De Rodney King a George Floyd

Jordan, el equidistante: "Cerró la puerta a hablar de racismo, pero LeBron la reabrió"

El silencio de Jordan en los 90 creó una burbuja de deportistas apolíticos. Ahora se manifiesta por primera vez tras una revuelta racial, a rebufo de una NBA mucho más politizada

Foto: James y Jordan conversan en una fotografía que nunca existió.
James y Jordan conversan en una fotografía que nunca existió.

Bill Russell, Kareem Abdul-Jabbar, Craig Hodges, Stephen Jackson, LeBron James, Stephen Curry, Jaylen Brown. Esta sucesión corresponde a algunos de los jugadores de la NBA más implicados en el conflicto racial a lo largo de las últimas décadas, desde los sesenta hasta hoy. ¿Nota cierto bajón de calidad en los activistas de los ochenta y los noventa?

Podríamos llamarlo 'The Jordan Gap'.

El conflicto racial está presente en la NBA desde que Bill Russell —a quien le negaban el servicio en los restaurantes cuando era una estrella de la liga— pusiera una nota de color en los blanquísimos Celtis de finales de los cincuenta hasta esta misma noche, cuando un nuevo abuso policial contra la población negra de Estados Unidos ha hecho levantar la voz a estrellas como Lebron James, Jaylen Brown, Pau Gasol o Karl Anthony-Towns, pero también a exjugadores del nivel de Allen Iverson, Dwayne Wade o Stephen Jackson.

El abrumador consenso ha servido para que Jordan, el mejor jugador de todos los tiempos, abra la boca por fin. Primero se limitó, como tantas otras veces, a retuitear una campaña publicitaria de Nike. Ayer, a última hora de la noche y ante la presión en las redes sociales, Jordan ahondó un poco más en la defensa de George Floyd. En un comunicado escueto, Jordan mostró su faceta menos vista, la de líder inclusivo: "Nuestras voces, unidas, tienen que presionar a nuestros líderes para cambiar las leyes o, de lo contrario, usaremos nuestro voto para crear un cambio en el sistema", escribe Jordan. Por ponerlo en contexto, la adhesión de Jordan a esta causa llega una semana después de la muerte de George Floyd, y también de que hayan tomado partido antes Pau Gasol, Evan Fournier, Marcin Gortat, Meyers Leonard o Steve Kerr... que ni siquiera son negros.

Jordan se moja por primera vez, a rebufo de una NBA mucho más politizada que en la que él reinó una vez, gracias al camino que abrieron otros. El mismo Jordan que no dijo una sola palabra sobre Rodney King, habla ahora sobre George Floyd. Jordan contra Jordan; Lebron James marca ahora el camino a seguir.

El exitoso documental 'The Last Dance', de Netflix, ha vuelto a poner bajo el foco la figura de Jordan, con sus grandes vicios y enormes virtudes, pero pasa de puntillas por una cuestión clave para comprender al personaje: su equidistancia. El asunto viene de lejos. El jugador se crio en Carolina del Norte, cuyo senador histórico, el republicano Jesse Helms, tenía un amplio historial de declaraciones racistas. En 1989, el afroamericano Harvey Gantt disputó el puesto a Helms, pero Jordan rehusó respaldar públicamente su intento de convertirse en el primer senador afroamericano por Carolina del Norte.

Ni siquiera los ruegos de su madre le convencieron: según su versión, Jordan no conocía lo suficiente a Gantt y, por tanto, no podía avalar su candidatura. En ese contexto, Jordan dijo en privado cinco palabras que le persiguen hasta hoy: "Los republicanos también compran zapatillas".

El abrumador silencio de Jordan, fruto de los ultrapatrocinados años noventa, provocó que cuando Abdul-Jabbar, máximo anotador de la historia de la liga, quiso pasar la antorcha del activismo racial, solo encontró para recogerla la mano de Craig Hodges, un escolta que no fue titular en ninguno de los seis equipos en los que jugó. Tuvo que retirarse a los 31 años, poco después de que le entregase una carta al presidente Bush donde expresaba su descontento con sus políticas para minorías, porque ningún equipo se interesó en ficharlo. Jordan marcó una nueva pauta de comportamiento en la NBA: si quieres hacer mucho dinero, cierra la boca.

Jordan se abrió a la publicidad desde el comienzo de su carrera. (Nike)
Jordan se abrió a la publicidad desde el comienzo de su carrera. (Nike)

"Podemos decir que, igual que Russell y Kareem abrieron la puerta para que el resto de jugadores negros reivindicasen sus derechos, Jordan abrió la puerta a no decir nada", dice Quique Peinado, periodista especializado en baloncesto. "Jordan nunca había tenido una gran conciencia racial. En el documental, cuenta que sufrió muchos episodios de racismo de pequeño, y que su respuesta siempre fue la huida. Nunca habla de confrontación o de liderar un movimiento para proteger sus derechos, su enfoque vital pasa por huir del racismo".

Aunque ahora se recuerda la figura de Bill Russell con admiración y profundo respeto, no solo entre los jugadores negros, en su momento Russell fue uno de los jugadores más odiados de la liga. Fue abucheado en cada cancha de Estados Unidos, muchos rivales le negaron el saludo e incluso una noche fans de su equipo entraron en su casa, destrozaron el mobiliario, la llenaron de pintadas racistas e incluso defecaron en su cama. Mientras estuvo en activo, "Jordan siempre fue un pusilánime en los aspectos políticos y sociales. Al respecto, corría cero riesgos con cualquier cosa que pudiera poner en peligro su fama o su fortuna", dice Peinado.

Pero quizá el pronunciamiento de Jordan sobre George Floyd llegue tarde. Retirado hace 20 años y propietario de uno de los equipos de la NBA, el momento de alzar la voz para el 23 quedó atrás. Tuvo su mejor oportunidad el 6 de marzo de 1991, cuando una cadena local de Los Angeles emitió unas imágenes que darían la vuelta al mundo: cuatro policías de la ciudad apalizando con porras a Rodney King, un joven negro acusado exceso de velocidad. Mientras estaba en el suelo, King recibió 33 golpes de porra y 7 patadas de los agentes.

Un año después, un jurado compuesto mayoritariamente por blancos absolvió a los cuatro policías. Esto desencadenó revueltas raciales por todo el país que terminaron con 54 muertos y más de 200 heridos que sirvieron, al menos, para que se volviese a juzgar a los agentes y dos de ellos fueran condenados. Jordan, por entonces el deportista más famoso del mundo, no dijo una palabra. "Fue escandaloso que Jordan no dijera nada sobre Rodney King. Silencio con toda la sociedad estadounidense conmocionada con las imágenes de brutalidad policial y los disturbios en Los Ángeles", dice Jacobo Rivero, escritor y exentrenador de la cantera de Estudiantes, "y en la NBA nadie dijo prácticamente nada sobre esto, salvo jugadores como Craig Hodges, que compartía vestuario con Jordan. El entonces comisionado de la NBA, David Stern, había vinculado el baloncesto NBA con el 'hip hop', como una nueva moda 'cool', pero a partir de lo de Rodney King se activaron curiosamente los códigos de vestimenta en la NBA, porque Stern no quería que los jugadores parecieran salidos de un grupo de 'gangsta rap'...".

Esta es la NBA más contestaria con los abusos de poder, y no es gracias a Jordan

Continúa Rivero explicando 'The Jordan Gap': "Es un símbolo de esa época, que coincide con la primera Guerra del Golfo, la de la derrota de la generación más implicada políticamente, la que salía en 'El gran Lebowski'. El mirar hacia otro lado. Jordan fue el primer hombre marca, con las Air Jordan, lo que implícitamente iba acompañado de evitar la política entonces. Jordan se parece más a O. J. Simpson en ese sentido. Las estrellas no eran bienvenidas a la política".

"Sin duda Jordan es hijo de su tiempo", dice Peinado, "de Reagan, el ultrapatrocinio y que por entonces manifestarse políticamente no era tan sencillo como ahora. Es cierto que estuvieron Bill Russell y Kareem, y en menor medida Julius Erving, pero eran casos concretos, la liga no solía decir nada. Sin lugar a dudas la actual es la NBA más politizada. Es un fenómeno que comienza con LeBron posicionándose en el caso de Travyon Martin y que no solo es él, sino una camarilla de amigos que también tienen conciencia de clase como Carmelo Anthony, Chris Paul... cada uno a su manera, son jugadores que se han posicionado políticamente. Lebron abrió la puerta a que Steph Curry decidiese, por ejemplo, no acudir a la Casa Blanca en modo de protesta, de la misma manera que Jordan abrió la puerta a que nadie se posicionase".

Son las dos caras del Jordan jugador: competitividad extrema en la pista, escasa implicación fuera de ella.

El otro Jordan

La figura de Jordan, espoleada por campañas de marketing nunca antes vistas, influyó no solo en la forma de andar, vestir o jugar al baloncesto de medio planeta, sino también a la hora de dejar la política para el ámbito privado. Al respecto, hay una anécdota que no está en el documental de Netflix, aprobado y supervisado por Jordan, y que sirve para explicar algunos de sus rasgos de comportamiento. 1990: Irak invade Kuwait. 1991: EEUU echa a Irak de Kuwait y penetra en territorio iraquí. George Bush padre duda si recrudecer la guerra —invadir Bagdad para derrocar a Sadam Husein— o dejarlo estar. ¿Qué pasaba entonces en el vestuario de los Chicago Bulls de Michael Jordan? Al entrenador Phil Jackson crecido en la cultura antiVietnam— no le gustaba un pelo la invasión de Irak. Jackson preguntó a sus jugadores si EEUU debía invadir Bagdad. Los más fogosos Michael Jordan, Scottie Pippen dijeron que sí. Jackson contrargumentó posibles efectos secundarios: los hijos de los iraquíes muertos cogerían tal odio que acabarían haciéndose terroristas y "volando un rascacielos" en EEUU. Tal cual. Jackson no mencionó las Torres Gemelas (hubiera sido el colmo) sino la Torre Sears de Chicago, pero como profecía no tiene desperdicio.

Este episodio figura en 'The Jordan Rules', libro del periodista Sam Smith, que en 1991 reveló lo que dosifica ahora el documental y ha abierto los ojos de muchos: que Jordan no solo era el mejor jugador del mundo y una máquina carismática de vender zapatillas, sino también un líder tóxico por su competitividad obsesiva.

El libro de Smith —que contaba un año en la vida de los Bulls— no era amable, aunque tampoco una demolición de Jordan como se interpretó, porque la imagen del jugador era entonces inmaculada. La marca de la estrella del básquet sonriente y para todos los públicos valía miles de millones de dólares. Jordan evitaba todo aquello que pudiera salpicar su imagen/marca, ya fuera una declaración política o un texto incisivo sobre su caprichoso manejo del vestuario. El jugador estaba entonces en máximos de popularidad intachable. En ese contexto, el libro de Smith cayó como una bomba.

Se lo contó Jerry Reinsdord, dueño de los Bulls, a Sam Smih esos años: "A Jordan le preocupaba demasiado su imagen". "Si Jordan era un producto de la sociedad de consumo estadounidense, también era prisionero de la imagen que había creado. Se convirtió en el portavoz más visible de los productos de grandes marcas por su imagen impoluta. Era encantador, de sonrisa fácil y halagadora. Su nombre nunca se había asociado a ningún escándalo o hábito cuestionable", resumió Smith años después en un nuevo prólogo del libro.

El denostado 'The Jordan Rules' se ha convertido en un libro a reivindicar.
El denostado 'The Jordan Rules' se ha convertido en un libro a reivindicar.

Sam Smith tiene ahora 72 años. Antes de dedicarse a escribir sobre baloncesto, fue periodista político y de investigación. Quizá por ello, cuando se puso a escribir un libro sobre Jordan y los Bulls, fue bastante más allá de lo que había hecho nadie hasta entonces. Dado que el periodista trabajaba en el 'Chicago Tribune', que el libro generó una enorme polémica y que Jordan era entonces dios, Smith se convirtió en un apestado en su propia ciudad durante unas semanas. Pero como diría José María García: el tiempo, ese juez supremo que da y quita razones, ha acabado poniendo en su sitio a Smith y a su libro, una de las grandes historias del periodismo deportivo. Lo que cuenta ahora el documental de Netflix, lo contó Smith sin filtros cuando Jordan estaba en plenitud de sus poderes.

Mirando hacia atrás sin ira (y hasta con humor), Smith recuerda para El Confidencial cómo vivió aquellos años en los que fue la única voz discordante: "El libro fue muy controvertido por muchos motivos. Salió al tiempo que Jordan estaba envuelto en un escándalo de apuestas, que incluía un fin de semana secreto de apuestas en lugar de ir a visitar la Casa Blanca con los Bulls. El libro difería de su idílica imagen publicitaria, y de su supuesto comportamiento perfecto hacia sus compañeros de equipo. Así que mucha gente no se creyó el libro. En Chicago decían que exponer rencillas entre los jugadores era perturbador y haría que los Bulls no volvieran a ganar".

Jordan asumió el liderazgo de Phil Jackson, pero aprovechaba las charlas prepartido para ir al baño

El libro cubrió la temporada 90/91, el año que los Bulls ganaron su primer anillo. Para no haber ganado ningún título hasta entonces, Jordan ya se tomaba licencias inauditas en el vestuario, como saltarse las charlas del entrenador Phil Jackson antes de los partidos. ¿Sus motivos? Tenía que ir a hacer... caca. No es broma en ninguno de los sentidos: Jordan iba al baño de verdad, tenía la costumbre de hacer de vientre antes de jugar, salvo que los demás jugadores, tuvieran o no o ganas de hacer popó, sí asistían a la arenga, según Smith.

Para el periodista, el problema de que su libro fuese tan mal acogido tiene que ver con la versión idealizada que la prensa deportiva había creado en torno a Jordan: "Muchos fans de los Bulls se enfadaron debido a la narrativa esparcida por algunos periodistas celosos y competitivos que decían que yo había arruinado el equipo".

Pero la racha de triunfos no había hecho más que empezar y Jackson nunca ocultó que Jordan recibía trato especial, igual que años después permitió a Dennis Rodman irse de farra en plenos playoffs para desfogar. Jackson es una especie de guerrero zen: su habilidad para hacer equipos con estrellas de egos monstruosos está fuera de toda duda: 11 títulos con los Bulls de Jordan y los Lakers de Kobe Bryant. ¿Significa esto que el 'hippie' Jackson nunca paró los pies a Jordan? No.

Jordan, en su famoso mate desde la línea de tiros libres de 1988. (NBA)
Jordan, en su famoso mate desde la línea de tiros libres de 1988. (NBA)

De hecho, Phil Jackson se ganó el respeto del jugador poniéndole límites, al contrario que el entrenador anterior de los Bulls, Doug Collins, tan centrado en agradar a Jordan... que le acabó alienando. "Collins permitió tan rápidamente las pataletas pueriles de Jordan, que el jugador se dio cuenta de dos cosas: que podía hacer lo que le diera la gana sin miedo al castigo, y que no podía respetar más a su entrenador", escribió Smith. Tras un partido crucial contra los Pistons —final de Conferencia en 1990— Collins le dijo a Jordan que estaba chupando demasiado. ¿La respuesta de Jordan? Apenas tiró a canasta el siguiente partido. La prensa habló esa noche de la legendaria defensa de los Pistons; solo Jordan y Collins sabían qué había pasado en realidad: que Jordan se había comportado como una damisela ofendida. "Era una cuestión de orgullo", apunta Smith.

El mismo orgullo que llevó a Jordan a meter un día 69 puntos tras comprobar que el equipo rival, los Cavs, iban a cubrirle todo el partido con un solo hombre, el 'blanquito' Craig Ehlo. ¡Jordan se sintió insultado! Es decir, su fuego competitivo le llevaba a comportarse a la vez como un niñato irresponsable y como el mejor jugador de su era. Era un pack indisoluble. Una de las claves psicológicas del jugador era típica de los niños de entre dos y tres años: desafiar a tus padres haciendo algo prohibido, cuando en el fondo deseas que te pongan límites. Phill Jackson lo caló enseguida.

"A pesar de la aparente sofisticación de sus relaciones con los medios y el público, Jordan era a menudo como un niño que buscaba disciplina, llevando los asuntos al límite, hasta que alguien venía a castigarle. Jackson se dio cuenta enseguida, y usó en su propio beneficio la necesidad de Jordan de una figura paterna; Jackson no toleraría los arrebatos infantiles de Jordan", escribió Smith.

"La principal virtud de Phil Jackson", dice Quique Peinado, "es su infinita capacidad para entender las necesidades de las superestrellas y, a la vez, convencer al resto del equipo de que los privilegios de los que gozan estos jugadores redundan en un bien común". Continúa Peinado: "Jackson es el mejor gestor de egos y personalidades de la historia de la NBA: solo así se explica su éxito teniendo a tres estrellas en las que una es un golfo (Rodman), otro está enfadadísimo con el equipo (Pippen) y el tercero... es Michael Jordan".

Jordan era a menudo como un niño que buscaba disciplina, llevando los asuntos al límite, hasta que alguien venía a castigarle

Tras ganarse su respeto, Jackson cambió el sistema de los Bulls. Jordan empezó a jugar más en equipo y los títulos llegaron. Pero aunque hubo final feliz, los primeros meses del entrenador —los de menos balones a Jordan y más pases rápidos para buscar otras amenazas ofensivas— fueron una tortura, con Jordan frustrado por no tener suficiente protagonismo. El nuevo "juego en equipo" le dificultaba ser el máximo anotador de la Liga. En privado, Jordan criticaba duramente el nuevo sistema, según Smith. En público, dejaba caer sutilmente su malestar. Dado que Jackson le recortó los minutos en cancha, Jordan decidió tirarse hasta las zapatillas en los arranques de los partidos para no caer en las estadísticas de anotación. Preguntado por ello por la prensa, el entrenador contestó: "Cuanto mayor me hago, más paciente me vuelvo". La guerra psicológica la acabó ganando el samurái Jackson.

Es muy probable que la mano izquierda de Phil Jackson privase al mundo de ver una versión mucho más agresiva e individualista de Jordan. En uno de sus libros de memorias, 'Once anillos', Jackson reflexionó sobre la relación entre egos, millones y juego de equipo: "Hacen falta años de preparación para conseguir que los atletas jóvenes tomen distancia de sus egos y se involucren de lleno en la experiencia grupal. La NBA no es precisamente el entorno más adecuado para inculcar la generosidad. Aunque se trata de un deporte en el que participan cinco jugadores, la cultura que lo rodea fomenta los comportamientos egoístas y resalta los logros individuales más que los vínculos entre el equipo... El baloncesto se ha convertido en una industria que produce miles de millones de dólares... y con una compleja maquinaria mediática... Una de las consecuencias lamentables de esto es la obsesión por el estrellato en términos mercantiles, la cual infla los egos de un puñado de jugadores y causa estragos en aquello que hace que la gente se sienta atraída por el baloncesto: la belleza intrínseca de este deporte". Jackson no se refería a ningún jugador en concreto, sino a un ecosistema, del que Jordan y Bryant fueron sus productos más depurados, al menos hasta que Jackson los 'colectivizó'.

El modelo inspirador

Durante los últimos 30 años, la figura de Michael Jordan ha sobrepasado los ámbitos del deporte o los jóvenes. Miles de entrenadores, directivos y empresarios han recurrido a la legendaria voracidad competitiva del escolta como fuente de inspiración para conseguir objetivos impensables. Esto solo fue posible gracias a un ambiente acrítico, de fascinación colectiva, que le encumbró sin hacerse preguntas. Sin embargo, el documental de Netflix ha servido para descubrir que el comportamiento de Jordan con sus compañeros se asemeja mucho a lo que hoy conocemos como un liderazgo tóxico, algo que Sam Smith advirtió cuando nadie quería escucharlo. "El documental es una hagiografía, una celebración de Michael. Como debe ser. Es él contado su historia a su manera por primera vez. En mi opinión no pretende ser periodístico. Otros antes que él, incluido yo, han contado antes su historia, está bien que ahora lo haga él, y obviamente la gente lo está disfrutando. Todo el mundo es un héroe cuando cuenta su historia personal. Es lo natural", dice Smith a este periódico.

El periodista Sam Smith, a la derecha, en una videoconferencia reciente.
El periodista Sam Smith, a la derecha, en una videoconferencia reciente.

El periodista fue el primero en detectar que, lejos de los focos, Jordan mostraba un lado más inquietante: "Yo no lo llamaría un lado oscuro. Yo sabía que su relación con sus compañeros de equipo era mayormente buena, solo que podía llegar a ser severo y exigente tanto de broma como de un modo desafiante que no gustaba a muchos compañeros. En el documental reconoce que era su modo de ejercer el liderazgo. Yo me di cuenta entonces. No investigué nada especial. Era un diario del día a día de un equipo. Un vistazo a las bambalinas de una temporada", dice Smith.

Pero Jordan no engañó a nadie. Al poco de llegar a la NBA explicó sus prioridades con gran candidez: "Primero pienso en mí mismo, luego en el equipo. Siempre quiero que mis equipos triunfen, pero gracias a mí". "Es duro jugar con Michael Jordan porque siempre eres el motivo de que el equipo pierda", resumió el ex jugador Dave Corzine. De aquellos Bulls de Corzine y Artis Gilmore, entre los que Jordan no conserva muchos amigos, dijo en el documental que consumían cocaína y contrataban prostitutas en los viajes de partido.

Jordan, durante su temporada como novato. (NBA)
Jordan, durante su temporada como novato. (NBA)

A Jordan le salvaba su simpatía y su carisma natural, pero de puertas para adentro, su capacidad para irritar era alta. La actitud hacia sus compañeros basculaba entre el chascarrillo y la condescendencia ofensiva. Algo así como: con estos mataos no llego ni a la vuelta de la esquina, como si en lugar de en los Bulls jugara en el equipo de discapacitados de 'Campeones'. Al pívot Bill Cartwright le molestaba el Jordan perdonavidas. "Cartwright no podía entender por qué la prensa excusaba los arrebatos de Jordan como un mero deseo competitivo de ganar. ¿Acaso el resto de jugadores no se esforzaba en ganar, no querían ganar o quizá no merecían ganar porque no eran tan talentosos?", escribió Smith. Cartwright tenía motivos para estar cabreado: en la temporada 88-89, Jordan dio la orden de no pasarle el balón durante los últimos minutos de los partidos (el entrenador Collins ni se enteró). "No tengo nada en contra de Bill, pero pasarle el balón en los últimos minutos no era buena idea, lo sigo pensado", dice Jordan en Netflix.

En ocasiones, Jordan podía ser tan demandante como un casero macarra: en 1987 "quebró" psicológicamente a un novato (Brad Sellers) con abuso verbal y físico en los entrenamientos. ¿El motivo del ensañamiento? Jordan había pedido a la directiva fichar a otro jugador en lugar de Sellers, pero no le hicieron caso, se sintió traicionado y lo pagó con el novato. Según el libro de Smith, Sellers quedó tan tocado que su carrera en la NBA fue corta.

Jordan siguió amedrentando a los compañeros que no llegaban a su nivel. Scott Burrell, un atleta estratosférico por el que pugnaron la NBA y la NFL, es constante objeto de mofa 'jordanesca' durante todo el documental. A Horace Grant, el hombre que hacía el trabajo sucio en los Bulls antes que Jordan, lo acosó durante sus últimos años en el equipo, hasta el punto de forzar su salida entre acusaciones de ser el topo del libro de Sam Smith. Al joven Toni Kukoc, estrella emergente europea, le sometió a constantes humillaciones y desprecios por un simple motivo: que llegaba a los Bulls cobrando más que Scottie Pippen. Por supuesto esto no era culpa del croata, sino del manager Jerry Krause, a quien Jordan se refiere a menudo como "enano gordo y feo". A Steve Kerr y Will Purdue, dos de sus más fieles escuderos, Jordan les dedicó sendos puñetazos en la cara después del entrenamiento. Hay más ejemplos, pero la idea parece clara.

Los imbatibles Bulls del 98. (NBA)
Los imbatibles Bulls del 98. (NBA)

Llegados a este punto, nos preguntamos: ¿Debemos desterrar el ejemplo de liderazgo de Jordan para siempre? Responde Jacobo Rivero: "Lo del liderazgo de Jordan es complicado de juzgar, porque a veces un liderazgo agresivo genera un nivel de tensión competitiva que involucra al resto de jugadores. Eso suele terminar de manera explosiva dentro del vestuario, aunque también depende de cómo lo gestiona cada jugador desde la soledad de su casa. Jordan explotó eso al máximo, aunque se implicaba de forma tan bestia que obligaba al resto de jugadores a no quedarse atrás. También era la lógica perversa de la NBA esos años. El éxito por encima de cualquier límite. La NBA venía de una tragedia, la enfermedad de Magic Johnson y el fin del ciclo de los Lakers contra los Celtics. Necesitaba superar ese listón con Michael Jordan. Había que generar una nueva dinastía. La tiranía de Jordan sirvió para alimentar ese modelo de competición. También había un problema con el baloncesto de formación. Jordan y otros salieron de equipos universitarios ultracompetitivos. Cuando todo está encaminado a la victoria, los entrenadores tienen problemas para gestionar las cabezas de los jugadores jóvenes. Es el éxito por encima de todo. El tipo de éxito en el que no te importa una mierda ni el rival ni tus compañeros".

"El de Jordan es un estilo de liderazgo que lleva a ganar mucho, pero también a sacar de quicio a la excelentísima persona que es Steve Kerr, que es un entrenador con un estilo de liderazgo que va camino de convertirse en una leyenda", dice Peinado. "Si medimos el éxito de un liderazgo en cuanto a rendimiento, Jordan fue un gran líder. Ahora bien, cabe preguntarse cuántos amigos ha dejado en el proceso. Cuando Jordan rompe a llorar en el documental, es porque sabe que sus excompañeros tienen una muy mala imagen de él. ¿Es necesaria esta actitud para conseguir tantos campeonatos? No lo sé, lo que sí sé es que el coste en cuanto a su vida personal es grande".

Salir de la madriguera

La obsesión de Jordan con su imagen es una de las grandes subtramas de 'The Last Dance'. A lo largo del metraje —que sin el concurso de Jordan no hubiera tenido sentido— afloran los aspectos más conflictivos del comportamiento de la estrella de los Bulls, pero sin hacer sangre; acaba siendo una celebración de una figura con claroscuros. La jugada no estaba exenta de riesgos para Jordan, dado que el control del relato es ahora muchísimo más difícil que en 1991. ¿Por qué ahora? Tras años de reclusión mediática, Jordan quizá decidió salir de la madriguera para revisar/alimentar su legado ante una amenaza exterior: se empezaba a decir que LeBron James era tan bueno como él. Según 'The New York Times', Jordan dio luz verde al documental el mismo día que Cleveland celebraba el triunfo de los Cavaliers ante los indestructibles Golden State Warriors, nuevo anillo heroico para LeBron. ¿Le inquietaba a Jordan que LeBron opacara su reinado? ¿Tenían claro los 'millennials' quién era el verdadero rey de la NBA? ¿Mueven los grandes egos el mundo?

Sam Smith, el hombre que vivió los Bulls desde dentro, valora el documental de Netflix, pero lo ve en otra categoría, más cercana al entretenimiento que a la información: "El documental es honrado. Es mayormente preciso y creo que han hecho un buen trabajo. Pero siento que, en unas pocas cosas, no cuentan toda la verdad, aunque ellos probablemente digan que es mi verdad y no la suya. Creo firmemente que Jordan no quería seguir jugando en la temporada 1998-99 [el jugador deja caer en el documental que se retiró de los Bulls forzado por la directiva, y nadie le desmiente a las claras]. Ahora dice que sí quería seguir. No obstante, se ha escrito tanto sobre Jordan que creo que hay más verdades sobre él que sobre cualquier otro deportista de la historia".

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