los primeros pasos del nuevo técnico sevillista

Las artes del vampiro Pablo Machín para embrujar al Sevilla sin decir sandeces

Sobrio, poco dado a los aspavientos y muy trabajador, así definen en el Sevilla a Pablo Machín, el nuevo técnico encargado de conducir la nave nervionense

Foto: Pablo Machín llegó este verano al Sevilla tras cuatro años en el Girona. (EFE)
Pablo Machín llegó este verano al Sevilla tras cuatro años en el Girona. (EFE)

Pablo Machín (Soria, 1975) cayó de pie desde el minuto en que asumió el cargo de entrenador del Sevilla. El ex del Girona disputará su segunda temporada en Primera y lo hará con otro escudo y una nueva camiseta, la de un grande de Europa. El soriano, con más valor que Viriato, ni se descompone cuando estos días observa que el termómetro marca 40. Lo suyo es puro fútbol. Lleva mes y pico en Nervión y, con su pinta de profesor universitario 'progre', se ha metido a los sevillistas en el bolsillo. ¿Cómo?

Machín tiene fama de adusto, de hombre que no va por los pasillos pateando floreros y haciéndose notar. Él, como aprendió del croata Sergio Kresic, uno de sus maestros, prefiere mirar a los ojos del futbolista y corregir sus defectos sin que sus brazos parezcan las aspas de un molino. Desde las tripas del Sevilla, desde que aterrizó por los cubículos de Nervión, no dejan de mirar asombrados por la implicación y dedicación que esgrimen Pablo Machín y su equipo de colaboradores. El horario de trabajo del soriano lo resume un empleado medio del club: "Llegan (Machín y sus ayudantes) a las ocho de la mañana a la ciudad deportiva, eso sí lo sabemos. Lo que no sabemos es cuándo se van, porque nosotros ya nos hemos ido y allí siguen todavía. Comen en el comedor, como muchos de los jugadores, no sabemos si duermen o no la siesta, o si tan siquiera duermen. Parecen vampiros".

Caparrós, más que satisfecho

Sus colaboradores hablan de la fluidez comunicativa de Machín. Se ha traído de Girona a Jordi Guerrero, su segundo de a bordo y encargado de diseñar las jugadas de estrategia que tantos goles proporcionaron al equipo catalán; Jordi Balcells, preparador físico y hombre de confianza; Carlos Martínez, analista; y Carlos Otero, responsable de las estadísticas. El club aporta al cuerpo técnico más gente cualificada: Juanjo Del Ojo, segundo preparador físico; José Luis Silva, entrenador de porteros; y Ramón Vázquez Jr, segundo analista.

En la planta noble de la entidad admiran la seriedad germánica de Pablo Machín a la hora de diseñar el trabajo, así como sus buenas dotes para convencer sin alharacas ni aspavientos al jugador. Todo con una sencillez y sobriedad que han convencido a los trabajadores del club y encandilan a Joaquín Caparrós, el director deportivo del Sevilla. El utrerano se deja caer de cuando en cuando por la ciudad deportiva y comprueba con deleite la armonía que reina en el trabajo. "Desde que llegó aquí –asegura Caparrós–, Pablo Machín no ha hecho más que confirmar lo que sabíamos de él: que es un entrenador muy preparado en todos los aspectos, un tipo muy trabajador, que irradia confianza entre los jugadores, pues sabe comunicar muy bien, y derrocha unas ganas enormes de crecer en un club como el Sevilla".

El Sevilla afronta en siete días una eliminatoria de Europa League y la Supercopa de España. (Imago)
El Sevilla afronta en siete días una eliminatoria de Europa League y la Supercopa de España. (Imago)

Perfiles sobrios y sevillanía

La plantilla del Sevilla cada verano sufre enormes convulsiones, pues el trasiego de futbolistas es continuo, aunque también hay veteranos que siguen a pie de cañón. Todos, extranjeros y canteranos, están con el nuevo técnico, incluso ya se atreven a apostar por él. Acostumbrados a la electricidad de Sampaoli; los vaivenes de Berizzo (que rozó el drama con una enfermedad y dejó en 'shock' a los habitantes de la ciudad deportiva; y a soportar el pasotismo glamuroso y, futbolísticamente, sospechoso del italiano Montella, "el míster (Pablo Machín), en cambio, va al grano siempre, comunica, no dice sandeces y es un tío de lo más normal". Un empleado, que no quiso dar su nombre, añadió muy serio: "Es Machín, don Pablo, y no le hacen falta las maracas".

Machín siempre procura discurrir dentro de unos perfiles sobrios, eludiendo llamar la atención. Viste con elegante sencillez, adora el jamón y, cuando oscurece por los parajes de Montequinto, cierra a cal y canto el resplandeciente chalé que ocupa con su pequeña familia. Cuando remitan las calores, Pablo Machín ha dicho que se dejará caer por el centro de Sevilla para embeberse de sevillanía e historia. Y emocionarse. Como le pasó cuando su estreno como timonel del Sevilla, en el primer partido internacional de su vida. Escuchó el himno de El Arrebato y le brillaron los ojos, aguantando a duras penas que se le escapase una lágrima. Esta miércoles (21:45 horas), ante el Zalgiris Vilnius lituano, el Sevilla de Machín encara su segundo lance europeo. Y el domingo, la Supercopa ante el Barça. Pura competición. Y Machín no se anda con bromas.

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