anotó 30 puntos en el último encuentro

Ricky Rubio enseña los dientes: su nueva versión asombra en Utah y la NBA

El jugador está mostrando un baloncesto más agresivo, acertando más desde la línea de tres. Siempre fue un jugador muy maduro, pero esta temporada se ha quitado la timidez de antaño

Foto: Ricky, en un partido de los Jazz. (EFE)
Ricky, en un partido de los Jazz. (EFE)

Apareció en Salt Lake City con la barba más poblada y el pelo más largo y engominado. También parecía más musculado que en otras temporadas, aunque eso no es del todo extraño en un jugador de la NBA. Ricky Rubio seguía siendo el mismo, pero los buenos jugadores matizan con el tiempo, van mutando poco a poco en su juego y mostrando versiones diferentes de sí mismo. El base de El Masnou, además, acababa de cambiar de equipo. Nadie le pidió opinión, por descontado, esto es la NBA, pero el caso es que terminó dejando Minnesota para enrolarse en los Utah Jazz. Un reto diferente en el que tendría que mostrar nuevas versiones de su juego.

Ahora es, sobre todo, un mejor tirador. Lanza más de tres que nunca y lo hace con más acierto que en el pasado. Ha sufrido un cambio de rol, el base que solo vivía por asistir ahora tiene que dar un paso más y convertirse también en un tirador. En ello esta, con 30 puntos en el último partido, diez de ellos en la prórroga, marcó su segunda mejor actuación en la NBA. En la temporada está en un 37% de acierto más allá del arco de los tres puntos y, a cambio, está asistiendo bastante menos. En Minnesota había más talento anotador y Ricky, el nuevo Ricky, ha tenido que demostrar otros talentos. Su estadísticas han dado un salto pero, más que nada, han dado un cambio, como explica en profundidad la web Kia en Zona.

Su cambio es especialmente interesante si se tiene en cuenta que, en el pasado, estaba entre los peores tiradores de la NBA. Haber empezado a tirar de tres y a meter con frecuencia. Ha trabajado mucho para ello, pues Ricky, que es zurdo de nacimiento, tira con la derecha, lo cual en ocasiones le ha supuesto problemas de mecánica. El cambio, en todo caso, está más en su mentalidad. El brillo se le ve en los ojos, siempre fue un jugador maduro, pero antes era más tímido y menos consciente, quizá, de sus amplias posibilidades. Y eso que, desde que era un preadolescente, se hablaba de él como un baloncestista a tener en cuenta.

El año pasado fue el más duro de su carrera, más por temas personales que por lo que ocurría en la cancha. De hecho, sus últimos meses en Minnesota fueron notables, allí se empezó a ver el cambio deportivo que ahora es más evidente. Pero mientras jugaba, con el ritmo imposible que la NBA propone de sus empleados, de dos y tres partidos a la semana, él tenía la cabeza en otro sitio. Su madre, Tona, luchaba contra un cáncer. Fueron meses de dolor, de levantarse en hoteles y plantearse, según confesión propia, si tenía sentido seguir jugando y no estar junto a ella en esos momentos tan duros.

El recuerdo de su madre

Una pulsera regalada por el vicepresidente de los Timberwolves, su anterior equipo. Era el típico fetiche magufo, con aguas del Everest y barros del Mar Muerto, pero sobre todo era un recordatorio de ella, que tenía una igual. Mirarte la muñeca y pensar en todo lo que te ha dado, aún esta temporada la lleva, siempre fuera de los partidos. Esa pulsera es un símbolo personal de un jugador que ahora tiene una vida nueva.

Siempre fue un hombre solidario, en el pasado, desde que es profesional, ha sido una persona activa en todo tipo de causas. Ahora sus esfuerzos se centran en la fundación A Breath of Hope (un aliento de esperanza) en la que colabora por medio del fondo Tona Vives y que se centra, precisamente, en la investigación sobre el cáncer de pulmón. El fondo, de hecho, se dedica a financiar becas y a subvencionar proyectos concretos.

"Ella siguió luchando durante cuatro años y siempre con una sonrisa en la cara; siempre animándome cuando se suponía que era yo el que debía transmitirle fuerza a ella. Estoy muy orgulloso de la madre que me crió. La echo mucho de menos y me gusta recordarla en los buenos momentos", explicó Ricky en una emotiva carta la pasada temporada, publicada por el sindicato de baloncestistas de la NBA.

"A veces, durante la temporada, estaba pasando por un infierno. Me despertada, quién sabe dónde, en Sacramento, Los Angeles, en mitad de la noche. Y pensaba: ¿por qué estoy aquí?, ¿vale todo esto la pena?", se preguntaba en otra entrevista durante la temporada. Tona siempre estará ahí, en la memoria del jugador de la NBA. De ella recordará el sufrimiento pero, sobre todo, su capacidad para nunca dejar de luchar.

El cambio físico es también un cambio de actitud. Ricky enseña los dientes y ruge, ha tomado los galones de su equipo. No es solo una cuestión de jerarquía sino de modo de juego. Él siempre fue un buen defensor, con gran capacidad para robar balones y eso sigue ahí. Ahora, en el otro lado de la cancha, está más agresivo que nunca, busca el aro rival y no teme ni tirar ni penetrar. Se ha convertido, por lo tanto, en un jugador más completo. Y en Utah lo están disfrutando.

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