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De la pista al despacho: la nueva 'asistencia' de José Manuel Calderón y su vida en EEUU

A pesar de su adiós, el extremeño continuará ayudando a sus compañeros como asesor del sindicato de jugadores de la NBA. Está feliz en Nueva York. No cree que los Raptors retiren su dorsal en el futuro

Foto: José Manuel Calderón celebra una canasta con la camiseta de los Raptors en 2011. (EFE)
José Manuel Calderón celebra una canasta con la camiseta de los Raptors en 2011. (EFE)

"Me he retirado yo y de repente también lo han hecho David Villa, Jorge Lorenzo... parece que he abierto la veda. ¿Me tendrán envidia?", se pregunta entre risas José Manuel Calderón desde su despacho en pleno corazón de Manhattan (Nueva York). Allí, a poca distancia de su casa, se encuentran las oficinas de la Asociación Nacional de Jugadores de la NBA (NBPA, por sus siglas en ingles), su nuevo refugio. 'Mr Catering', como le apodaba el gran Andrés Montes, decidió a principios de mes anunciar públicamente su retirada de las canchas tras 20 años sirviendo 'bandejas', asistencias y triples. En España ("No creo que sea el mejor base de este país"), pero sobre todo en Norteamérica, donde forjó su leyenda tras 14 cursos seguidos en la mejor liga del mundo, a la que llegó como un joven imberbe de tan solo 23 primaveras. Ahora, con 38 "tacos", como él dice, cambia el chándal por la corbata: será el asesor especial de Michele Roberts, la directora ejecutiva de uno de los sindicatos deportivos más importantes al otro lado del Atlántico.

"Estoy contentísimo con este nuevo puesto, para qué engañarnos. Este cargo no existía antes y mi objetivo es intentar desarrollarlo de cara a otros compañeros en el futuro. En principio estaré un año. Es importante que las personas que nos hemos dedicado durante tanto tiempo al basket participemos en la toma de decisiones de esta asociación, que vela por los intereses de los jugadores y tiene un poder bastante grande", explica el extremeño a El Confidencial. "No me he desligado de mi deporte, sigo en él, pero desde otro enfoque. Me llena de orgullo que Chris Paul, por ejemplo, haya dado su consentimiento para que sea yo el intermediario entre ellos y las franquicias. Les asisto. Mi responsabilidad pasa por reunirme con todos los jefes de departamento de los equipos. Intentaré absorber todo lo que pueda y ver cómo funciona el negocio desde el otro lado", aclara poco antes de entrar en una reunión. "Vamos, José", le dice alguien al otro lado del teléfono.

Calderón atiende a la prensa antes de la disputa de las finales de la NBA en 2018. (EFE)
Calderón atiende a la prensa antes de la disputa de las finales de la NBA en 2018. (EFE)

Son las 10:00 de la mañana y la vida del que fuera el base titular de la generación de oro de nuestro baloncesto ha cambiado bastante. Calderón sigue viajando, pero con otro ritmo. Atrás quedaron ya las largas concentraciones, entrenamientos, sesiones de tiro, etc. Ha ganado en calidad de vida, en tranquilidad. Lo necesitaba. Estaba cansado del estrés y, en cierta medida, también de la incertidumbre, esa que le venía acompañando desde que abandonara por obligación (así es el mercado) su querido Toronto en 2012: Detroit, Dallas, Nueva York, Los Ángeles, Atlanta, Cleveland... demasiados destinos. No quería formar parte de un equipo sin opciones de playoffs y tampoco le generaba demasiada ilusión servir de instructor para los más jóvenes, por lo que en septiembre se asentó definitivamente en Nueva York y decidió plantarse. "No me ofrecieron un proyecto que realmente me llamase la atención y echaba en falta pasar más tiempo con mi mujer e hijos, así que hasta aquí, fue bonito mientras duró. Sumar una temporada más porque sí no añadía nada especial a mi carrera", afirma. Su nuevo trabajo en la NBPA le permite disfrutar de un horario flexible: "Me levanto muy temprano, llevo a mis críos al colegio y luego voy a la oficina. Una vez terminamos las reuniones me suelo ir a casa, recojo a los niños y, si no tengo nada más que hacer, les ayudo con los deberes y juego con ellos. Es lo que necesitaba después de tantos años de sacrificio, incluidos los veranos de Mundiales, Europeos o Juegos".

Su sueño no era la NBA

Por todo esto, 'Calde' no tenía vértigo al empezar una nueva aventura profesional. Barajó todas las opciones y en ninguna de ellas estaba volver a España: "Cuando surgió la oportunidad de entrar a trabajar en el sindicato no me lo pensé. Además, mi familia está muy acomodada en Estados Unidos. Si mis hijos fueran muy pequeños aún se hubiera estudiado la posibilidad, pero ahora que ya tienen un grupo de amigos, se manejan perfectamente en inglés y demás... Ellos asocian España a sus vacaciones y no quería tampoco cambiarles los esquemas, otra vez más no. Ya nos hemos movido mucho. Nueva York es una ciudad impresionante que te permite hacer todo tipo de cosas. Por lo que a mí respecta quiero estar cerca de la NBA, seguir ayudando. Mi papel es este ahora, más adelante ya se verá", expone.

Cómo es la vida que el de Villanueva de la Serena no tiene, al menos por el momento, intención de abandonar una liga en la que nunca soñó jugar: "Tengo que ser franco, cuando era joven no anhelaba jugar aquí". Por eso cuando se presentó al draft del 2003 y fue ninguneado no se llevó un chasco: "Me dio igual no estar entre los elegidos, sinceramente. En aquella época a los españoles nos quedaba muy lejos la NBA. No fue una decepción, al contrario. Al año siguiente, mucho más maduro, pude negociar y Toronto me hizo una oferta que me pareció perfecta para mi crecimiento. Vine a probar un año sin demasiadas expectativas y acabé quedándome ocho, aunque hubiera estado toda la vida". Y es que Calderón tuvo algunas dudas antes de aterrizar en Canadá procedente del Baskonia: "A Raúl López, que jugaba en mi misma posición, no le habían terminado de funcionar las cosas y eso me generaba cierta preocupación. Ahora es más normal que haya bases no americanos, pero antes éramos pocos y hombre, tú quieras que el público entienda tu juego, aunque no seas un súper anotador, que es lo que allí primaba. Luego, sabías que si fracasabas ya iba a ser muy difícil volver de nuevo. De todas formas tenía que probar la experiencia. Darrick Martin, que ejercía de tercer base, me ayudó mucho en mis primeros pasos: movimientos, reglas, etc. Fue un regalo que él estuviera porque, además, a mí me costó mucho el inglés".

El resto es historia: Calderón se convirtió en un referente gracias a su buen hacer tanto dentro como fuera de las pistas. Ocho temporadas para el recuerdo donde estableció el mejor porcentaje de tiros libres en un curso en la NBA (98,1% de acierto en 2009) y su mejor marca persona de anotación (30 puntos contra los Lakers en 2012) antes de convertirse en el mejor asistente histórico de la franquicia (3.700 pases a canasta). "Las estadísticas no son lo mío. Yo soy como soy. He trabajado siempre para mi equipo, esa ha sido mi misión y mi virtud. Como jugador mejoré muchísimo, le dedicaba horas y horas al tiro porque no era mi fuerte. Después de tanto tiempo al final me quedo con dos cosas: mi debut y el cariño de la gente. Nunca hice enemigos en la cancha y siempre que he vuelto me han recibido de forma fantástica". ¿Deberían colgar su dorsal en el Scotiabank Arena? "Sería algo bonito, pero no lo he pensado. Acaban de ganar el anillo y creo que ahora hay jugadores más importantes. En mi época no teníamos ningún tipo de presión, bastante era si entrábamos en las eliminatorias por el título. Para recibir un homenaje así debes de ser un jugador de otra dimensión y yo no creo que cumpla ese perfil. Me quedo un poco en blanco si me pongo a darle vueltas. No sé quién toma las decisiones para que esto pudiera pasar", opina.

El tapón que le marcó

Antes de conquistar los corazones del público canadiense, 'Calde' dejó también una huella imborrable en Vitoria y Alicante, clubes en los que empezó a labrarse un futuro (también Fuenlabrada). Con 13 años dejó Extremadura para mudarse a la cantera del Baskonia y con 17 vivió su primera experiencia como profesional en el Lucentum, al que salió cedido: "Llegó la oferta de Alicante y la estudié muy bien con mis padres. Por aquel entonces el Lucentum era un club sin presión y con un entrenador como Andreu Casadevall que nos gustaba a todas las partes. Fue un acierto ir para allá. La plantilla estaba comprometidísima, una afición también muy ruidosa. Coincidí con gente más experimentada por primera vez y aprendí mucho. Conseguimos el ascenso por sorpresa y la temporada siguiente debuté en la ACB". Fue contra el Cáceres (2000), el equipo de su tierra. Si en Alicante y Fuenlabrada pulieron su talento, en su regreso a Baskonia terminó de consagrarse para luchar por títulos. Obtuvo la Copa del Rey en 2004, pero no pudo alzar ni la Euroliga ni la ACB, esta última tras un final trágico en el último encuentro de la eliminatoria contra el Real Madrid: "Completamos un último minuto horrible, desperdiciamos ocho puntos de renta. No sé la cantidad de balones que perdimos. Me acuerdo del triple de Herreros que les puso por delante. Yo no había anotado en todo el partido, pero me jugué la última canasta sobre la bocina. Penetré y me llevé un tapón. Fue una derrota muy dolorosa".

En España compartió vestuario con David Gil, Perasovic, Scola, Splitter o Prigioni (los tres últimos también NBA), en América con figuras como Chris Bosh, Dirk Nowitzki, Carmelo Anthony o Lebron James, grandes estrellas a nivel mundial: "Estoy muy agradecido por el trato que me dieron todos ellos. Con Bosh tuve mucha química durante mi estancia en Toronto, un gran compañero, es una pena que las lesiones lastraran su carrera. Con Nowitzki también tuve mucha relación y en Dallas me acuerdo que tuve que reciclarme un poco porque allí sí que me pidieron más anotación. Coincidir años después con Lebron ya fue la leche. Es un poco el Cristiano Ronaldo del baloncesto. Si Curry es la magia tipo Messi, él representa el trabajo diario y la constancia. Un tipo que impresiona, pero que a la vez es cercano. No va de 'pro', aunque lo sea". De su corta estancia en los Cavaliers con el de Ohio recuerda que le faltó el anillo (llegaron a las finales de 2018), aunque asegura que no lo cambiaría por ninguna de sus medallas con la Selección. "Contra los Warriors no tuvimos opciones, ellos estaban imparables. Los premios con España (ocho metales) no los podría intercambiar en ningún trueque porque algunos costaron muchísimo de conseguir y, además, ganar con los amigos de toda la vida (Pau, Reyes, Navarro) siempre es especial, nunca cansa", manifiesta.

"Si Curry es como Messi, la magia, Lebron James es el Cristiano Ronaldo del baloncesto. Él representa el trabajo diario y la constancia"

Y es que Calderón apenas tiene espinitas clavadas, si acaso la final olímpica de Londres 2012 ante Estados Unidos. "A la de 2008 en Pekín llegamos para disfrutar y les dimos un buen susto porque no se esperaban que fuéramos tan competitivos, en cambio la de Londres fue más amarga, al menos según mi juicio. En esos Juegos sí que salimos a ganar, sabiendo muy bien lo que teníamos que hacer para desactivar algunas de sus armas. Volvimos a plantarles cara pese a que ellos ya tenían la lección aprendida. No pudo ser y nos quedamos a siete puntos. Otra vez cerca. Recogimos la plata bastante más serios que en Pekín, ya no nos supo igual. Si se mira con retrospectiva... todos aquellos jugadores son futuros 'Hall of Fame'. En Londres diría que formaron un equipo aún mejor. Dimos el máximo", lamenta.

Calderón, junto a Pau Gasol en Río 2016, su último torneo con la Selección. (EFE)
Calderón, junto a Pau Gasol en Río 2016, su último torneo con la Selección. (EFE)

Con su retirada, cada vez quedan menos baloncestistas españoles en la NBA: "Volverán. Esta liga no es fácil, ni entrar ni mucho menos mantenerse. Juancho y Willy deberían tener un empujón porque tienen la suficiente calidad como para estar aquí, pero no les están dando las oportunidades que igual se merecen". El de Villanueva de la Serena, que solo tiene palabras de elogio para Ricky Rubio ("Debería ser imprescindible para cualquier franquicia por su talento, análisis y calidad humana"), no obvia uno de los temas que más está dando que hablar desde el pasado verano en nuestro basket: el regreso de Mirotic y su polémico fichaje por el Barça. "No me parece normal lo que está pasando (insultos por parte de la afición madridista). Somos personas y no todo son colores ni dinero. Creo que él decide irse a Barcelona y no a Madrid porque considera que es lo mejor para su familia. Si, aparte, el Barça le ofrecía unas buenas condiciones tanto económicas como deportivas, con un proyecto serio e ilusionante, pues ya está. No hay que ponerse en contra de alguien porque sí. El respeto tiene que primar por encima de todo", advierte.

¿Y cuánta mecha le queda a nuestro máximo representante, Pau Gasol?: "Toda la que le permita su cuerpo. Veremos a ver cómo vuelve porque su lesión en el pie es complicada. Tiene 39 años. Tiene que probarse, si su físico le responde dará algo más de guerra. Él está tranquilo y confiado, preparándose para ello. De todas las maneras, ya ha dado todo. Si no sigue, sus compañeros le estaremos eternamente agradecidos por su liderazgo, compromiso y por abrir las puertas a muchos otros jugadores europeos". Inmensamente feliz por haber elegido su propio final en este deporte, Calderón intentará aplicar ahora la inteligencia que le caracterizó sobre el parqué en las filas del sindicato. Lejos del balón, pero no de sus compañeros, aquellos a los que siempre entregó su generosidad y a los que continuará 'asistiendo'.

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