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Santiago Solari, el sindicalista de los galácticos que toma las riendas del Madrid

Santiago Solari optó por labrar su destino como enrenador en la cantera blanca y ahora se enfrenta al reto más importante. Calmado, educado, culto y valdanista, así es el nuevo técnico blanco

Foto: Santiago Solari, Guti y Helguera. (EFE)
Santiago Solari, Guti y Helguera. (EFE)

Santiago Hernán Solari, nuevo entrenador del Real Madrid tras la destitución de Lopetegui, nunca fue una estrella, al menos no en lo que se suele considerar como tal. Su fútbol le dio, en todo caso, para pasar una buena temporada en el Madrid, siendo el suplente de moda, ese al que la afición apunta cuando los titulares fallan. La grada, de enfado en enfado en un Madrid que convivía con el ocaso de los galácticos, le pedía como titular, pero sus técnicos nunca terminaron de verlo para tanto. Quizá porque en aquel equipo los galones eran lo más importante, quizá también porque el fútbol de Solari daba para recambio más que para llevar la batuta. Ahora él será quien gestione esos momentos en la primera plantilla.

El Solari jugador era útil, con todo lo que quiere decir esa palabra. Zurdo, podía jugar en la banda, de interior y, si se lo pedían, incluso de lateral. En ese sentido, y aceptando todas las distancias, era algo parecido a Luis Enrique, uno de esos jugadores complicados de encuadrar en el campo, sin una posición clara pero que andaban siempre sobrados de voluntad y tenían algunas cosas que les hacían muy válidos para un equipo grande.

Solari llegó al Real Madrid después de la octava Copa de Europa, tras un paso de un año por el Atlético de infausto recuerdo, pues descendió. Dio el salto al otro equipo de la capital y ahí encontró su espacio, quitándole minutos a Zidane, Figo o Beckham, todos ellos ya algo pasados cuando el argentino entró a formar parte de la plantilla. sus cinco temporadas de blanco tuvieron más luces que sombras, con título europeo y dos ligas de por medio. Y el recuerdo, por lo general, es de cariño, de un tipo voluntarioso, que no rehuía el choque. Tanto es así que no pocos le imaginan tirado en el suelo, un lugar con el que siempre convivió con frecuencia.

Ahora queda lejos en la memoria, pero ese Madrid tenía dos nombres. Por un lado, como ya está dicho, el de los galácticos. Por otro, que surgió de una frase mítica de Florentino Pérez, el de 'Zidanes y Pavones'. Solari era de los muy pocos que no era ni una cosa ni la otra, lo que hoy en día se llamaría clase media. Y ya solo por eso hubiese sido un poco sospechoso para la presidencia, muy decidida en la época en hacer un equipo de extremos, mezclando estrellones con niños-promesa. Cuando las cosas iban mal, y eso ocurrió con frecuencia en aquellos días de decadencia, no pocos pedían a Solari, casi como representante de todo aquello que había desaparecido del Real Madrid.

Solari, jugando en el Real Madrid. (Imago)
Solari, jugando en el Real Madrid. (Imago)

Un jugador diferente

No era solo eso lo que en aquel momento molestaba a Florentino de Solari. El argentino, tan diferente, tenía un mote presidencial, algo que no es tan extraño como parece. El sindicalista de los galácticos. Una etiqueta como otra cualquiera porque el chico para todo, cuando salía del campo, tenía voz y era capaz de ver las cosas que ocurrían, la plantilla corta y envejecida para un campeonato que cada vez exigía más. Era y es tímido, sí, pero aunque no de la nota todos sabían que más allá de su esfuerzo había un jugador inteligente, culto, de esos que leen, algo que en el fútbol, a veces, hasta se mira con sospecha.

Solari tenía la melena de Redondo y la querencia por la mezcla de fútbol y letras de Valdano. Una combinación que no necesita demasiada explicación, a Solari le gustaba jugar al fútbol, como a cualquier niño, pero también el análisis del mismo, su influencia social, su interacción con la realidad. Fue columnista en 'El País' y entrevista amable, de esas que siempre encontraban una óptica diferente y un planteamiento singular, carne de titular. No es tan exuberante como el maestro, pero la escuela es esa.

La prueba se puede ver en sus artículos, como cuando en la revista Líbero publicó un elogio a alguien que parece ser el ídolo de varias generaciones de futboleros argentinos, por más uruguayo que fuese: Enzo Francescoli. "Para rodear a Francescoli y abarcar su genialidad tal vez harían falta las 800 páginas de la novela de Tolstoi. Describir el jugador, el goleador, el ídolo, el líder, el compañero. La estadística sería un comienzo ilustrativo: tantos partidos, tantos goles, tantos equipos, tantos títulos. O la historia", decía Solari en su segundo párrafo. Sí, es de esos jugadores que puede citar a los rusos sin despeinarse, por más que su predilecto sea Borges. Quizá por todo eso, por esa manera de conducirse por el mundo, nunca quiso tener representante. Él solito se sentaba en la mesa y exponía su caso.

El indiesito, que así se le conocía, cerró su tiempo en el Real Madrid en 2005 tan solo para seguir dando vueltas por el mundo. Estuvo en Inter tres temporadas, en San Lorenzo, en Atlante, en Peñarol y un día decidió que el físico, con 34 años, ya no le daba para tanto. Colgó las botas y redefinió sus deseos que pasaban, por supuesto, por el fútbol. Hay personajes que no se pueden disociar de un balón rodando por el césped, y Solari, que además estudió para ser profesor de Educación Física, es uno de ellos. Le va en la sangre, su padre, Eduardo, fue entrenador nómada, de esos que rara vez pasan más de un año en un cargo, pero de cierto prestigio. En su historial hay seis equipos argentinos, cuatro mexicanos, el Tenerife o la selección de Arabia.

Solari sustituye a Ronaldo. (Imago)
Solari sustituye a Ronaldo. (Imago)

La cantera del Madrid

Hay muchas maneras de llegar a la élite y, en su caso, eligió el Real Madrid. En el club le valoraban porque, aunque hubiese habido tensiones, se sabía de él que era cerebral y brillante. Hay jugadores que tienen pinta de entrenador desde que son adolescentes, y el indiesito es uno de ellos. Él, además, quería ir aprendiendo poco a poco, absorbiendo nuevos conceptos sin necesidad de ser testado cada día, algo lejos de los focos. Por eso entró en la cantera blanca y fue poco a poco ascendiendo, por el cadete, el juvenil y, finalmente, el Castilla. En Madrid una ciudad que "lleva en el corazón" y en la que se aposentó cuando todo hubo terminado.

Bien podría haberse saltado este último paso. Zidane le tanteó para que fuese su segundo entrenador, un puesto que el francés valora y que él mismo había ocupado con Mourinho y Ancelotti. Le ofreció ser sus ojos y ayudarle a dar al equipo forma, pero Solari entendió que su tiempo no había llegado todavía. Declinó sin más la opción y cogió el Castilla que dejó Ramis. Allí sus resultados no han sido brillantes, el pasado año se quedó muy lejos de las posiciones de ascenso; esta temporada no va mal del todo, pero no está más que empezando el reto. No se esperen gritos y aspavientos, Solari es tranquilo y educado en extremo, incluso cuando se barajaba su destitución en el filial blanco.

En el club, en todo caso, valoran su capacidad formadora, su entendimiento del juego. El Castilla de hoy no es brillante, pero de él se espera que elabore equipos que sí lo sean. Con todo lo dicho, es obvio que de él se espera un espíritu de toque, de amor por el balón, casi en verso. Y algo de eso hay en esencia, pero él no gusta de encasillarse solo en eso. "A mí me gusta el fútbol que se impone a través de la posesión, de tejer las jugadas. Ojo: no reniego del fútbol directo, de hecho aprendí a valorarlo en mi etapa italiana", explicaba en una entrevista en profundidad que le hizo 'El Grafico', revista hoy ya desaparecida.

La responsabilidad es enorme y, como ya ocurrió con Zidane, es imposible saber por dónde romperá la cosa. Solari siempre será calmado, culto e interesado por la realidad, pero habrá que ver cómo es capaz de organizar a un vestuario que viene de ganar cuatro Champions en cinco temporadas. En un mundo de galácticos él sigue siendo clase media.

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