España se acostumbra a perder y lo peor es que no sabe por qué
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De Vrij y klaassen rememoran el desastre

España se acostumbra a perder y lo peor es que no sabe por qué

La Selección vive en un limbo futbolístico en el que no tiene ni idea de a qué juega. Y en ese término, se está acostumbrando a perder. Holanda trajo de nuevo a colación el desastre del Mundial de Brasil

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Quizás no era el día más indicado para permitir que los que no habían disfrutado de minutos contra Ucrania tuvieran su rato de gloria en el Amsterdam Arena. No era el día para improvisar con un mediocentro y un extremo que son suplentes en sus clubes, ni tampoco era el día para confiar en el liderazgo de Cesc Fàbregas, que ha quedado claro que hace tiempo que no lo puede ejercer. Era el día para demostrarle a Holanda que ese equipo al que le metió una manita en Brasil fue víctima de un lapsus temporal, que la que realmente sigue vigente es la que le ganó el Mundial en 2010. Pero no, tocaba experimentar y confirmar que las malas sensaciones de los últimos meses han venido para quedarse. 2-0 y gracias ante una Holanda a la que España le ha subido la moral.

El desconocimiento de todo aquello que no es la Liga o los cuatro grandes del fútbol europeo hacen creer a la opinión pública que los neerlandeses eran poco más que una banda de cojos. Pero porque sus nombres no suenen y su ficha indique que son jóvenes e inexpertos, no dejan de ser holandeses. Y si eres holandés y juegas al fútbol, juegas muy bien. Hay excepciones, claro, pero si ya lleva la camiseta con el león holandés, malo no es, eso es obvio. Estamos acostumbrados a Robben, Sneijder y Van Persie, sale casi de carrerilla. Y sólo había uno de ellos. Pero también estaba Depay, Klaassen, Blind, De Vrij… Todos ellos han vuelto a ser muy superiores a España.

Pero parémonos un instante para analizar por qué España sigue sin parecerse ni un poco a la que fue campeona de todo. No es lo mismo porque no tiene ni idea de lo que tiene que hacer. No sabe si volver a vivir del manejo autoritario del balón, atacando y defendiendo a través de su posesión, o si hay que acercarse a la portería contraria cuanto antes y buscar la profundidad sin pausa. Entre esa disyuntiva se encuentra la Selección, y como todavía no sabe qué elegir, está en un término medio que se traduce en lo que vimos en Ámsterdam: momentos escasos de lucidez y frescura, otros de vacío intelectual y otros de la nada más absoluta. Y mientras, se acostumbra a perder.

En este limbo futbolístico, la negatividad del colectivo se traslada a las individualidades, a las zonas de influencia. El despiporre se apoderó de España durante diez minutos y fueron los que aprovechó Holanda para encontrar libertad absoluta de creación, de movimientos y de definición. Así se podría definir el gol de Klaassen. La defensa de España, como vacas mirando un tren, expectantes para ver qué son capaces de hacer los contrarios. Klaassen podría haber rematado más de las dos veces que lo hizo, habría llegado sobrado igualmente ante la pasividad que se encontró no sólo él, sino también Depay, Sneijder y cualquiera que se metiera en la jugada.

Cesc Fàbregas por fin jugó de Xavi en la Selección, pero no hizo de Xavi. Hasta que comenzó el carrusel de cambios en la selección de los Países Bajos, España no dominó desde el balón en ningún instante. Porque tener el balón no es sinónimo de tener el dominio. De hecho, durante buena parte del primer tiempo no tuvo ni siquiera eso que es suyo por naturaleza, el balón. Sneijder y Blind dominaron la salida y la creación y Mario Suárez y Cesc fueron comparsas de la comodidad holandesa. Cazorla e Isco buscaban con movimientos ágiles de pelota recuperar el control y romper los espacios con Pedro. Nada que no pudiera frenar la colocación de los de Hiddink.

Había algo en lo que tenía que fallar esta Holanda que lleva cuatro derrotas (Italia, Chequia, Islandia y México)y un empate (Turquía)desde el Mundial. Lo normal es que tal racha se produzca por muchos fallos. Pero contra España sólo se notó uno, sólo uno: la inexperiencia de los defensas a la hora de sacar el balón jugado ante la presión de los delanteros españoles. Ese desliz no lo autocorrigieron los holandeses, sino que España dejó de presionar arriba en cuanto se llevó los dos mazazos en forma de goles. La convicción inicial se esfumó y las dudas de siempre comenzaron a aflorar, y de qué manera. Inconsistencia defensiva, ausencia de ideas creativas y sin capacidad definitoria.

Ese momento mágico de los amistosos que lleva la contraria a los oficiales, es decir, que se hagan seis cambios, benefició a España. No mucho, pero sí recuperó la pelota. Todo es más fácil si juntas a los mejores jugadores posibles, y Silva es uno de los más grandes del mundo, a pesar de su corta estatura. Con Silva por dentro hasta Cesc se activó por fin y empezaron a filtrar pases a uno que los lee como pocos, Morata. La profundidad por las bandas apareció, más por la de Bernat que por la de Carvajal, y las oportunidades surgieron, sin ser materializadas. Porque si hay algo grave de lo que España está herida de muerte es el gol.

Ficha técnica:

2 - Holanda: Vermeer; Janmaat, De Vrij, Martins Indi, Willems; Narsingh, Blind (De Guzman, m.73), Klaassen, Sneijder (Wijnaldum, m.62); Huntelaar (Dost, m.79) y Depay (Afellay, m.84)

0 - España: De Gea; Carvajal, Raúl Albiol, Piqué (San José, m.68), Bernat; Mario Suárez (Ramos, m.68), Cesc, Cazorla (Iniesta, m.76), Isco (Silva, m.46); Pedro (Vitolo, m.46) y Juanmi (Morata, m.62).

Goles: 1-0, m.13: De Vrij. 2-0, m.16: Klaassen.

Árbitro: William Collum (ESC).

Incidencias: Encuentro amistoso en beneficio de AFE, disputado en el Amsterdam Arena ante unos 50.000 espectadores.

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