le hemos colgado un sambenito y cada vez que tiene un fallo sale en todos los telediarios. Deberíamos estar diciendo que ‘vaya porterazo tenemos’. Pero no se dirá. Ya se lo diré yo”. Con esta sentencia sacó pecho y dio la cara por De Gea. Casi un mes y medio después, se cuestionan la seguridad y la fiabilidad del portero. Se ha tomado este asunto como algo personal y un desafío con el que salir victorioso.

Un asunto personal

Luis Enrique vuelve a ser aquel entrenador que vimos en su etapa en el Barcelona, que daba contestaciones secas y tenía un tono borde con los medios de comunicación en las conferencias de prensa. La tensión reaparece con la derrota en Ucrania y los frentes que quedan abiertos en las decisiones para elegir jugadores y el estilo de juego de España. Se acabó la tregua, si se puede llamar de esta manera, con el entrenador y la persona con la que los aficionados y periodistas se sensibilizaron por tener que abandonar la Selección como consecuencia de la enfermedad y el posterior fallecimiento de su hija.

Luis Enrique charla con De Gea. (EFE)
Luis Enrique charla con De Gea. (EFE)

El regreso al banquillo fue turbulento por las formas en que la Federación comunicó la destitución de Robert Moreno y la ruptura de dos amigos y compañeros de trabajo. Luis Enrique recuperó el cargo de seleccionador y la imagen de Robert Moreno quedó como la de una persona desleal por querer aferrarse a un cargo en el que se dio por hecho que estaba puesto de forma provisional. A Moreno le ha costado superar esta ruptura, si lo ha conseguido, porque quedó marcado y esa imagen que transmitía de profesional vanguardista quedó destruida en un santiamén. Ni su fichaje por el Mónaco sirvió para levantarse del golpe. Su etapa duró muy poco tiempo y ha dejado de ser visto como un entrenador de primer nivel. Moreno está en el paro y ningún club le ha llamado para hacerse cargo de un proyecto.

Hoy pocos se acuerdan de lo bueno que hizo Robert Moreno, pero sí de que le pasó factura cambiar a De Gea por Kepa. Con él había serias dudas por su inexperiencia y las dificultades que tuvo para gestionar una Selección que se quedaba sin su líder en el banquillo. Algunos de los internacionales que todavía están en el equipo nacional sí le recuerdan como un profesional íntegro y con buen talante, que se enfrentó a una situación comprometida y supo darles las herramientas para seguir con el proyecto. Sergio Busquets es uno de los que mejor recuerdo tienen de él.

Una derrota saca su lado áspero

El retorno de Luis Enrique se vivió como una de las mejores noticias que le podían pasar al fútbol español por la energía, carácter y liderazgo que transmite el asturiano. Pero, por encima de todo, hubo un sentimiento de gratitud y cariño a un padre. Se borró, de forma fulminante, esa imagen de ogro que ha acompañado a Luis Enrique en su etapa de futbolista y después de entrenador. La recupera después de un resultado negativo y cuando contesta con aspereza a un periodista que le pregunta por la ausencia de gol y si ve a otros posibles delanteros con un “los veo con mis dos ojos, que además son verdes”.

El humor de Luis Enrique tiene de todo un poco. Es ingenioso, pero a la vez ácido. Tiene chispa, pero puede producir antipatía y rechazo cuando adopta esa actitud revanchista y le falta autocrítica. Durante la concentración, también se le preguntó por la ausencia de Marco Asensio y la contestación con la que quiso echar balones fuera generó confusión: “Marco Asensio ahora debe estar viendo una serie de Netflix. Le mando un saludo”. Respuestas de este tipo eran habituales en su etapa de entrenador del Barcelona cuando quería evitar hablar de lo que no le interesa, y por ello cogió fama de impertinente y se le calificó como un ‘vinagre’. Con la Selección, le vemos de vez en cuando, y esta última concentración ha servido para comprobar que no ha cambiado.

Los que le conocen de verdad dicen que es divertido y desconfiado y, sobre todo, que no le gusta la prensa. Ha vuelto en su máxima expresión la versión del Luis Enrique que tiene una personalidad guerrera y alejada de la moderación. Se propone, en su segunda etapa en el banquillo de la Selección, desmontar las críticas que señala como malintencionadas contra David de Gea, e irá hasta el final para cargarse de razones y ganar esta batalla. Es su compromiso con el portero español del Manchester United.

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