UNO DE LOS PEORES RELEVOS DE LA TEMPORADA

Una asquerosa tarde de carreras: a Carlos Sainz y Mclaren se les pincha la burbuja

A pesar del optimismo de Sainz durante todo el fin de semana y su gran arrancada, el ritmo de carrera se despeñó inesperadamente con el segundo juego de neumáticos

Foto: A pesar de colocarse cuarto en la primera vuelta, Carlos Sainz se despeñó al montar el compuesto más duro y terminó con la peor carrera de la temporada (McLaren)
A pesar de colocarse cuarto en la primera vuelta, Carlos Sainz se despeñó al montar el compuesto más duro y terminó con la peor carrera de la temporada (McLaren)

Tras clasificarse séptimo el sábado en el Gran Premio de México de Fórmula 1, una periodista británica hacía una apuesta con Carlos Sainz si terminaba entre los cinco primeros, Sainz tenía que cantar el comienzo de la canción de una famosa banda sonora (“I feel it in my fingers, I feel in my toes…”). Tal era el ambiente que flota en torno a McLaren en los últimos tiempos. Difícil, pero cabía soñar cuando Sainz se colocaba cuarto al adelantar al mismísimo Lewis Hamilton en las primeras curvas. Hasta que, inesperadamente, apareció el equivalente ciclista del “Hombre del Mazo” que provocó una de las peores carreras de McLaren de toda la temporada.

“Hoy no era el día para luchar con nadie”. El Gran Premio de México deparó a piloto y equipo un duro aterrizaje que frena la euforia de los últimos tiempos con otro recordatorio de la naturaleza impredecible de las carreras. Cuando el propio Sainz saboreaba que “el equipo empieza a pensar como un grande”, el madrileño se tragó en el Hermanos Rodríguez una de esas tardes apestosas para un piloto de carreras.

Hamilton, ahora sí

Antes de comenzar, Sainz ya señalaba la mosca tras la oreja. “Recientemente, McLaren se ha escapado del grupo de mitad de parrilla e intentaremos mantenerlo, pero no hay un patrón, porque en Singapur y Suzuka tuvimos un margen y, sin embargo, en Rusia no”, apuntaba el jueves. Premonitorio. La carrera mexicana fue el reverso de la moneda de Sochi. Si allí la primera jornada fue descorazonadora para Sainz ante el rendimiento del MCL34, el domingo cuajó una de las mejores carreras de la temporada. En el Hermanos Rodríguez, sin embargo, Sainz exudaba confianza desde el primer día. El descalabro fue total.

“Todo el fin de semana me he encontrado muy bien con el coche, he podido ir siempre a fondo”, repetía Sainz el viernes. Tanto, que el equipo se atrevió a intentar pasar al Q3 con los medios. Lástima esa blocada de frenada que lo impidió. Pero la euforia del sábado encerraba el germen del desastre del domingo. La considerada mejor estrategia de carrera para Pirelli no era posible para McLaren al arrancar con el blando. “Tenemos una buena ventaja de ritmo espero que podamos compensar”, repetía un optimista Sainz, quien aventuró que podría ganar posiciones en la arrancada gracias a su compuesto más blando. Vaya si lo hizo.

Sainz salió como un torpedo una vez más, y se movió hábilmente entre el pique entre Hamilton y Verstappen. Por tercera vez consecutiva se encontró junto al británico. Esta vez no hubo prudencia y Sainz se colocó cuarto. “Hice lo que tenía que hacer, salir bien y guardar el neumático blando todo lo que podía, que nos duró hasta la vuelta quince o dieciséis, más de lo que esperábamos, a partir de ahí…” A partir de ahí llegó el Hombre del Mazo (sinónimo de la ‘pájara’ ciclista).

Un pato sentado

McLaren apostó por una estrategia arriesgada a una parada. Sin embargo, el tiro salió por la culata. Inesperada e incomprensiblemente, el compuesto más duro convirtió las ruedas del McLaren en cuatro piedras. Ese monoplaza que el sábado volaba se convirtió en un pato sentado para Racing Point, Renault y Toro Rosso. Sainz era la viva expresión de la impotencia al volante. Tiempo habrá para analizar para analizar las causas de tan desconcertante rendimiento. Pero la carrera se convirtió en un calvario cuando Sainz cayó a plomo como una piedra en un estanque.

Tom Stallard, su ingeniero, le pedía que superase a Kyvat tras la parada en boxes. Imposible. Mala señal. Hulkenberg arrancaba las pegatinas al McLaren. Uno tras otro superaban a Sainz, en la pista o tras las paradas en boxes. Hasta que las palabras de Sainz confirmaron lo que su monoplaza transmitía. “¿Cómo está el neumático Carlos? Necesitamos información del neumático…”. "¡Es horrible Tom! ¡No tenemos nada de ritmo! Para Sainz se había terminado la carrera antes de llegar a su ecuador.

Zanahorias para el piloto

Consciente del papelón, Stallard empezó a poner cebos a su piloto. “Algunos pilotos harán dos paradas”, le intentaba motivar Stallard, “sigue atacando, mantenles en tu ventana, y fuérzales a que vayan solo a una parada”, en la esperanza de que cualquiera de los monoplazas que rodaban por delante fundieran sus neumáticos en los compases finales o tuvieran que entrar en boxes. Así, un mensaje tras otro, bienintencionadas, pero inútiles esperanzas solo para mantener con oxígeno mental a un piloto despeñado desde la cuarta posición de la primera vuelta. Stallard era consciente de ello. También el piloto.

Al final, no habría canción al pasar la línea de meta. Ni el primero del resto. Ni puntos siquiera. En Montreal fue la primera vez que Sainz no puntuaba al acabar una carrera. Entonces, con la atenuante de aquella visera en los frenos que obligó a una prematura parada. En el Hermanos Rodriguez, ese segundo relevo fue el peor de toda la temporada para el equipo. Para Sainz y para McLaren el Gran Premio de México fue, simple y llanamente, una asquerosa tarde de carreras.

opta

Fórmula 1

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
3 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios