'Una joven prometedora': advertencia para sobones y abusadores
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'Una joven prometedora': advertencia para sobones y abusadores

La directora y actriz Emerald Fennell —Camila Parker en 'The Crown'— opta a cinco oscars gracias a este 'thriller' de venganza protagonizado por Carey Mulligan

placeholder Foto: Carey Mulligan es Cassandra, la protagonista de 'Una joven prometedora'. (Universal)
Carey Mulligan es Cassandra, la protagonista de 'Una joven prometedora'. (Universal)

El arranque de 'Una joven prometedora' es tan, valga la redundancia, prometedor, que la pérdida de fuelle de que adolece este 'thriller' de violación y venganza se siente más doloroso e incomprensible. ¿Por qué una idea tan brillante acaba desbaratada, perdiendo el rumbo y cayendo en la complacencia? ¿Por qué, de todos los finales posibles, el guion desemboca en el camino más desabrido e inverosímil? ¿Por qué 'Una joven prometedora' no es la película que muchas —y muchos— esperábamos que fuese? Sin embargo, y precisamente por lo alto de las expectativas, la ópera prima de la actriz, guionista y directora Emerald FennellCamilla Parker Bowles en 'The Crown'— se enfrenta a las críticas más duras tanto de quienes más esperaban como de quienes han denostado su valor simplemente por el activismo feminista de la propuesta. Porque, además de las cinco nominaciones al Oscar, Fenell ha conseguido con su película azuzar el debate sobre el consentimiento sexual y despertar las iras de muchos plañideros sueltos por la red.

Tráiler de 'Una joven prometedora'

Es el sino de los tiempos acabar descafeinando, incluso, las propuestas más arriesgadas. Porque 'Una joven prometedora' ni en lo macabro —que apenas explota— ni en el humor llega hasta el fondo. 'Una joven prometedora' es mucho más conciliadora, mucho menos radical que otras propuestas del género. Consciente de que en el registro y el tono no son comparables, clásicas de culto del estilo de 'Thriller' (1973) o 'I Spit on Your Grave' (1978) resultan mucho más incómodas, con la utilización tanto del suspense como de la creación de imágenes imborrables a través de la violencia explícita —una vez vista, ¿quién puede olvidar la escena en la que Camille Keaton, con un cuchillo en la mano, se da un baño de espuma junto a uno de sus violadores?—.

placeholder Nunca un disfraz de enfermera sexy fue tan inquietante. (Universal)
Nunca un disfraz de enfermera sexy fue tan inquietante. (Universal)

El debate que propone Fennell es más sofisticado y controvertido, eso sí, que una 'rape & revenge' convencional: ¿dónde están los límites del consentimiento sexual? ¿Por qué hay hombres que consideran que mantener relaciones sexuales con una mujer en estado de ebriedad —e incluso inconsciencia— es legítimo? ¿Por qué hay hombres que, aunque saben que están haciendo mal, lo hacen? ¿Por la impunidad? ¿Porque siempre ha sido así y nunca ha pasado nada? Y Emerald Fennell pone el foco en esos hombres y se ensaña con lo patéticos, lo miserables, lo poco hombres que son quienes se aprovechan de la vulnerabilidad de una mujer borracha. Aunque no sé si los espectadores que puedan sentirse apelados se atreverán a confrontarse consigo mismos a través de la pantalla o si el público que se acercará a 'Una joven prometedora' es el ya converso.

Como decía, el arranque de 'Una joven prometedora' es brillante: una mujer borracha, prácticamente desplomada en un sofá de una discoteca, intenta mantenerse en pie. Un grupo de hombres que se han fijado en su atractivo decide quién de ellos la llevará a casa. Pero no para ayudarla, sino que el objetivo real de este acto aparentemente caritativo es, perdón por la vulgaridad, mojar el churro. Ninguno de ellos parece plantearse lo retorcido que supone anteponer los deseos sexuales a las necesidades —y a la voluntad— de esa mujer desconocida. Uno de los hombres (Adam Brody, el que fue 'sex symbol' para la generación 'O.C.') se sienta junto a la mujer y después de preguntarle si está bien, si está sola, se ofrece a llevarla a casa. Juntos montan en un taxi, pero a medio camino, él decide que antes harán una parada por su casa, que está cerca, para tomarse juntos una última copa. Los signos están ahí: el rímel corrido, las ganas de vomitar, la incapacidad de articular palabra. La chica está realmente borracha. Pero él decide ignorarlos y seguir con su estratagema para meterse en sus bragas. Porque él quiere follar y le da igual lo que ella quiera. Y cuando la tiene tumbada en la cama, a punto de conseguirlo... ¡boum! Algo imprevisto.

placeholder ¿Por qué a los hombres les cuesta tanto cantar temazos de las divas de la canción? (Universal)
¿Por qué a los hombres les cuesta tanto cantar temazos de las divas de la canción? (Universal)

Fennell plantea la pregunta: ¿esos hombres se comportarían de la misma manera ante una mujer que no se encontrase en una situación de vulnerabilidad?, ¿si, por ejemplo, no estuviese borracha? Y si la respuesta es no, si esa persona utiliza esa ventaja, ¿no se considera un abuso? Y si es, en efecto, un abuso, ¿no debería ser punible? Con sentido del humor y una estética pop de colores chicle y música de 'girlbands' y divas de la canción, Fennell construye una antiheroína vengadora a la que encarna Carey Mulligan, que ofrece una imagen tan delicada como inquietante y que la hace ideal para el papel de una treintañera que, tras una experiencia traumática ocurrida siete años atrás, actúa como justiciera de una manera bastante particular. A su edad, vive aún en casa de sus padres, que no entienden por qué su hija no tiene apenas amistades —a excepción de su compañera de trabajo, interpretada por Laverne Cox— y por qué ha decidido poner en pausa, boicotear, su prometedora carrera: dejó los estudios de Medicina y ahora trabaja en una cafetería, un trabajo que claramente odia.

Casey —diminutivo de Cassandra, que en griego antiguo significa "la que enreda a los hombres"— podría haber sido una heroína de cómic, pero Fennell ha preferido traerla a tierra y llevarla por unos derroteros realistas y factibles. También acierta la directora en no esconder las complejidades y contradicciones de un personaje que, desde el principio, se esfuerza en caer mal. Casey no es un personaje fácil, no es un ser de luz, sino que se presenta como una mujer atormentada que ha tomado una decisión radical y no muy cabal, bordeando la legalidad pero sin llegar a saltársela. Casey es una mujer cuya misandria ha acabado dominando todos los aspectos de su vida. Hasta que un encontronazo fortuito con Ryan (Bo Burnham), un antiguo compañero de la facultad de Medicina, le hace replantearse su visión de los hombres, porque representa al perfecto compañero atento, sensible y desacomplejado, un modelo perfecto de la nueva masculinidad. Y a partir de aquí es cuando 'Una joven prometedora' pierde dirección, incluso formalmente.

placeholder Carey Mulligan, en otro momento de 'Una joven prometedora'. (Universal)
Carey Mulligan, en otro momento de 'Una joven prometedora'. (Universal)

Por un lado, la decisión narrativa que toma Fennell respecto al personaje de Ryan resulta demasiado enrevesada y no ayuda a la tesis de la película. Al tercer acto de la película, en el que la protagonista se propone culminar su venganza final, la directora llega de manera natural, pero son los apuntalamientos que realiza a través del personaje de Ryan y las decisiones que toma a partir de aquí las que derivan en un final anticlimático. Fennell presenta una visión en la que ningún hombre escapa de la masculinidad tóxica y peligrosa, en la que todos se protegen y se disculpan, y en la que también participan las mujeres que prefieren mirar a otro lado antes que apoyarse o defenderse. 'Una joven prometedora' es una advertencia para sobones y abusadores, pero también cae en el contra-argumentario de aquellos que quieren conservar antiguos privilegios como, por ejemplo, el de meterle mano a una mujer borracha y que no haya consecuencias. Fennell avisa: machotes, vuestro tiempo se ha acabado.

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