TEME BAJONES DE INTENSIDAD Y LESIONES

La nueva normalidad: Zidane prepara al Madrid para competir consigo mismo

Los futbolistas van a sufrir alteraciones durante los partidos por la ausencia de público en las gradas. La falta de ambiente tiene como consecuencia un descenso de la alta intensidad

Foto: Eden Hazard durante el partido de simulacro en el estadio Alfredo Di Stéfano. (realmadrid)
Eden Hazard durante el partido de simulacro en el estadio Alfredo Di Stéfano. (realmadrid)

Zidane, como Quique Setién, Simeone y el resto de entrenadores cuenta con los riesgos físico que hay que asumir en el regreso de la Liga. Después de una larga inactividad y entrenamientos individuales y grupales, sin partidos amistosos, habrá lesiones. Una semana antes de que se reanude la Liga han tenido que parar Messi, en el Barcelona, por una contractura en el cuádriceps y Gareth Bale, en el Real Madrid, por sobrecarga muscular. Así en más equipos. Con las rotaciones y los cinco cambios se pueden prevenir y dosificar los esfuerzos en un calendario extremadamente comprimido. La respuesta física es crucial. La fortaleza mental en cada uno de los jugadores puede ser definitiva para aclimatarse al nuevo escenario que se tienen que enfrentar. Zidane, por ejemplo, decidió simular un partido en el estadio Alfredo Di Stéfano, con los jugadores uniformados con la indumentaria de un encuentro oficial, para familiarizarse a una presión competitiva que se puede confundir con la de un entrenamiento. No es nada fácil. El desafío está en la adaptación y en competir contra uno mismo.

Los futbolistas van a sufrir alteraciones durante los partidos por la ausencia de público en las gradas. La falta de ambiente tiene como consecuencia un descenso de la alta intensidad que deben proyectar profesionales de élite. Es una de las primeras conclusiones que están sacando los entrenadores de la Liga cuando comprueban como en Alemania se producen situaciones que no son habituales. Se ha reducido el número de faltas y tarjetas en la Bundesliga. Es como consecuencia de una disminución de la tensión y las distracciones. Baja la concentración y aumentan el número de errores. Aparece la confusión. Son los síntomas que ofrece el fútbol sin público y al que se tienen que adaptar los equipos españoles cuando se reanude la Liga y se encuentren el escenario de vacío y soledad en las gradas que repercute negativamente en el rendimiento.

Vinicius compite contra Carvajal. (Efe)
Vinicius compite contra Carvajal. (Efe)

Entrarán más factores en juego. La preparación física es la base para soportar un calendario comprimido y la calidad marcará las diferencias. La energía de las piernas y el talento individual servirán para desequilibrar los duelos. Pero se tiene la certeza de que para alcanzar esa intensidad y mantener con regularidad un alto nivel competitivo es esencial que cada jugador se convierta en su propio rival. Es una de las conclusiones que aporta Pako Ayestarán, el entrenador que el 1 de octubre de 2017 estaba en el banquillo de la UD Las Palmas y jugó en un Camp Nou desierto. “El público es un factor importante para generar intensidad. Los espectadores animan, increpan, provocan reacciones en los jugadores que les exige estar con más tensión y enchufados. Esto se va a peder con los partidos sin público. Se está viendo en Alemania. Es más difícil mantener la intensidad en este tipo de encuentros sin ambiente y ruido al que están acostumbrados los equipos. Solo el futbolista que es especial y que compite consigo mismo será capaz de mantener esa intensidad con la que marcar diferencias”, explica a El Confidencial.

El ejemplo de Michael Jordan

El entrenador guipuzcoano tiene la experiencia de haber jugado en el Camp Nou sin público, motivado por el conflicto que se vivía en Catalunya con el referéndum, y reflexiona sobre los problemas y dificultades que se encontrarán sus colegas de profesión. “Hay muchos jugadores que no van a conseguir mantener esa intensidad suficiente porque sus esfuerzos, reacciones y la concentración dependen de los estímulos que llegan desde la grada. Esto no va a existir y esa soledad, esa ausencia de gente, provocará que muchos no den el plus en momentos importantes. Bajarán el nivel de tensión y energía y comprobaremos quiénes son los diferentes. Como por ejemplo sucedía con Michael Jordan, ahora que estamos viendo su figura en el documental de ‘El último baile’ y nos podemos hacer una idea de quién era y hasta qué límites de autoexigencia llegaba. Este tipo de deportistas, que son extremadamente competitivos y se desafían a sí mismo, necesitan continuamente superarse”. Son los que, verdaderamente, no soportan perder ni en un entrenamiento. De esta especie, no hay muchos.

La solución, por lo que comenta un entrenador que ha vivido esta experiencia, está en cada futbolista. Competir contra uno mismo es una buena recomendación para aquellos que son irregulares en el esfuerzo y suelen caer en la relajación o despistes por falta de un ambiente que les motive o les haga estar en alerta. Probablemente a Messi, Luis Suárez, como a Sergio Ramos, Casemiro y jugadores como Diego Costa o Saúl, o Raúl García en el Athletic de Bilbao no les afecte el vacío en las gradas. No necesitan impulsos del exterior. Son casos de competidores naturales e insaciables que se alimentan de su propia voracidad para estar en tensión permanente. Con agresividad y talento saber leer qué necesita el partido y cómo hay que reventarlo. Otros muchos futbolistas sufrirán, en algún momento, la doble flojera: física y mental.

Entramos en el terreno de la personalidad y la mentalidad. El apartado psicológico. Con el carácter, la tenacidad, garra y el temperamento por encima del resto se compensa la falta de alicientes que provocan los aficionados a favor y en contra. “El público es un factor de motivación importante y para competir de verdad hay que tener ese entorno que saca algo más de los futbolistas y que ahora desaparece. Quizás por esto el factor campo en los partidos de casa se esté perdiendo, como vemos en Alemania, y en España puede favorecer a los equipos más pequeños. Ante un graderío vació los jugadores no notarán la presión, pero triunfarán los que tengan en su cabeza ese hambre competitivo”, reflexiona Ayestarán.

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