lasiTskene es la gran favorita al oro

Ruth Beitia, la mejor opción de España en los mundiales, no está para muchas fiestas

La saltadora cántabra, la mejor atleta española de siempre, pasó la clasificación y ahora sueña con una medalla muy complicada, pues ha tenido un año lleno de dudas y lesiones

Foto: Ruth Beitia celebra su clasificación. (EFE)
Ruth Beitia celebra su clasificación. (EFE)

El atletismo es velocidad. No solo lo obvio, una carrera a tumba abierta de 100 metros, por ejemplo. El resto de competiciones, todas ellas, también tienen un punto en el que la velocidad es clave. Para tirar la jabalina lejos hay que lograr que las piernas vuelen. Para el triple salto hay que correr como un velocista. Y para franquear un listón de altura es necesario llegar al último paso con la mayor premura posible.

Ese es ahora mismo el quebradero de cabeza de Ruth Beitia. Darle velocidad a los últimos pasos porque sin ella todo lo demás es imposible. La última pisada, que tiene que ser firme, contundente, necesita llegar siempre con la mayor inercia posible. Ese punto, en el que la presión en el pie es máxima, es obligado ir rápido para poder despegar. Ella, campeona olímpica y europea, la atleta más grande de la historia de España, sabía hacerlo. El problema está en que cada temporada hay que readaptarse y volver a coger las virtudes que te hicieron grande. Este año, por muchas cosas, no es el mejor de Ruth.

Todo tiene que ver con el físico o, más bien, con los problemas para encontrarlo. Ruth, ya en Londres, reconoce que este invierno vivió los cuatro peores meses de su vida. No encontraba respuestas para las preguntas que se arremolinaban en el cajón. ¿Por qué no salía con fluidez lo que antes era rutina? El principal problema estaba en el psoas, un músculo largo y poderoso del muslo en el que tuvo un derrame. Algo concreto, no muy grave, que pronto se empezó a extender por el resto de su anatomía.

Porque el cuerpo humano no entiende de compartimientos estancos. Si una pierna da problemas obliga a la otra a tomar más responsabilidades y eso genera desequilibrios. Desde ahí otras partes escuchan el eco. La cadera, forzada de repente. El hombro, porque no está todo puesto en su justa medida, esa rodilla que tiene que doblar su carga porque hay una pierna que no funciona con normalidad… Eso, además, conlleva un retraso en la preparación general. Cuando no se está del todo bien no se puede entrenar con normalidad y hay que ir apurando plazos para aparecer en el mundial con una sonrisa y alguna posibilidad. El atletismo, siempre enredando con la velocidad.

El drama de la clasificación

El reto era la clasificación, lo cual es ya de por sí algo chocante cuando se piensa que esta atleta, un año antes, se estaba colgando en el cuello la medalla de oro en Río de Janeiro. Pero con lo ya contado lo normal es esperar que todos los saltos sean un problema. Saltó 1,92 a la tercera, lo cual le hizo entrar duodécima en la final. No se requirió finalmente saltar 1.94, como estaba presupuestado. "Hacía tiempo que no estaba tan nerviosa y ha sido una sensación bonita. Ese último salto me ha quitado la tensión y en la final espero dar lo mejor de mí", contaba la cántabra unos minutos después de ver como el listón no caía y ella era finalista.

"No he tirado la toalla: ese primer salto de 1,92 ha sido un poco desastroso; el segundo ha estado muy bien, aunque se ha caído por los pelos; y el tercero me ha dado el pase a la final, en la que ha sido una temporada al aire libre en la que he tenido dudas. Pero ahora puedo decir que voy a estar en la final del campeonato del mundo", narraba ella, con su sonrisa colocada en la boca. Como siempre, por otro lado, a Beitia estos meses los fantasmas la han visitado con más frecuencia de la deseada, pero uno de los motivos por los que está en Londres es por su capacidad para afrontar la realidad y pelearse con ella.

"En general, vengo envuelta en un mar de dudas", explicaba antes de saltar, "pero con el factor competición todo puede hacerse realidad. Soy realista y confieso que han sido unos meses duros. No sé si el podio, pero llegar a tocar las medallas estaría muy bien. Mis 38 años me dan pie para pensar muchas cosas, pero ahora solo pienso en competir. Como capitana, espero que entre todo el equipo podamos daros buenos titulares". Son 38 años y eso también tiene un peso en todo esto.

Los cuerpos no se recuperan igual a todas las edades. Todo aquel que ha ido cumpliendo años lo sabe y en el deporte la sensación se acrecienta. Por eso los atletas, llegados a una edad –y Ruth está cerca de esa edad, por encima o por debajo– se plantean que hay que cambiar de vida porque el deporte les expulsó. Beitia no habla del tema, entre otras cosas porque ella ya se fue para luego volver y no quiere ser de esa clase de personas que se pasan la vida desdiciéndose. Le ocurrió una vez, punto final.

En todo caso, si ese pensamiento pasa por su cabeza en algún momento, Beitia tiene que saber que ha valido la pena. Es la mejor atleta española de todos los tiempos, la única que tiene en su haber un oro olímpico. Aquella noche en el Enganhao de Río de Janeiro está entre los momentos más importantes del país en el olimpismo. No solo por lo ya contado, también porque son escasos los oros que tiene España en el deporte rey de los Juegos. Si solo fuese eso, aquel salto concreto, ya hubiese merecido la pena. Pero dejarlo en eso, en un magnífico oro olímpico, es reducirla.

Beitia ha ganado también otras muchas competiciones, pero tampoco es eso lo que se señala sino el ejemplo que ha dado siempre. Las niñas a las que les gusta el atletismo ahora tienen un referente claro de éxito. Saltar en España no es lo mismo ahora que antes, cuando ella no existía. Y el resto de disciplinas atléticas también beberán de que algún día Beitia compitió y demostró que ser español no es antónimo de tener éxito en el deporte original. No es lo común, solo hay que ver estos mundiales. De nuevo Beitia como opción más clara, incluso en un año que no es el suyo.

Todos dan por hecho que Lasitskene ganará el oro con facilidad. Todos estos meses en los que Beitia ha ido con cuidado, casi con miedo, ella ha marchado a la velocidad del tren bala. Cada competición en la que ha entrado ha terminado con victoria, supera los dos metros con facilidad e, incluso, se acerca con su 2.06 al mítico record de Kostadinova, uno de los más caros del concierto atlético. La lógica lleva a pensar que este año, plagado de problemas, no es el de Beitia, que no podrá acompañara a la rusa en el podio. Pero la lógica es algo que los grandes competidores nunca tuvieron muy en cuenta. Ruth lo es, por eso sueña.

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