la clave de zidane para triunfar en la champions

El dominio de la trastienda de Zidane o por qué lo que diga va a misa en el vestuario

Para entender por qué Zidane ha conseguido clasificar al Real Madrid para su tercera final de Champions seguida hay que apuntar al domimio que tiene de la trastienda del vestuario

Foto: Sergio Ramos toca la cabeza de Zidane, en un gesto cariñoso, tras la vicroria del Real Madrid en Turín. (Reuters)
Sergio Ramos toca la cabeza de Zidane, en un gesto cariñoso, tras la vicroria del Real Madrid en Turín. (Reuters)

"Lo que diga Zidane va a misa". Quédense con esta frase pronunciada por Sergio Ramos para entender por qué los jugadores del Real Madrid seguirían a ciegas a su entrenador para tirarse, si fuera necesario, desde un precipicio. Si Lucas Vázquez tiene que jugar en el lateral derecho, se hace y punto. Lo mismo que si Modric tiene que sacrificarse en la banda para tapar agujeros o Casemiro es suplente para dejar su puesto a Kovacic. Como sucedió en Múnich con la doble suplencia Benzema-Bale y la fe que depositan en las decisiones de 'ZZ' sin cuestionar el estilo, sistema o la alineación. Si el partido contra el Bayern de Múnich lo hace Mourinho estaríamos dándole palos de los duros al planteamiento e, incluso, la forma tan pobre para lograr la clasificación. Se analizaría con más dureza el mal juego, la propuesta rácana y conservadora de un entrenador y un equipo dominado en su propio estadio por un rival que le hizo 22 ocasiones. Antes sucedió con la Juventus.

Cuentan en el Madrid que las terceras temporadas son las más peligrosas para los entrenadores porque se produce un desgaste, emocional y de energías, en varios ámbitos entre el entrenador y la plantilla. Las discrepancias por las decisiones en los onces y rotaciones del técnico con los futbolistas producen la fractura, también se debilita el mensaje y repercute en el rendimiento e, incluso, en el compromiso en los partidos más importantes de la temporada. Pero estos síntomas no se manifiestan en el Real Madrid de Zidane​, para sorpresa de la directiva, pese a que tampoco convence cómo perdió el pulso de la regularidad en la Liga y en esa fase de confusión se cayó eliminado de la Copa del Rey. El primero que está despistado es Florentino Pérez con la respuesta de unos jugadores que sufren sin límites en la Champions, pero consiguen el primero de los grandes objetivos. Están en la final.


Zidane conserva algo que no tienen la nómina de otros entrenadores con más riqueza en la pizarra y experiencia acumulada de su paso por distintos países. Algunos, como Mourinho, han pasado por Portugal, Italia, España e Inglaterra. Otros, como Guardiola, tienen conocimientos de España, Alemania e Inglaterra. Han gestionado múltiples y muy diversos vestuarios. Para entender por qué Zidane está menos desgastado que estos técnicos más experimentados hay que apuntar al domimio que tiene de la trastienda del equipo. En esto es un maestro ‘ZZ’. En el manejo para conseguir el respaldo de los jugadores que, en fases críticas de la temporada, que las ha habido, no produce consecuencias nefastas, como se ha visto contra el Bayern de Múnich. La doctrina era no afligirse y el resultado, según los jugadores, compensa el sufrimiento. Sufrieron en el campo hasta límites exagerados porque están convencidos de que el mensaje de Zinedine Zidane es dogma de fe. Esto es lo que llaman en el club a hacer trastienda o saber ganarse, día a día, el respaldo y el apoyo de la plantilla. Aspecto nada fácil para otros entrenadores mencionados que sí chocan con sus métodos, mejores o peores, con sectores del vestuario.

La familia y el barco de Zidane

Es la familia de Zidane, como califican en el club, la clave para entender por qué el Real Madrid puede jugar mal y sufrir para sacar adelante las eliminatorias contra la Juventus y el Bayern de Múnich. Es la única explicación que encuentran a un grupo de jugadores entregado como devotos a un entrenador que se manifiesta de perfil bajo ante la prensa y convence con su discurso en la trastienda. Las palabras que pronunció Ramos tras la victoria en Múnich son la revelación de lo que intuíamos. Ese día al Real Madrid le hicieron 17 ocasiones en Múnich y acabó la segunda parte metido en su área. El capitán quiso reivindicar a Zidane y lanzó una pulla a Mourinho: "El entrenador del Madrid estará muy cuestionado siempre. Yo me pasé siete años aquí sin ganar una Champions y a algunos de esos entrenadores ni siquiera se les criticaba. Cuando Zizou tiene que apostar, lo hace, porque es el que manda. Estamos muy contentos de que dirija él el barco”.

La fe del vestuario está depositada en un entrenador que les ha llevado a jugar su tercera final de la Champions consecutiva. Sólo se puede creer en quien te guía en el camino del éxito. Controlar la trastienda es lo que diferencia a Zidane de otros entrenadores y, por lo visto, da resultados porque no hay desgaste por ninguna de las dos partes. Ni por Zizou, que aprovecha las ruedas de prensa para mandar mensajes pidiendo y dejando claro su deseo de continuar, ni por unos jugadores que tienen de portavoz a Sergio Ramos cuando el capitán puntualiza que “lo que diga Zidane va a misa”. Respuesta contundente cuando le preguntan si está de acuerdo con no hacer el pasillo al Barcelona en el Clásico del Camp Nou por haber ganado la Liga. Con Zidane, al equipo le duele menos defender que si hubiera otro entrenador en el banquillo (sea Mourinho o Benítez, por poner dos ejemplos) porque, como dicen en el vestuario, "salga quien salga lo hace bien y este entrenador nos hace más grandes”.

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