las presentaciones de la fórmula 1

La nueva Fórmula 1: del simulacro ridículo de Renault a la foto sin sal de Red Bull

La racionalidad económica y el pragmatismo y eficiencia de impacto de la redes sociales han convertido las presentaciones de F1 en un trámite menos. Pero aún así, algunos se pasan

Foto: Ferrari presentó este martes su nuevo monoplaza, el SF1000. (EFE)
Ferrari presentó este martes su nuevo monoplaza, el SF1000. (EFE)

Del estilo de Ferrari con su SF1000 a la 'no presentación' del monoplaza de Renault. Del teatro de Reggio Emilia y la riqueza plástica del equipo italiano al simulacro ridículo de una gran multinacional francesa que ofrecía renderizaciones de aspectos parciales de un monoplaza negro. Entre medias, una fotografía de Red Bull de tres cuartos y un coche rodando al poco tiempo en la pista para una sesión promocional. Si esta es la semana de presentaciones tan anunciada a bombo y platillo de la Fórmula 1, mejor nos vemos directamente en el asfalto de Montmeló.

Qué tiempos aquellos, dirán algunos, en los que las presentaciones se convertían en eventos sociales con personalidad propia, cuando se competía también fuera del asfalto para disparar con originalidad, creatividad y gran impacto mediático. Espectáculos musicales, escenarios históricos, coreografías adaptadas al nuevo patrocinador... Afán de dejar huella. Ni tanto ni tan calvo, Renault. Y como madre de todas las presentaciones, la de McLaren con Fernando Alonso y Lewis Hamilton con aquellos espectaculares fuegos artificiales de McLaren y Vodafone en los cielos de Valencia. Incluso aquel vibrante día incorporaba toda una premonición. En estos tiempos, menos mal que siempre nos queda Ferrari.

Ni tanto ni tan calvo

El tono de los últimos tiempos ha cambiado frente a la prodigiosa década pasada, de increíbles lanzamientos. Cierto que los equipos corrigieron algunos de aquellos excesos. Por otro lado, las redes sociales e internet permiten retransmisiones en tiempo real, difusión por las redes sociales, multiplicación de impactos con menor esfuerzo y racionalización de recursos. Pero quizás la Fórmula 1 ha oscilado al otro extremo. Algún que otro 'milloncete' invertido en la loca y exorbitante carrera aerodinámica actual podría ser distraído para dar un poco más de tensión los aficionados. En fin...

En tiempos de mayor refinamiento estratégico en el mensaje, los equipos ajustan el tiro en la presentación de sus monoplazas. Se entiende que un Force India/Racing Point o como se llame ahora se apriete el cinturón. Menos, que un Red Bull de millonarias inversiones en las más singulares disciplinas y rocambolescas aventuras deportivas, plante una simple foto en internet y algunas imágenes de Max Verstappen con un par de vueltas en la pista. Pero que Renault ofrezca unas diapositivas de su monoplaza con el mensaje trepidante de sus responsables… "Las ambiciones deben ser moderadas, deben ser contenidas, hace falta se realistas". Vale que el monoplaza no haya llegado a tiempo o no se quiera dar pistas, pero no era como calentar la sangre a los aficionados.

Ferrari, el aristócrata

Ciertamente, la discreción también responde a pragmáticas y egoístas razones. Al margen de que la Fórmula 1 quisiera contener los dispendios del pasado, el secretismo también late tras tanta moderación al bautizar públicamente los monoplazas en las redes sociales. Soluciones aerodinámicas que los aficionados no distinguirían ni con los focos de un aeropuerto son ocultadas a los rivales para no ofrecer pistas siquiera un par de semanas. Resulta didáctico el afán de muchos especialistas mediáticos en diseccionar hasta el mínimo aditamento aerodinámico. Pero solo cuando los cambios son radicales llaman la atención. En Ferrari nos hablan de "conceptos extremos" en el nuevo SF1000. Para el ojo entrenado, sin duda no pasarán desapercibidos. Para el aficionado medio, distinguir el monoplaza del año pasado del actual requiere ojo de halcón.

Pero al menos cabe el reconocimiento —y agradecimiento— del aficionado a Ferrari por su escenografía y puesta en escena. Todavía hay clases, y el equipo italiano se distingue como el aristócrata de alcurnia entre la plebe. Que es el único que ha participado en todos los campeonatos desde 1950 se recordó nuevamente el martes. Es también un elitista fabricante de automóviles dirigidos a un público no menos exclusivo que se identificará satisfecho con una marca que exhibe su estatus único.

Una presentación atómica

Puede que la racionalidad económica y el pragmatismo de las redes sociales justifiquen las tendencias actuales. Pero mirando al pasado resulta inevitable admirar a los Flavio Briatore o Ron Dennis de turno. El primero, con Benetton, y aquellas presentaciones en Taormina o en la mismísima Venecia, o con Fernando Alonso tronando por las calles de Palermo en 2004 con Renault, cuando un Fórmula 1 sonaba como mandan los cánones. Y cómo olvidar a las Spice Girls con Jamiroquai y McLaren en el Alexandra Palace de Londres. Pero sobre todo, aquel boato, aquella exhibición de orgullo empresarial, de poderío irrepetible para tirar la casa por la ventana de 2007 en Valencia de McLaren y Vodafone. Nunca una presentación tan atómica sería tan fiel preludio a una temporada con tantos megatones.

"Fernando Alonso es un tipo magnífico, estoy seguro de que nos vamos a llevar muy bien", aseguraba un bisoño Hamilton aquel día. "Estoy seguro de que ganaremos campeonatos juntos", prometía Alonso con aquel corte de pelo que exigía el jefe. Y la traca final de un henchido Ron Dennis entre aquellos fuegos artificiales valencianos. "Estoy seguro de que 2007 será un año que recordaremos", dijo. Ah, qué tiempos aquellos cuando una criatura de carreras venía al mundo como Dios manda... McLaren, a ver cómo te portas esta vez.

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