mal partido en la dirección y primera derrota

La presión tenía que poder algún día con el mejor de la Euroliga, Luka Doncic

Bartzokas se preguntó muchas veces la temporada pasada cómo parar al Real Madrid y la respuesta la ha encontrado en Rusia. Un Khimki coral impidió la reacción blanca y se llevó el triunfo

Foto: Thomas trata de anotar ante Ayón. (EFE)
Thomas trata de anotar ante Ayón. (EFE)

El Real Madrid ya no está invicto. Si contamos la Supercopa, dejó de estarlo hace tiempo. Pero en lo que es la temporada propiamente dicha, en el transcurso de la ACB y la Euroliga, no había caído. No es fácil encontrar un inicio de curso más complejo para los blancos, que al poco de empezar se quedaron sin Kuzmic para todo el año, sin Randolph para varios partidos y ya no tenían a Llull. Fallar alguna vez entraba dentro de las variables a tener en cuenta. Se estiraron los datos durante diez encuentros en los que no faltaban los que faltaban. Y contra un viejo enemigo, Georgios Bartzokas, faltaron (80-86).

Hay días en la Euroliga en los que jugar sin Llull es como pedirle a los Bulls que ganen el sexto partido y el anillo a los Jazz sin Jordan. No pasa siempre, no sería el Madrid de lo contrario. Hay tanto talento en nómina que las victorias se suceden, no sin el sobreesfuerzo de los que aspiran a hacer de Sergi. Pero hay un día en el que se le echa de menos. Ahí, en la grada, aplaudiendo para dar ánimos, sufriendo cuando no entran y celebrando un triple de Maciulis. Tan cerca y tan lejos.

Pensó el Palacio de los Deportes en él cuando a Luka Doncic le cayó la penúltima bola. La que mete Llull tantas veces por encima de las probabilidades. No la metió Luka. Perdió el Madrid. "Se hablaba muy bien del equipo, de los jugadores y las buenas palabras no ayudan a crecer. Si queremos ser competitivos y ganar partidos grandes tenemos mucho que mejorar", Laso, siempre tan claro.

Cuesta acordarse de que Doncic tiene 18 años. No es de los veteranos, pero está en el Madrid desde hace suficiente tiempo y posee galones cual general que su edad parece estar más próxima a la treintena que a la adolescencia postrera. Hizo su partido más flojo en Europa esta temporada porque 'solo' metió 12 puntos, cogió 7 rebotes y dio tres asistencias. Promedia todavía 21,6 puntos por encuentro. Pero contra el Khimki le pudo la presión, la juventud. Nada que no se olvide como si nunca hubiera pasado en el próximo partido en Tenerife.

La presión tenía que poder algún día con el mejor de la Euroliga, Luka Doncic

Bartzokas se pasó toda la temporada pasada preguntándose cómo parar al Madrid. Hundido en su mar de nervios en el despiporre que se generó en su Barça, salió escopetado de Barcelona para irse casi lo más lejos posible, a Moscú. El Khimki le permitía seguir estando en la élite, seguros de que lo ocurrido en el Palau Blaugrana fue propiciado por las circunstancias y no por sus cualidades. En Rusia se ha encontrado con un equipo espectacular que busca por fin hacer algo grande en Europa. En el Barça, por ejemplo, no tenía a Charles Jenkins ni a Stefan Markovic. Seis balones robaron entre los dos a un Madrid perdidísimo en la dirección de juego.

Se chocó una y otra vez contra ellos Doncic y, obcecado, no salió del laberinto en el que también se metió Facu Campazzo, desorientado en los momentos clave, justo esos en los que el Murcia sacaba provecho día sí y día también. Justo los dos jugadores que estaban siendo la aleación para la prótesis que más se parecía a Llull fueron anulados por la defensa rusa. Tanto en el tercero como en el último cuarto, el Madrid desaprovechó la acumulación de faltas del adversario y no pudo ir con regularidad a la línea de tiros libres. Sin Kuzmic, el juego interior del Madrid pasa por Ayón. De lo contrario, los centímetros del Khimki se comían a Reyes, Randolph, Maciulis y Radoncic.

Y pese a los nubarrones, pese a que se enturbiaba el ambiente por las pérdidas y la incapacidad para recoger rebotes en canasta propia, el Madrid estuvo varias veces por delante. Por uno o dos puntos, pero lo estuvo. Tuvo el partido cerca. A través de impulsos puntuales, el Madrid recortaba las distancias entre ocho y diez puntos que siempre mantenía el Khimki. Automáticamente una vez obtenida la ventaja en el marcador, resurgían los males. No había coherencia en la dirección, ni siquiera de un muy buen Causeur, y se volvía a conceder canastas sencillas. Las difíciles también las metía Shved, pero eso se da por hecho de antemano, porque él es así, las mete difíciles como cuando otros tiran desde dos metros sin oposición.

opta

Euroliga

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios