EN 2017, LE DOBLA EN PUNTOS A VERSTAPPEN

Ricciardo, el 'Ganso' que te gasta una broma y te aniquila después

Ricciardo es un piloto único por juntar talento y sentido el humor. Nadie en la historia ha sido como él, alguien que bromea con la prensa como adelanta a tres coches en una misma curva

Foto: Ricciardo, sonriente tras ganar en Bakú. (EFE)
Ricciardo, sonriente tras ganar en Bakú. (EFE)

A Daniel Ricciardo le conocen en la Fórmula 1 como el 'Honey Badger', un animal que traducido al español sería como 'tejón de miel'. Es probable que pocos conozcan siquiera de su existencia al ser una de las especies más extrañas del mundo, pero a Ricciardo le ocurre exactamente lo mismo. En un mundo donde reina la seriedad y la diplomacia, este simpático piloto australiano conjuga un brillo inigualable en los circuitos con una actitud realmente divertida con cualquiera que se cruce en su camino, incluídos los basureros del 'paddock', con quienes se reía al marcharse de Canadá.

De Ricciardo son conocidas sus continuas bromas con la prensa y hasta el resto de pilotos. Su padre es italiano y su madre tiene raíces de Calabria, y aún no hablando bien el idioma, intenta usarlo siempre con las cadenas 'Rai 1' e 'Sky Italia' y hasta les ha llegado a pedir correcciones en directo. Suele colgar vídeos rapeando, bailando y hasta en discotecas, y es que Ricciardo, que siempre pide pronunciar su apellido como 'Ricardo', nunca esconde nada, ni siquiera el avión privado en el que se mueve por todo el mundo. Sus amigos le llaman 'Ganso', pero se trata de alguien rabiosamente natural que lleva la sonrisa como carta de presentación, incluso en la pista.

La descripción perfecta sobre Ricciardo. (Cirebox)
La descripción perfecta sobre Ricciardo. (Cirebox)

Circula desde hace años un dibujo que define muy bien a Ricciardo: en él advierten a un piloto sobre "lo último que va a ver antes de que el Honey Badger venga al ataque". En los retrovisores, la clásica sonrisa del australiano. Y es que a los 'tejones de miel', además de ser muy especiales, también se les conoce por no tener piedad con sus presas, desde ratones hasta serpientes. Ricciardo es exactamente igual cuando se sube a un coche.

Sin títulos, pero con otras armas

A Ricciardo no le faltan circunstancias en su vida profesional que le podrían convertir en una persona ansiosa, cabreada o irritada. Es uno de los mejores pilotos y hasta Fernando Alonso le ha colocado en su 'Top-3' personal, pero nunca ha luchado por el Campeonato del Mundo y puede tardar años en hacerlo. Pero es lo contrario a Vettel, que con cuatro mundiales y varios podios en 2016 no sonrió en ningún momento. Su forma de asumir la adversidad es distinta a la de culquier piloto, y sólo se le recuerda un enfado, en Mónaco 2016, cuando su equipo le arruinó la victoria. El resto, todo positividad.

Cualquiera hubiera dado un portazo a Red Bull sin un coche capaz de sacar el talento que lleva dentro y a Helmut Marko por la preferencia personal que ni él mismo oculta hacia Max Verstappen, pero 'Dan' (otro de sus motes) se ha tomado su vida en la F1 como una ocasión para crecer personalmente. Lo hizo en 2014 ganando a Vettel contra todo pronóstico, y luego en 2016 tras conseguir una victoria y acabar 16 puntos delante de Verstappen en las carreras donde compitieron juntos. Este año Verstappen le aprieta cada fin de semana, pero ya lleva cuatro podios seguidos y le dobla en puntos. El otro día casi se le desencaja la mandíbula.

Hay quien habla de suerte, y es cierto que le está acompañando, pero también ayuda un ritmo de clasificación apabullante al nivel de Hamilton y, sobre todo, una facilidad para adelantar nada envidiable a la de su compañero. En Bakú no sólo ganó por tener la cabeza fría y creer en sí mismo cuando rodaba fuera de los puntos- algo que le viene por su personalidad-, sino también gracias a una maniobra alucinante donde se quitó a tres coches de una atacada. Sólo tuvo que esperar a que el 'irritado' Vettel y el 'vacilón' Hamilton se enzarzaran. Es alguien que sabe esperar, algo poco frecuente en la F1.

En el podio, Ricciardo estaba eufórico y volvió a sacarse su típica bota antes de llenarla con champán y bebérsela. Le hizo una broma a Lance Stroll preguntándole por su edad y siguió luego repartiendo sonrisas por el 'paddock'. Hay muy pocos pilotos que hayan triunfado con esta actitud en la Fórmula 1. Los hay que llegaron al olimpo sin un carácter apaciguador como Ayrton Senna o Michael Schumacher, u otros que destacaban más por su humor, como Vitantonio Liuzzi o Pastor Maldonado, muy bromista con la prensa. Pero nadie como Ricciardo junta tan bien estas dos cualidades.

Ferrari, ¿próxima estación?

La carrera de Ricciardo entra ahora en una situación difícil de adivinar desde fuera. En invierno dijo que abandonaría Red Bull si no ganaba el título este año, pero Marko avisó hace poco que tiene contrato hasta final de 2018 y no se plantea su adiós a Ferrari a corto plazo. Que ocurra, sin embargo, es algo que algunos dan por hecho en el futuro. Si este piloto medio-italiano aterriza en la Scuderia, opta al título y además coincide de nuevo con Vettel, su nombre puede pasar a ser conocido por todo el mundo. Será ahí cuando, con su sonrisa, tendrá que matizar a todos el 'Ricardo' por el 'Ricciardo'.

Ricciardo celebró su victoria en Bakú hasta con los cámaras de televisión. (EFE)
Ricciardo celebró su victoria en Bakú hasta con los cámaras de televisión. (EFE)

Hasta entonces, no son pocos los que ven su perseverancia como el secreto detrás de los tres podios consecutivos (e inesperados) que consiguió en España, Mónaco y Azerbaiyán. Iba a años luz de los líderes, pero golpes de fortuna y una conducción brillante han maquillado una etapa donde Red Bull esperaba hundirse. Él no lo atribuye a su personalidad y niega ser "experto en psicología"; su secreto, pensar antes de actuar y controlar los tiempos. "Cuando pasas a alguien, debes interiorizar en tí mismo que vas a ser agresivo. O si llueve, por ejemplo, siempre tengo en cuenta cuándo necesito ser conservador y cuándo sé que me la puedo pegar contra el muro". Para concentrarse, escucha música una hora antes de la carrera. "No necesito nada más", confiesa. Eso, y sonreir.

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En Mónaco 2016, donde llevaba toda la vida soñando con ganar, acabó yéndose del circuito feliz. Unos días después, le preguntaron por qué. "Bien, es mi carrera deportiva y llevo años trabajando para esto, pero hay cosas más importantes. Han venido mis padres y mis amigos a apoyarme. Estábamos todos algo tristes, pero les dije: mirad, estamos en Mónaco y he quedado segundo. Ganar estaría mejor... pero hay peores cosas en el mundo".

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