fue el objetivo de los defensas del celta

El 'show' Vinicius incluye un golazo y una expulsión que le deja sin el Clásico

Vinicius hizo lo mejor del partido contra el Celta B, un precioso gol de falta, y también lo peor, una expulsión por doble amarilla, la primera por protestar, la segunda por un piscinazo

Foto: Vinicius, en un partido reciente. (EFE)
Vinicius, en un partido reciente. (EFE)

Un jugador de 45 millones de euros mediatiza absolutamente los partidos que juega en 2ªB. Es normal, no existe precedente, y no es solo el dinero, es la fanfarria que genera, tanto por sí mismo como por las reacciones que genera alrededor. Vinicius fue a Vigo a jugar contra el Celta B. Marcó un golazo de falta, el del empate y salió expulsado por un piscinazo infame que le dejará sin jugar en el Clásico. Llegó, por supuesto, después de un festival de patadas que recibió el chaval, marcado hasta la extenuación por su talento, sí, pero también porque es el jugador que costó 45 millones de euros y juega en 2ªB.

Vinicius estaba en Vigo porque Julen Lopetegui, con su empleo en el alero, no consideró necesario tenerle como opción. Ya no sabe cómo decir que el niño no le sirve, que no tiene el ritmo de Primera y que está muy bien jugando en campos pequeños con compañeros en plena formación. Y ahí se encontró, con otro filial pero más o menos en las mismas de siempre, Vinicius en el foco, recibiendo patadas e intentando irse hasta de su sombra. Porque el chico encara, no siempre para bien, pero rara vez deja de intentarlo. Sus compañeros, que podían estar reticentes al principio, han asumido que con él son mejores, algo que es lógico si se tiene en cuenta que el Real Madrid espera que el futuro vaya en sus manos.

Lo positivo, que el chico es bueno. Cuando coge el balón asusta, la segunda mitad fue suya de inicio a fin, con el Real Madrid intentando el gol que diese el equilibrio. Tuvo varias ocasiones importantes, pero terminó encontrando el gol en una falta perfectamente botada. A la escuadra de la barrera, con mucha rosca, imparable. Perfecta. Tiene toque de balón, que es una de esas cosas que son difíciles de enseñar, o se tiene o es difícil que aparezca de repente. Muy bonito.

No tan bonito es lo demás, es cierto. En la primera parte le echaron una amarilla por revolverse. El chico, es cierto, se enfadó porque los defensas -y los que no eran defensas- del Celta decidieron que no era mal día para pegarle patadas. Una y otra vez terminó en el suelo, porque parece que el cheque que pagó el Madrid al Flamengo también llevaba consigo un crédito ilimitado de estopa.

La segunda es menos justificable que un calentón, pues llegó por un piscinazo bastante claro que el árbitro creyó sancionable. Es potestad arbitral y, desde luego, el piscinazo existió, aunque es cierto que en muchos partidos hay simulaciones varias que se quedan, sin más, en el olvido, como si no existiese. Podría preguntarse uno si tuvo algo que ver en esa segunda amarilla el hecho de que fuese Vinicius Jr., la sensación, el protagonista de la misma.

El brasileño estaba alterado, y más todavía al ver el rojo de la tarjeta. Así que se rebrincó y sus propios compañeros tuvieron que detenerle, para que no hiciese una todavía más loca. El enfado le llevó al vestuario, mientras se señalaba el escudo, como si fuese madridista de toda la vida y hubiese aprendido de Juanito -algo que, en modales, no debería hacer-- El público silbaba y sus compañeros le pedían calma. Puede ser solo un pecado de juventud, es difícil ser el centro de atención cuando no se tienen ni 20 años. Más grave sería que fuese su carácter pero eso, en todo caso, es algo que solo se sabrá con el tiempo.

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