no ha cometido actos de indisciplina

Las claves de la guerra fría entre Bale y el Real Madrid: orgullo, desprestigio y dinero

Zidane no cuenta con Bale ni el galés quiere seguir con el entrenador francés. La relación está rota, pero eso no significa que el futbolista haya tenido un mal comportamiento o un acto de indisciplina

Foto: Gareth Bale, durante la pasada temporada. (Reuters)
Gareth Bale, durante la pasada temporada. (Reuters)

El Real Madrid decide anteponer la remodelación de la plantilla y seguir con los fichajes con el riesgo de que se quede Gareth Bale. Florentino Pérez y Zidane, junto con José Ángel Sánchez (director general ejecutivo), optan por no supeditar el proyecto a las tensiones que provoca la gestión de la salida de Gareth Bale. Las dificultades las ponen el galés y Jonathan Barnett (agente del jugador), según el Real Madrid. No están por la labor de encontrar una solución consensuada y no se descarta que la táctica del galés y su representante sea la de llegar hasta el último día de agosto. Bale se niega a dejar el Real Madrid por su malestar con Zidane y no comparte los motivos que le señalan como uno de los culpables de los malos resultados de la última temporada. Para marcharse, pide todo el tiempo que haga falta para valorar si mejora, en otro equipo, en lo deportivo y económico.

Zidane no cuenta con Bale ni el galés quiere seguir con el entrenador francés. La relación está rota, pero eso no significa que el futbolista haya tenido un mal comportamiento o un acto de indisciplina que dé motivos para su rescisión de contrato. Los dirigentes del Real Madrid hablan de Bale como “un buen chico” y no ponen quejas. Gareth Bale no ha tenido una mala contestación, reproche, gestos en los entrenamientos por los que se pudiera interpretar que ha bajado los brazos o actitudes censurables. Se le ha recriminado que se fuera del Bernabéu antes de acabar un partido cuando estaba en la grada lesionado y le cazaron las cámaras de televisión. Pero Bale no ha dado grandes problemas extradeportivos o escándalos por los que se le pueda culpar de mal comportamiento. Las malas caras cuando no ha jugado son producto de la frustración.

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Gareth Bale argumenta al club que tiene compromiso y fuerzas para demostrar que puede ganarse un puesto en el once y ser útil. No se siente inferior a ningún jugador de la actual plantilla. Zidane no incluye en el informe que recomienda la venta de Bale ningún aspecto disciplinario. Se trata de una decisión deportiva y de renovación de un proyecto en el que el galés ha perdido la confianza. El entrenador que relegó a un papel secundario y de revulsivo a Bale en las finales de la Champions en Kiev y Cardiff entiende que lo más conveniente es una salida. Bale no lleva bien estar en el banquillo y Zidane prefiere no mirar hacia atrás y ver en el banquillo a un jugador desconectado.

El asunto económico es el punto caliente en la guerra fría que mantiene el representante (Jonathan Barnett) con el Real Madrid. El agente insiste que Bale es uno de los mejores futbolistas del mundo y así lo ha demostrado en diferentes partidos clave del Real Madrid. Esto no significa que se cierre a escuchar ofertas que puedan llegar en las próximas semanas. Pero Bale y su agente quieren elegir bien qué equipo, país y condiciones ponen los clubes que estén interesados. El 16 de julio cumple 30 años y busca un buen contrato. Tan importante es el proyecto deportivo que le presenten cómo mejorar el sueldo que tiene en el Real Madrid, donde gana 17 millones de euros netos. Bale no se va a ir perdiendo dinero sino todo lo contrario. Igual que Cristiano Ronaldo mejoró con su traspaso a la Juventus, el galés tiene claro que no puede dar un paso atrás yéndose a un equipo con menos aspiraciones deportivas que el Real Madrid y peores condiciones económicas. Esto complica, todavía más, el acuerdo de una venta.

Bale tiene el orgullo tocado por cómo le ha tratado, deportivamente, Zidane. No se quiere dar por vencido ni quedar como un fracasado. En el Madrid seguirán otros jugadores, como Marcelo o su gran amigo Luka Modric, que pueden haber tenido un rendimiento tan bajo como el suyo. Esa sensación de estar ninguneado y las presiones que recibe para irse le hacen estar más firme en su decisión de no precipitarse en la toma de decisiones. Le duele que le hayan desprestigiado. Su representante se encarga de lanzar mensajes, con ironía, sobre su futuro cuando dice que “las lesiones no están en el menú y hay más posibilidades que yo gane en Ascot que esta opción. Una cesión es algo que no va a pasar. En España tiene una vida encantadora y creo que sería algo excepcional para él dejarlo todo”. No oculta las tiranteces.

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