LA HISTORIA DEL PRIMER PODIO DE SAINZ EN F1

"¡Toma, habla con tu madre!". Así fueron los momentos de Carlos Sainz tras su podio

Sainz y McLaren vivieron una emocionante jornada al lograr el primer podio del español en F1 tras una carrera trepidante. No hubo podio oficial, pero sí momentos muy intensos

Foto: McLaren organizó su propio podio para Carlos Sainz, que no quiso dejar el circuito hasta saber si era finalmente tercero (McLaren)
McLaren organizó su propio podio para Carlos Sainz, que no quiso dejar el circuito hasta saber si era finalmente tercero (McLaren)

Como en el final de la película Jerry Maguire. Tras su triunfo en el campo, Rod Tidwell (Cuba Gooding Jr) está atrapado por una una nube de periodistas a la salida del vestuario. Un poco alejado, disfrutando de la escena, su manager Maguire recibe una llamada a su móvil. Era la esposa de Tidwell, ansiosa por hablar a su marido. El manager le pasa el teléfono al jugador para que pueda compartir el triunfo con su esposa en medio del torbellino, y ambos rompen a llorar por el éxito largamente perseguido. Como en el Gran Premio de Brasil de Fórmula 1 con el inesperado podio de Carlos Sainz y su emotiva celebración.

Carlos Sainz esperaba en su cuarto del motorhome de McLaren el resultado de la investigación a Lewis Hamilton. Ignoraba todavía si había logrado o no su primer podio en la Fórmula 1. Mientras tanto, su teléfono móvil estaba siendo bombardeado por llamadas y mensajes, y resultaba imposible comunicarse con él. Reyes, su madre, no tuvo otra opción que ponerse en contacto con Carlos Oñoro, su sobrino y mánager de Carlos. “Toma, coge el teléfono y habla con tu madre, que está como loca por hablar contigo, está con tu hermana, tu novia y tu padre”. Y como en la película “Jerry Maguire”, también fue una conversación muy especial y emotiva.

Por fin, Carlos Sainz logró su primer podio, aunque vivido y celebrado de forma poco convencional. Por la singular actuación en carrera, arrancando desde la última posición, y por los momentos vividos antes recibir el tercer puesto, y también por los que vinieron después.

"De aquí no me muevo"

Los mecánicos de McLaren aplaudían a rabiar en cada adelantamiento de su piloto, en un ambiente de creciente intensidad según avanzaba el final de la prueba. Todos eran conscientes de la vulnerabilidad de su piloto en los compases finales (“llevaba los neumáticos absolutamente en las lonas, deslizando por todas partes”). Cuando Sainz entró en la meta el garaje de McLaren explotó de júbilo como hacía muchos años. No en vano, era el primer podio del equipo desde Australia 2014.

Pero el tercer puesto quedó en el aire ante la posible sanción a Lewis Hamilton. Los comisarios emplazaron al británico hasta media hora después de la carrera. Mientras tanto, en el pasillo del ‘hospitality’ de McLaren se reunían Andreas Seidl, Paul James, Andrea Stella, sus ingenieros, y el propio Sainz. Se supo que Hamilton fue sancionado, pero aún restaba una investigación sobre el posible uso del DRS bajo bandera amarilla del español. En McLaren se decidió que no habría celebraciones hasta que el podio fuera oficial. Pero llevaría entre hora y hora y media tener la resolución final. La mayoría del equipo tenía el vuelo de vuelta a Gran Bretaña esa noche ¿Qué hacer?

Se discutieron posibles opciones. El responsable de logística del equipo explicaba la importancia de respetar los planes. Entre otras cosas, porque el equipo era escoltado a la salida del circuito por la policía local por razones de tráfico y seguridad. Pero Carlos Sainz se negó. “Si no os importa, de aquí no me muevo, porque si se confirma que no tengo la sanción y que estoy en el podio quiero la copa, y quiero una foto con todo el equipo. Así que de aquí no me voy hasta que nos lo digan”. A Andreas Seidl le pareció una idea magnífica compartir con todo el equipo el posible podio.

El abrazo con el patrocinador

Paul James fue llamado ante los comisarios. Se corrió la voz de que Sainz era definitivamente tercero. Toda la prensa rodeaba el motorhome de McLaren, y cuando el piloto salió hacia el podio casi no podía andar, rodeado de cámaras, periodistas y fotógrafos. Por el camino se encontró a James, que traía el trofeo envuelto en una funda, y una botella de champán. Se lo entregó y se abrazaron.

Cuando Sainz decidió que quería esperar, había hablado antes con Paul James: “avisa a la gente del garaje, a todo el mundo, porque ya que no me he podido subir al podio yo después de la carrera, tenemos que subir a todos los que podamos y hacernos la foto”. De modo que McLaren organizó su propia ceremonia. Lo que no se pudo celebrar oficialmente, se disfrutó lueog a lo grande, con mecánicos, personal del equipo, de marketing, e ingenieros. Estos empezaron a cantar el ya famoso “Smooth Operator”. Luego fue el propio Andreas Seidl quien, dando botes, arrancó a cantar un “¡Super Carlos!”.

Pero no solo el podio ofreció momentos emotivos. En Interlagos estaba presente el dueño de Estrella Galicia, Ignacio Rivera, patrocinador personal de Sainz desde 2013, y ahora también del equipo. Había seguido a Sainz desde categorías inferiores. El día de la carrera, Rivera y varios ejecutivos de la marca comieron con Carlos Oñoro, el mánager de Sainz. “Caco, me vas a llamar loco, pero creo que hoy nos subimos al podio, tengo una corazonada”. Sainz lo logró. Y subio a ese podio con una botella de cerveza de la marca. Casi con lágrimas en los ojos, emocionado, Rivera se fundió en un gran abrazo con Sainz. El destino quiso que compartiera él mismo tan singular celebración con su piloto.

Quedaba la foto con todos los mecánicos delante del garaje. Camino del mismo, Sainz y Oñoro pasaron por delante del motorhome de Mercedes. De allí salió su jefe de prensa con una botella de champán. “Hemos descorchado una botella que os correspondía a vosotros, y aquí tenéis otra para compensar”. La misma botella que abrió Carlos en la foto con el resto del equipo. Pero Lando Norris había conseguido otra por su cuenta. La abrió y le estampó un chorro en toda la cara. A Sainz le pilló desprevenido.

La sorpresa al aterrizar

Fue todo un derroche de emociones. Sainz llevaba consigo ese trofeo por el que esperó hasta el final. Había que volver a casa. No a España, sino a Gran Bretaña, a trabajar en Woking. En esta ocasión, Zak Brown no había estado presente en la carrera. Camino del aeropuerto, Sainz le llamó por teléfono. En septiembre, Brown había invitado a los Sainz a probar varios coches de carreras clásicos en el circuito de Motorland. En correspondencia, los Sainz invitaron a Brown a su finca de Ávila. Allí, sobre tierra, el máximo responsable de McLaren hizo sus pinitos con el potente buggie que padre e hijo utilizan para hacer manos. “Zak, las últimas vueltas que iba defendiéndome. ¿Te acuerdas? Pues hoy me ha venido muy bien lo que practicamos con el buggie en Ávila, porque iba con el coche patinando constantemente. Menos mal que practicamos, porque al final iba cruzado como si fuera un rallie”.

Pero quedaba una última sorpresa. Reyes, la madre de Carlos, y su novia, cogieron un avión a Londres a primera hora del lunes para llegar antes que el propio Carlos. Le esperaban a la salida de su avión. Jerry Maguire había terminado su trabajo.

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