ejercicios para jugar en espacios cortos

Luis Enrique 'vacila' a Ramos para ver si con él se entiende mejor que con otras estrellas

Luis Enrique, que no siempre se ha llevado bien con los emblemas, hizo varios guiños al capitán antes de su primer entrenamiento con la Selección, donde los pitos quedaron en el pasado

Foto: Luis Enrique, en el entrenamiento con Ramos. (EFE)
Luis Enrique, en el entrenamiento con Ramos. (EFE)

Ha sido llegar Luis Enrique a España y apaciguarse el público, aunque atribuirle eso al nuevo seleccionador es un exceso. No está Piqué y, consecuentemente, no hay gritos contra Piqué. Lo que durante un tiempo fue la principal turbulencia de las concentraciones en la Selección ha pasado a la historia. Por decisión propia, eso sí, pues de haber querido volver hubiese estado en la lista. De hecho, Luis Enrique es al único que ha llamado personalmente estas semanas, se supone que para intentar convencerle de que le quedaba de cine la camiseta roja. No surtió efecto. Es pasado

Luis Enrique dispone un mar de conos, de picas y de moñigotes en el césped de la Ciudad del Fútbol. La grada se parece mucho a la de las veces anteriores, bien poblada de niños dispuestos a dejarse la garganta aclamando a sus ídolos. Se nota que todo esto se desarrolla en Madrid, se sabe tan solo con escuchar un rato. "Sergio, Sergio, Sergio", resuena cuando Ramos, el capitán, desfila el primero del grupo. "Aseeeensio, Aseeeeensio", responden otros. También tiene su espacio Isco, por supuesto. Incluso alguno un poco menos conocido tiene sus fans. Quizá el que más difícil lo tiene es ese pequeño cuyo ídolo es Azpilicueta. No es sencillo corear su nombre, pero su empeño termina teniendo gracia.

El nuevo técnico salta al verde rodeado de colaboradores y con las gafas de sol puestas, aunque la tarde ya empieza a caer a las horas a las que empieza su primera sesión con la Selección. Es, de algún modo, una línea continuista en la estética de Lopetegui, que también es conocido por usar gafas cuando entrena. Vestido de corto, comienza el entreno con Joaquín Vidal a su derecha, que es el psicólogo pero también va vestido con ropa de deporte. Es uno más.

Aspas, el último en ser convocado, lleva el moderno peto que recoge las constantes del deportista. Los fisios mueven las neveras portátiles del centro del terreno, mientras en la grada siguen los gritos para Ramos, a quien no se le cae la sonrisa de la cara. Lleva las perneras del pantalón remangadas, un poco al estilo Cristiano Ronaldo. Tiene el mayor grado de celebridad de los presentes, es el capitán y la estrella. Más aún si se tiene en cuenta los que se han ido, aquí hace tiempo que no está Xavi; Iniesta desapareció este verano y ni siquiera Piqué o Silva, que podrían competir en fama, forman parte ya de este conjunto.

Sergio Ramos y los galones

Luis Enrique sabe de su importancia, para bien y para mal. De él se ha dicho que plantea quitarle galones, convertir a uno de los pocos históricos que quedan en uno más. El técnico lo niega, en rueda de prensa dijo que, efectivamente, no le había llamado personalmente, pero también expresaba que sería ingenuo considerarle uno más del equipo. No lo es, por historia y por ascendencia, por carisma. Es un jugador que trasciende. Luis Enrique hace gestos exclusivos solo para él, más allá de las palabras, en las que también se muestra elogioso. En un vídeo distribuido por las redes sociales de la federación, se ve como cuando llega el central, el técnico le hace un recibimiento especial. Se le pone por detrás. Le 'vacila'. Con buen rollo, al menos de momento.

En el pasado del técnico asturiano hay episodios críticos con los que eran la cara visible de su plantel. En Roma su relación con un crepuscular Totti fue muy complicada, él empezó a sentarle y eso no cayó bien en el jugador ni en buena parte de la afición, completamente rendida a su jugador favorito, al más fiel de los romanistas. Tampoco en Barcelona tuvo un trato fluido con Messi, no al menos al principio. En la historia de los años de Luis Enrique en el Barça se narra una trifulca de ambos después de un partido en San Sebastián en la que casi llega la sangre al río. Después de aquello alguien aleccionó al técnico y le recordó que el grupo era suyo, pero que el mejor jugador del mundo podía caminar solo y tener algunas concesiones que en el resto no serían posibles.

Ramos es, de momento, uno de los primeros retos. Ver hasta qué punto es firme su liderazgo, cómo de importante es para los demás. Incluso el presidente de la federación ha deslizado que al equipo le sobraban malos hábitos, y al hablar de eso apuntaba al capitán como culpable. Ramos, que es de los que se irá del equipo solo cuando un seleccionador le eche, de momento mira y espera. A ver que pasa. La confianza en sí mismo es siempre absoluta, o así lo aparenta. Incluso entrando en el campo, con la cabeza alta, abriendo el grupo junto a David de Gea.

Entrenamiento en abierto

Luis Enrique acepta que su primer día al mando sea en abierto. No le gusta, ni que le vean los entrenamientos ni la prensa en particular. Es capaz de tolerar el primero, pero la idea es que no haya muchos más así. Unas cartelas cubren uno de los fondos, y es probable que en el futuro el campo central de esta ciudad deportiva se 'bunkerice' para que nadie pueda ver lo que prepara. Está por ver si también le dará por pedir un andamio, una de las más estrambóticas herramientas de trabajo que ha utilizado.

Sus muchos ayudantes, todos vestidos de negro como él, dirigen los ejercicios específicos. Los jugadores que tuvieron partido el domingo trotan en una banda, después estiran en bolas medicinales y esterillas. Los demás, a los que se supone algo más descansados, empiezan en círculo alrededor de Luis Enrique, que les hace algunos comentarios. Primero rondos, en el central está Sergio Ramos con la mayor parte de jugadores madridistas, clara mayoría en esta convocatoria. En la portería, Kepa y Unai Simón, de la sub-21, reciben balonazos.

No va a dejar ver demasiado, claro, aunque quizá un ejercicio sí que señala la que es principal obsesión del técnico. Lo dijo en su primera conferencia de prensa, la de presentación. El equipo no sabe atacar defensas cerradas, en el Mundial fue muy claro aquello. Luis Enrique lo marcó en su primer análisis y quizá por eso mete en un terreno muy reducido, casi asfixiante, a un buen número de jugadores. La idea es darla a primer toque y sentir la extrema presión de quien quiere quitarte el balón. Aprender a vivir en un terreno en el que no hay lugar para moverse y pensar rápido es sobrevivir.

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