QUÉ PUEDEN TENER EN COMÚN PADRE E HIJO

"O sea, que lo tengo en casa...". Cómo Carlos Sainz dio la vuelta a su vida en la F1

La historia deportiva de Carlos Sainz padre e hijo encierra ciertos paralelismos. En los primeros compases de sus respectivas carreras tuvieron que luchar contra los elementos

Foto: Carlos Sainz y Andreas Seidl, celebrando el reciente podio de Brasil (McLaren)
Carlos Sainz y Andreas Seidl, celebrando el reciente podio de Brasil (McLaren)

Primera semana de la pretemporada 2015 de Fórmula 1. Max Verstappen llegaba a Montmeló como la nueva sensación de Red Bull, el debutante más joven de la historia, el “Nuevo Senna” de Helmut Marko, la gran apuesta para convertirle en el campeón más joven de la historia. A su lado otro debutante, un más discreto Carlos Sainz no tan apuntado por los focos mediáticos de la prensa internacional.

Una de aquellas noches, tres personas cenábamos con Carlos Sainz padre. Los derroteros de la conversación llevaron a sus inicios en el Mundial de Rallies, las entretelas de aquellos días finales de 1988. Cuando Lancia fichó en detrimento del español a la otra gran promesa del momento, Didier Auriol. Cuando Cesare Fiorio, el Toto Wolff de los rallys en aquella época, ninguneó a Sainz al ser preguntado por sus razones para fichar al francés. Cuando Sainz plantó un post it en la pared para recordarse cada día el desaire, hasta que llegó el famoso Rally de San Remo. Una conversación impagable de un Sainz sembrado y con vena desenfadada poco frecuente en público.

Las risas de la gente de Toyota

“Llegamos a Turin, y ahí tenías, mi Ford Cosworth el primero en el parque cerrado, y todos los Lancia aparcados por detrás, uno por uno. El segundo día, lo mismo”, contaba orgulloso Sainz, quien había arrasado en aquellas dos primeras jornadas del San Remo, en casa de Lancia. Luis Moya se había lesionado una pierna días antes y Sainz incluso entrenaba en solitario los tramos por sus ganas a los italianos en su terreno. Los primeros tramos de asfalto eran ciegos de niebla, pero aquellos entrenamientos ayudaron para que Sainz batiera a los Lancia de tracción total con su Cosworth de dos ruedas motrices.

Toyota quiso fichar a Sainz ante semejante exhibición. Allí mismo. Le dejaron una nota en el casillero del hotel que no vió. Al final, la esposa de Ove Andersson (el máximo responsable del equipo) se encontró al español en el ascensor y le citó para negociar con su marido en la habitación. “Carlos, te queremos fichar para el asfalto”, le ofrecía Andersson. “Gracias Ove, pero te equivocas. Puedo ser incluso mejor piloto de tierra que de asfalto”. En aquellos tiempos, españoles, italianos y franceses eran sinónimo de asfalto. Los nórdicos, de tierra. “¡Pues no van todos y se echan a reír ante lo que les estoy diciendo!” recordaba Sainz con tono jocoso. “¡A dónde va este chaval!” debieron pensar los responsables de Toyota quienes, lógicamente, le ficharon para el calendario completo del Mundial de Rallies. Fue el primer piloto no nórdico en ganar el mítico Mil Lagos finlandés a finlandeses y suecos. En tierra. El resto de la historia es de sobra conocida.

"Lo tengo en casa ¿no?"

Divertida e inspiradora, aquella conversación daba alimento para la reflexión. Una de esas lecciones que te presenta la vida y, en este caso, el deporte. Lecciones sobre la capacidad de determinadas personalidades para crear la propia realidad, para doblegar con férrea determinación todas las ideas preconcebidas, para romper límites con la confianza, talento y capacidad de trabajo.

Con el recuerdo de la noche anterior llegaba una nueva jornada en Montmeló. “Motorhome” de Toro Rosso. En un momento dado, Sainz hijo se quedó solo. “Oye Carlos, qué cena anoche tan jugosa y divertida con tu padre…”. Salieron a relucir esas experiencias y lecciones de la vida y el paralelismo de enfrentarse a ese tsunami mediático con Verstappen al lado, el niño mimado de Marko que Toro Rosso tenía que acunar, la prensa entregada a tan fascinante historia. Y de cómo ese joven piloto iba a necesitar toda su fuerza interior y confianza de titanio para sobrevivir a aquellas circunstancias. A Sainz se le iluminó la cara con una sonrisa: “O sea, que lo tengo (el ejemplo) en casa, ¿no?”. Y se fue.

Carlos Sainz padre, y Carlos Sainz hijo en el boxes de las World Series.
Carlos Sainz padre, y Carlos Sainz hijo en el boxes de las World Series.

Tres años en el aire

El tiempo junto a Verstappen confirmó la dureza de la posición de Sainz. Que el primer contrato del holandés le había garantizado un rápido paso a Red Bull, como luego confirmaría la realidad y reconocería el propio Marko. En el Gran Premio de España del siguiente año ya acompañaba a Ricciardo. Sainz quedó en un segundo plano en Toro Rosso durante tres años, con un perfil relativamente bajo en comparación al holandés. A pesar de mantenerle el tipo en aquel tormentoso año de Toro Rosso y destrozar a un Kyvat ascendido a Red Bull y luego devuelto al equipo italiano.

Sainz tuvo que enfrentarse a la cúpula de Red Bull para quedar libre. El panorama no tenía buena pinta. Afortunadamente, el español logró respirar gracias a los problemas de Red Bull con Renault. Sería un año de prestado en el equipo francés, sin continuidad y un futuro incierto. Sainz sufrió con Hulkenberg, aunque levantara el vuelo a final de año. Quedó fuera del equipo ante la llegada de Daniel Ricciardo, mientras Red Bull racaneaba para darle la libertad definitiva. Ahora vemos a un pilotazo como Nico Hulkenberg, fuera de la Fórmula 1. Afortunadamente, Sainz y su entorno fueron hábiles en un momento crítico. Cuando todo podía acabarse, McLaren entró en liza. El español se subió al carro de un equipo hundido, en su peor temporada, cabe recordarlo hoy.

"Títulos con McLaren..."

Pero Sainz aún afrontaba su mayor reto: modificar esa percepción algo plana de su talento ante aficionados, prensa y los responsables de equipo. Necesitaba exhibir una personalidad más rica y colorida, que también cuenta en la Fórmula 1. Que le pregunten al bueno de Bottas. Sainz encerraba un carisma reservado a la espera de que los resultados le acompañasen para sacar pecho. A diferencia de Verstappen, el español no es piloto de bravuconadas, estilo este tan agradecido para medios y aficionados, más si atesoras tan gran talento como el holandés. Sainz necesitaba un monoplaza en condiciones. Y la oportunidad de liderar un equipo.

El español llega este fin de semana al último Gran Premio de 2019. Luchará por el sexto puesto final…frente a los dos pilotos del segundo Red Bull. Paradojas de la vida, cuando Horner y Marko evitaron que acompañara a Verstappen. Ha llevado a cabo una temporada sin errores (esa salida de pista en la lluvia de Alemania, poco más…). Su botín de puntos ha forjado el cuarto puesto de McLaren. “En términos de relación rendimiento/nivel de maquinaria es difícil discutir que alguien esté funcionando a más alto nivel que Sainz ahora”, sentenciaba el “Power Ranking” de la Fórmula 1 tras el Gran Premio de Brasil. En la clasificación de Autosport configurada por el voto de los aficionados es segundo, por detrás de Hamilton. Tercero en el "Power Ranking". Andreas Seidl señalaba al diario As en una reciente entrevista: “Mi objetivo es que Carlos luche por títulos con McLaren”.

En este paisaje actual regresan ahora a la memoria aquellos primeros días de pretemporada 2015 en Montmeló, aquella divertida cena, tantas carreras que siguieron durante estos años. Se recuerda entonces aquello de ser tan fuerte y capaz como para doblegar la realidad, la resiliencia para romper moldes e ideas preconcebidas. En definitiva, hasta qué punto resulta curioso y enriquecedor observar los giros que dan la vida y el destino.

Fórmula 1

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