buenísima final de triple salto femenino

La bala de Orlando Ortega también falla: "Es un año muy complicado"

El vallista solo pudo ser séptimo en una muy exigente final. Peleteiro, también séptima, una alegría para el futuro. La delegación española se queda sin casi opciones de medalla

Foto: Ortega, junto al campeón McLeod. (Reuters)
Ortega, junto al campeón McLeod. (Reuters)

"Es un año complicado, muy muy complicado". Orlando Ortega no tiene mucho que demostrar, es subcampeón olímpico de 110 metros vallas. Se sabe de su talento, pero esta temporada no ha sido lo suyo. Lo ha intentado, se ha metido en la final en su prueba, que es una de las más disputadas de todo el panorama atlético. Depende de los más mínimos detalles, de una técnica perfecta y, también del mejor físico posible.

Eso último es lo que le ha fallado a Ortega. El español ha tenido problemas de isquiotibiales durante toda la temporada, incapaz de encontrar sus mejores marcas. En su caso lo primero, la técnica, siempre es excelente. Es el típico corredor que roza la valla pero nunca la da, muy preciso, con la pierna en alto y la zancada poderosa. El problema es que tener la pisada más limpia no sirve de mucho si no es suficientemente potente.

Y eso es lo que ocurrió en Londres, las piernas de Orlando no dan para mucho más. Salió bien, mejor de lo que acostumbra, pero a partir de ahí se perdió. Sus rivales parecían imponer más fuerza en cada una de sus pisadas, iban más rápido y pasaban los obstáculos con la agresividad que se supone a los grandes competidores. incluso se enganchó un poco en una de las últimas vallas, prueba clara de que la noche de Londres no era la suya. El mejor de todos volvió a ser McLeod. Ya era campeón olímpico y ha dado muestras de nuevo de su enorme talento.

Es pequeño, muy compacto, muy fuerte. Cuando sale de los tacos parece haber encontrado un resorte que le empuja irremediablemente hacia la victoria. Su 13.04 es una marca espectacular, propia de los muy buenos. Junto a él, en el podio, estuvieron Shubenkov y Baji. Dos atletas europeos, también de zancada fina, con estilo depurado. Mucho más altos que McLeod, también menos poderosos.

"No estoy contento, no he disfrutado", decía tras la carrera un contrariado Ortega. Está muy acostumbrado a ganar y hacerlo con frecuencia. No había ni siquiera que preguntarle para saber su opinión. La mirada gacha, su sonrisa ausente, algo extraño en un deportista que no es el más carismático, pero sí tiene una perpetua alegría que le acompaña a todas partes. Pedirle tanto después de quedar por debajo de sus expectativas es excesivo.

Ortega era, además, una de las muy escasas posibilidades de medalla de la delegación española. Se sabía que era complicado, a nadie se le escondían los problemas físicos que ha arrastrado durante meses el atleta de origen cubano. Pero aún así se esperaba algo de él, porque a algo hay que agarrarse. Ahora queda solo bruma, más bruma. Igual Ruth Beitia, que tampoco está teniendo un año muy bueno. Quizá la marcha. Poco más. Y es un problema.

Los rectores del atletismo español hablarán de los finalistas y los puntos, pero sin medallas es difícil enganchar al aficionado. Contarle al que no es experto que hacer una marca personal es un éxito no suele funcionar. El brillo de las preseas no es la única medición, es posible que no sea siquiera la más correcta, pero sin duda es la más extendida. El deporte es éxito, cuando no hay se nota.

Ana Peleteiro. (EFE)
Ana Peleteiro. (EFE)

El brinco de Peleteiro

En el análisis más fino tendrá un buen lugar Ana Peleteiro. Tiene 21 años y lo ha hecho lo mejor que ha podido. Marca personal, séptima plaza en la final. Tampoco se le puede pedir más, o al menos hoy en día, con lo que hay, no se le puede exigir más. Porque si su evolución desde que tenía 16 años hubiese sido lineal es posible que se hablase de otra cosa, pero no ha sido así. Hubo un parón enorme, cuatro años de parón. Ahora toca reincorporar todo a su salto, andar lo que se ha perdido por el camino.

Y está en la mejor línea. Nunca antes una triplista española quedó tan arriba en un mundial. Lo hizo, además, en solo cuatro saltos, porque los dos últimos no los pudo realizar por lesión. Se le quedó clavada la pierna izquierda y no fue capaz de seguir. No quiere decir mucho, en ese momento ya había hecho 14.23, su marca personal. Aunque quizá lo mejor es escucharla después, pues ni siquiera parecía del todo conforme. Quiera más, tiene hambre. No se esperaba esto de ella.

"Espero que este puesto sea uno de los peores de mi carrera en mundiales o europeos", declaraba la gallega, más suelta ante las cámaras que en otros tiempos. Esa ambición es necesaria en un deportista, tener en la conciencia que esto solo puede ser el principio de la historia, no uno de los capítulos más importantes. "Estoy segurísima de que hubiese saltado más, pero tengo que estar contenta, es mi primer campeonato del mundo", comentaba Peleteiro.

La española, además, se mostraba feliz porque la campeona había sido la excelente Yulimar Rojas. 21 años y 14.91. Se entrena en Guadalajara, con Peleteiro bajo la mirada de su entrenador Iván Pedroso. La venezolana, que consiguió el primer oro de la historia para su país, demostró desde su segundo salto que había viajado a Londres para ganar y no se iba a conformar con otra cosa. Tres saltos por encima de 14.80.

Necesitaba algo así, porque Catherine Ibargüen, la campeona olímpica, no la iba a permitir el oro con menos. Saltó 14.89 en su mejor salto, también con tres por encima del 14.80. Una final sensacional en la que también se sumó en el podio la brillante Olga Rypakova, con 14.77.

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