CANSADOS DE QUE NO SE DEJE AYUDAR

La soledad en el Barcelona del introvertido, infantil y "empanao" Dembélé

Introvertido, infantil, “empanao”, son los calificativos con los que sus propios compañeros le dibujan. Y ya están cansados porque es él quien no se deja ayudar

Foto: Dembélé en un partido con el Barcelona en el Camp Nou. (Efe)
Dembélé en un partido con el Barcelona en el Camp Nou. (Efe)

La última imagen de Ousmane Dembélé es bailando en el gimnasio con su compañero de la selección Antoine Griezmann tres días después de haber sido relegado, castigado a la grada, en el Barça-Betis. No se presentó el jueves pasado a un entrenamiento y en el club tardaron horas en poder localizarle. Fue la gota que colmó el vaso de la paciencia de Ernesto Valverde, al que no le quedó otra opción que amonestarle públicamente dejándole fuera de la convocatoria. Ya le gustaría al técnico, y al club, que Dembélé se tomara el fútbol en serio, pero ya no saben qué hacer con él.

Mientras, las últimas declaraciones del mánager Pep Segura, que se reunió junto a Eric Abidal con el agente del jugador según adelantó Mundo Deportivo, han sido para intentar aplacar la tormenta en un vaso de agua. En el programa ‘Què t’hi Jugues’ de la Cadena SER, Segura negó la mayor: “No hay ningún problema con Dembélé”, lo que da medida de la impotencia del club ante el visible atolladero al que se enfrentan. El jugador vive en su propio mundo, no tiene ni un solo aliado en la plantilla y sus propios compañeros le dan por perdido si no hace un ‘clic’ brutal. Ya no es que llegue tarde a los entrenamientos, que no se cuide y despida al cocinero que el club le proporcionó, que no haga caso de las indicaciones de Valverde en las sesiones tácticas, que circulen rumores sobre su comportamiento en Barcelona y hasta que Didier Deschamps, el seleccionador francés, admita que también tiene retrasos en los horarios con ‘les bleus’ y que debe madurar, sino una cuestión de carácter. Dembélé se ha quedado solo.

Introvertido, infantil, “empanao”, son los calificativos con los que sus propios compañeros le dibujan. Y ya están cansados porque es él quien no se deja ayudar. Lo han intentado. Comprendían que su juventud y las características especiales del juego del Barça podían ser difíciles de asimilar para un recién llegado y más cuando a las primeras de cambio se lesionó, pero el problema persiste y va más allá de la actitud. Es una cuestión de carácter, de personalidad, y por lo que cuentan Dembélé va a su bola y no escucha, o hace caso, a nadie. Es un elemento extraño en el vestuario, que ya da por sentado que se salta las reglas internas a la torera porque o le dan igual, o no le importan. Porque, por ejemplo, Messi y Luis Suárez tampoco son los más puntuales de la plantilla, pero entre su trayectoria y su implicación en el terreno de juego no hay quien les tosa. El francés, en cambio, es un islote y ya nadie está por la labor de cubrirle las espaldas.

La última oportunidad

El asunto es tan grave como parece, pero Valverde ya ha demostrado que no es rencoroso y en sus declaraciones siempre elogia las cualidades de Dembélé. Seguirá teniendo minutos y oportunidades. Y su anarquía es un arma que se puede utilizar y que al Barça le vino fenomenal en la Supercopa, ante el Valladolid o Anoeta. La inteligencia emocional y la serenidad del Txingurri son agua bendita para el club, atónitos ante el problemón y confiando en el milagro de que el francés se ponga las pilas. Pero, sobre todo, en las oficinas son conscientes de que si no ocurre, lo primero en la ley de la oferta y la demanda es no devaluar el producto. Así, se pueden entender mejor las palabras de Pep Segura sobre que “no hay ningún problema”.

Si al Barça le hubiera llegado una oferta del Liverpool, como publicó ‘The Sun’ por 100 millones de euros para este mercado de invierno, la sensación es que Bartomeu le acompañaría al aeropuerto de El Prat y hasta le pagaría el avión privado. “A día de hoy no tenemos nada por Dembélé y no tenemos ninguna voluntad de cambiar la estructura de la plantilla”, ha afirmado Pep Segura a la SER. Ojalá, ojalá la tuvieran tal y como están las cosas. Mientras, rezan para que el francés aproveche la última oportunidad. Que aterrice de la galaxia lejana en la que se encuentra de una vez por todas o, si no, venderle por un precio razonable teniendo en cuenta que es el segundo fichaje más caro en la historia del club. Y única y exclusivamente depende de él. Porque en el Barcelona ya no saben qué más hacer.

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