PRIMERA VICTORIA DEL AÑO PARA EL AUSTRALIANO

Vettel y Hamilton regalan a Ricciardo una victoria caótica; podio de Stroll y Alonso 9º

Ricciardo triunfó en el río revuelto que organizaron Vettel y Hamilton, con Stroll en el podio y Bottas cabalgando al tercer lugar. Alonso soñó con algo grande, pero acabó noveno detrás de Sainz

Hay quien sigue sosteniendo que la Fórmula 1 es un deporte aburrido, o una competición de ingenieros donde siempre ganan los mismos. Si plantearan hoy esta cuestión a Lewis Hamilton y Sebastian Vettel, es probable que asintieran con una respuesta más bien borde que agradable. Lo contrario ocurriría con otros más afortunados como Daniel Ricciardo, que ha constatado en primera persona cómo el 'caos' existe realmente en las carreras y puede favorecer a algunos pilotos como condenar a otros a la más absoluta ruina. Así es este deporte, una obra de ingeniería y pasión que ha regalado en Bakú otra de esas funciones que quedarán para siempre en la retina del público. Y sí, hoy Ricciardo ha vuelto a sonreir, pero con el trofeo en la mano y su primera victoria del año. Ni él ni nadie se lo creía.

Iba noveno en la vuelta 13, pero se puso primero en la 31 y acabó bebiendo de su famosa bota en el podio. Entre medio, un periodo de una hora donde ocurrió de todo, y a su favor. Primero con un abandono de Max Verstappen que pudo ocurrirle perfectamente a él, pero condenó al holandés de forma cruel, cuando iba camino de dar la batalla por la victoria. Después se tocaron los Force India de Sergio Pérez y Esteban Ocon, explosionando el desastre que cerca estuvo de ocurrir en Canadá. Kimi Raikkonen, mientras, sufría un pinchazo antes de que llegara el momento clave: el coche de seguridad en la 'maldita' vuelta 23. Hamilton lideraba y Vettel había escalado al segundo lugar, con la esperanza de echarle el gancho. Y al final, los que se engancharon fueron ellos mismos.

Fue otra anécdota de esa batalla de niños que tanto les motiva a ambos, pero esta vez con una pelea casi indigna de guardería. Hamilton frenó demasiado a Vettel detrás del Safety Car, y Vettel le tocó ligeramente en la parte trasera. El alemán se cogió un arrebato y poco después le propinó un impacto con la rueda delantera que el inglés criticó con mucha fuerza. Sus coches no se rompieron, pero muchos lo vieron como un pulso indigno para dos campeones del mundo. De algún modo, el destino les hizo pagar su mala conducta: a Hamilton se le descolocó el reposacabezas y tuvo que hacer una parada extra para volver a ajustarlo, y la FIA sancionó a Vettel con 10 segundos por conducta antideportiva. El alemán terminó quinto y ganó la partida a Hamilton, sexto. Dejaron vía libre a Ricciardo... y al podio de Lance Stroll, la revelación del día.

Stroll y Bottas, un podio más que inesperado

Stroll empezó a cocerse su propia gloria desde el viernes, cuando todos los pilotos se salían de la pista y él hasta superaba en tiempos a Felipe Massa, con 16 años de experiencia en Fórmula 1. Con la motivación de haber puntuado en Canadá, salía octavo y el caos de delante le puso de repente segundo, que bien podría haber sido una victoria si Ricciardo llega a tener la misma mala suerte que Verstappen. Sacó el 100% del Williams, pero finalmente acabó tercero, quién sabe si por otra de esas acciones del destino que quiso favorecer a Valtteri Bottas cuando más lo merecía. El finlandés se tocó con Raikkonen al inicio de la carrera y llegó a ser doblado por los líderes, pero se reagrupó con la bandera roja y tiró de agresividad para cabalgar al podio. A Stroll le adelantó bajo la bandera a cuadros, en el último metro de la última vuelta, casi digno de 'ojo de halcón'. Fue otro recordatorio para quienes tildan a la Fórmula 1 de predecible. Que se lo digan a estos dos.

No se subió al podio Esteban Ocon, sexto, pero quizá tampoco lo quería el destino. Se marcó otra remontada al nivel de Bottas, pero fue optimista cuando intentó adelantar a Pérez y le arruinó la carrera. Le faltó la misma perserverancia que le convirtió en el ganador 'moral' de Canadá, donde Force India empezó a perder una sangría de puntos que hoy ha rematado de la peor forma posible. Pudieron ganar esta carrera con otro guión, pero sus pilotos truncaron la gesta. Justo detrás terminó Kevin Magnussen, que llegó a rodar en el podio manteniendo a raya a coches notablemente más rápidos. Fue un duro golpe a su compañero Romain Grosjean, perdido entre un sinfín de averías de frenos y más incómodo que nunca antes de abandonar la carrera.

"Podríamos haber ganado esta carrera"

Suena rocambolesco, pero Fernando Alonso podría haber ganado hoy el Gran Premio de Azerbaiyán. Hubiera necesitado otro motor que no fuera Honda, y él mismo se lo contaba a su ingeniero por la radio, porque las circunstancias eran las mismas que ya le auparon a la gloria en carreras como Valencia 2012. Cruzó la meta noveno, otra vez con problemas del motor y "arriesgando" en cada curva, pero llegó a ir cuarto a tiro del podio. ¿Cómo? En la misma forma que Ricciardo y Stroll se bañaron en champán con propulsores dignos en las rectas: manteniendo el tipo ante el caos y sin cometer errores. Alonso hizo lo mismo, pero casi termina fuera de los puntos. La imagen la dejó cuando venían por detrás Vettel y Hamilton en plena remontada; les aguantó y hasta intentó devolverles el adelantamiento. Ha puntuado por primera vez en 2017, pero aspiraba a más, con esa fuerza que aún le granjea elogios pese a rodar con 25km/h de déficit. Es más que un ejercicio de psicología.

Alonso tuvo un buen acompañante de batallas, Carlos Sainz, quien vivió un panorama de resignación muy parecido. Trompeó en la primera curva intentando evitar un toque con su compañero Kvyat, que abandonó por una avería mecánica. Rodaba penúltimo, justo delante de Bottas, pero terminó octavo y salvó una jornada donde pudo haber sido perfectamente 'el Stroll' con otro guión y un coche algo más rápido en las rectas. Sauber pescó en río revuelto y sumó puntos con Pascal Wehrlein, décimo tras una intensa batalla con Marcus Ericsson. Stoffel Vandoorne, 12º fuera de los puntos, fue una de las grandes decepciones en un día que arrojó un resultado final solamente achacable a la fuerza del destino. O quizá fuera la naturaleza de las carreras, aquella que bajó de la nube a Vettel y Hamilton y sacó la sonrisa más brillante de Ricciardo. Hay quien lo llama Fórmula 1, el mayor espectáculo del mundo.

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