Una amistad inquebrantable

Los demonios internos de Jesús Navas (y cómo Sergio Ramos le ayudó a superarlos)

El madridista es el padrino de Jesusito, el hijo de Navas, y ha celebrado el retorno del sevillista a la Selección. Se conocieron en la cantera hispalense y forjaron una gran amistad

Foto: Jesús Navas dedica un gol contra el Barça esta temporada a Antonio Puerta. (EFE)
Jesús Navas dedica un gol contra el Barça esta temporada a Antonio Puerta. (EFE)

A Jesús Navas (33 años) no le asusta nada en el fútbol. Con su aspecto de niño sacado de los folletos de una parroquia, el jugador del Sevilla ha quemado su DNI biológico y después de cinco años ausente, regresó a la Selección española. Luis Enrique, el seleccionador, dio un paso valiente y el 'Duende de Los Palacios' agarró el petate y sin pestañear un segundo se presentó en Las Rozas, donde le esperó con los brazos abiertos su compadre, Sergio Ramos. Navas y Ramos, los compadres de la Roja, estuvieron de vuelta estas semanas.

Mes arriba o mes abajo, camero y palaciego pertenecen a la quinta que se crio en la Ciudad Deportiva del Sevilla, uno de los mejores semilleros de futbolistas de España. A pocos metros de la puerta principal del 'Jesús Navas', campo principal con capacidad para 8.000 personas y donde celebra sus partidos el Sevilla Atlético y el femenino del Sevilla FC, un gran cartel despeja dudas, pues se ven las imágenes de Carlos Marchena (ahora mano derecha de Caparrós), Sergio Ramos, Jesús Navas y Antonio Puerta (el mosquetero ausente, trágicamente fallecido cuando ya estaba rompiendo como estrella), todo presidido por una leyenda incuestionable: “Aquí se forman campeones del mundo”.

Sergio Ramos, Antonio Puerta y Jesús Navas formaban el trío de mosqueteros más prometedor del Sevilla de las últimas décadas. Joaquín Caparrós los hizo debutar en el primer equipo y muy pronto dejaron sello de futbolistas con pies de oro. Fuera de la cancha eran tres amigos que también reían y tenían en la frente el cartel de 'peligro', por las bromas y el descaro que gastaban. Eran la alegría del Sevilla y la ilusión de un club que comenzaba a dibujar boceto de entidad grande. Antonio Puerta se marchó demasiado pronto al Tercer Anillo por culpa de un corazón que se rompió en plena gloria. Antes dejó un gol para la historia y las semillas de los primeros títulos. Jesús Navas y Sergio Ramos siguieron su ascenso, aunque jamás olvidaron al hermano caído. Sergio siempre ha tenido una camiseta con el rostro de Antonio y con ella ha festejado la mayoría de los títulos conseguidos. Desde su regreso a Nervión, Jesús porta el dorsal número 16, el que llevaba Antonio. Los tres son y serán hermanos para siempre.

Caparrós señala el cartel que luce orgulloso el Sevilla a las puertas de su ciudad deportiva (SFC)
Caparrós señala el cartel que luce orgulloso el Sevilla a las puertas de su ciudad deportiva (SFC)


Jesús y Sergio, tanto monta... y la que montaron

Sergio Ramos, que es padrino de Jesusito, el hijo mayor del 16, fue uno de los que más empeño puso para que Jesús Navas, su socio, aplastara para siempre a los demonios internos que impedían al palaciego vivir con normalidad lejos de su hábitat y de su entorno familiar. Y cuando Navas aterrizó en la selección, Ramos se encargó de buscarle entretenimiento y que la sonrisa nunca se le borrara del rostro. Eran los Zipi-Zape, los diablillos de la roja, un peligro andante que, por ejemplo, padecieron Raúl Albiol y Arbeloa, compañero de cartas, mosqueados porque siempre les ganaban los sevillanos; hasta que se percataron que hacían trampas y los rinconetes de Hispalis tuvieron que salir por piernas y encerrarse en el austero cuarto de aquel hotel surafricano. Eso sí, con dolor de estómago por tanta risa desternillante.

Cuando le preguntan a Jesús Navas por Sergio Ramos una sonrisa espontánea le asalta y le brillan sus expresivos ojos aguamarina: “Sergio es el padrino de Jesús, mi hijo mayor. Solemos vernos mucho. Nuestra amistad es muy sólida, desde la época en los juveniles del Sevilla. Sergio es un hermano para mí. Él y yo siempre íbamos juntos en la Selección. Y también con David (Silva)”.


Testigo en la boda de Sergio

Jesús, que será testigo de Sergio cuando éste se case con Pilar Rubio en la catedral de Sevilla, es un tipo entrañable y tan tímido como un pavo en una reunión de hambrientos (nada parecido a su primogénito, dicharachero y hablador), llegó a la Ciudad del fútbol de Las Rozas como si los cinco años transcurridos hubieran pasado a la velocidad de la luz y, como Fray Luis de León, dijo a Sergio Busquets, Jordi Alba y otros veteranos del grupo nacional un “decíamos ayer” que le salió del corazón. Luis Enrique fue el más optimista, porque el seleccionador sabía que su elección no se rajaría. Y así fue: “Jesús estuvo excepcional. No falló en nada, superó sus marcas y puso numerosos centros exquisitos”, aseguró el seleccionador tras el duro partido contra Noruega.

Y Navas, más feliz que una perdiz. El palaciego vive un momento mágico. Está donde quiere estar, en su casa que es Nervión, con su gente y dispuesto a entrar por su banda como bala de ametralladora. En la Ciudad Deportiva, en el campo que lleva su nombre, saluda a los guardias jurado, bromea con los utilleros y le saca una risa sincera a Pablo Sarabia. Es el capitán del Sevilla, alguien que arranca reverencias: “Jesús es un gran chico. Un ejemplo para todos. Con la edad que tiene lleva muchos partidos en las espaldas y nunca baja los brazos. Ganó un Mundial y ha vuelto a ir con la Selección. Tener un capitán así es una ayuda para todos”. Lo dijo el pasado lunes Éver Banega, otro de los ídolos del Sevilla. Y Navas, redebutó en La Roja, bajo la atenta mirada de su compadre y la lupa de toda España. Dispuesto siempre a liarla y que no le falte un perejil.

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