EXTRAVAGANTE CELEBRACIÓN TRAS UNA PASADA

Daniel Ricciardo, el mayor cachondo mental de la Fórmula 1

Daniel Ricciardo celebró a su manera, y a casi 300km/h, un adelantamiento espectacular en Monza. Dos gestos que le definen como un gran piloto con una divertida personalidad

Foto: Daniel Ricciardo celebrando (a su manera) con su equipo el podio de Bélgica.
Daniel Ricciardo celebrando (a su manera) con su equipo el podio de Bélgica.

Verle sin una sonrisa es extraño. Noticiable. Daniel Ricciardo comenzó a brillar en la Fórmula 1 cuando en 2011 su ortodoncia metálica hacía efecto espejo en cada instantánea que le tomaban con flash, ahora brilla más en el asfalto, con adelantamientos épicos como el del pasado domingo en Italia. Su machada sirvió para poner a su Red Bull donde no debía estar, en quinto lugar, y su celebración 'surfera' y vacilona escenifica la subida de adrenalina de alguien con un particular punto de vista de su trabajo. “Cuando le pasé (a Bottas) me eché alguna risita”, reconoció con guasa a quien este año se le ha visto bebiendo de su propia bota -sudada- en el podio, echar una carrera de karts con el hijo de Felipe Massa en la terraza de este o tratar de poner acento irlandés en una rueda de prensa... Es un personaje que irradia felicidad fuera del coche y que dentro está realizando un sensacional trabajo batiendo a la estrella emergente, Max Verstappen.

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“Fue un adelantamiento muy agradable (a Bottas). Tengo tres horas hasta llegar a casa esta noche y no quería pasarme todo el viaje lamentando que no lo intenté. Valtteri es un piloto justo y me había visto en los espejos, sabía que él no me cerraría, así que tuve una oportunidad. Fue muy divertido y agradable venir de tan lejos y pasarle”, explicó el joven de 27 años quien, en pocos segundos con el soberbio adelantamiento y la posterior celebración, se definió a sí mismo. “Fantástica maniobra de adelantamiento” para Helmut Marko; “movimiento de adelantamiento sobresaliente” según Christian Horner; “mejor adelantamiento del año” comenta el expiloto y especialista Martin Brundle. La celebración no se quedó atrás y no era para menos ya que su movimiento es comparable a jugarse un triple desde el centro del campo… ¡dentro!.

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Dos fines de semana con el gesto torcido

Desde que puso sus pies en el paddock de la Fórmula 1, en 2011 en el box de Hispania Racing, han sido pocas las veces que se le ha podido fotografiar con el semblante serio. ¿Cómo es Ricciardo enfadado? Dos capítulos del pasado mes de mayo mostraron esa cara desconocida hasta entonces de Daniel, a quien la F1 siempre le había sonreído tanto como él a la vida. El GP de España, cuando pudo ganarlo pero una mala estrategia de Red Bull -y un pinchazo- le enviaron al cuarto puesto, es uno de esos momentos en el que el ánimo del joven de Perth se vio contaminado por lo que ocurría en el exterior (pese a ello, en la foto de familia de final de carrera aparece sonriendo). “Aún me levanto pensando en la carrera de Barcelona”, indicó en Mónaco, donde también terminó el fin de semana lanzando un mensaje rotundo al equipo tras un nuevo fallo (esta vez en boxes): “Me la han liado otra vez. Me han fastidiado dos carreras”. Eran errores que no sucedían en el box de su compañero, Verstappen, y que le habían privado de dos victorias…

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Al margen de estos dos 'puntos negros', este 2016 está batiendo al “próximo Senna” 125 a 108 puntos (6-4) en carrera y 8-2 en clasificación. Su simpática expresividad se apoya en estos números y sus divertidas payasadas han sido numerosas teniendo en cuenta que su curva en la F1 ha sido ascendente -llegando incluso a batir a Vettel en 2014-.

Esta temporada, siendo uno de los 'veteranos' de la parrilla y habiéndose ganado el respeto de equipo, rivales y afición con 3 victorias y 14 podios en su carrera, es cuando más suelto se le está viendo (el año pasado tampoco se le vio mal bailando bajo la lluvia con Kvyat). Y no sólo por los looks tan llamativos que ha llegado -bigote fino o cresta, por ejemplo-. Está cogiendo la suficiente confianza como para no sólo beber él mismo el champán del podio en su propia bota, sino ofrecérsela a su compatriota Mark Webber y que este acceda. Este 'shoey' es una moda entre pilotos de Australia que la inició en 2015 David Reynolds (V8 Supercars) y que la han popularizado esta campaña Jack Miller en MotoGP y Ricciardo en F1.

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Celebra la vida riéndose en cuanto puede

Es un piloto con una personalidad singular que disfruta a su manera del trabajo. Si la competitividad es algo que suele emanar de la figura de un piloto esté o no en el monoplaza, en el caso de Ricciardo se limita a cuando está subido en el coche. Un ejemplo es la explicación a una cadena británica este pasado fin de semana de sus cualidades como futbolista… “Básicamente, me limito a correr detrás de la pelota”, acompañado por un “jajaja”. No quiere demostrar nada más allá de su pilotaje y, en cuanto esta labor se lo permite, intenta celebrar la vida a golpe de carcajada, incluso a 300 km/h en un monoplaza. Quizás, si se tratase de otro piloto, su gesto se hubiera podido ver como una falta de respeto al piloto adelantado (quien contaba con mejor coche), pero tratándose de Ricciardo nadie duda de que su cachondeo nace sin maldad alguna.

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Es algo intrínseco a su figura del que hace gala también en vacaciones: en agosto se le pudo ver por Los Ángeles con un grupo de amigos pasear con algún coche que dista mucho del glamour que desprende la Fórmula 1… Antes del verano, también se le pudo ver en la rueda de prensa posterior a la carrera de Alemania poner acento irlandés ante la pregunta del periodista (Graham Keilloh)... que resultó ser escocés. Risotada de Ricciardo y un “¡oh, Scottish! ¡viva Scotland!”. “Es la mezcla de beber champán en su bota sudada”, comentó con sorna Lewis Hamilton, quien le acompañaba en la conferencia. Genio y figura que encaja a la perfección con la filosofía jovial que desprende Red Bull y de la que este año está disfruta más que nunca cada aficionado del Gran Circo.

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