'Capone': un 'biopic' del famoso gánster tan malo que es hasta memorable
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'Capone': un 'biopic' del famoso gánster tan malo que es hasta memorable

Josh Trank, cuyo proyecto de dirigir una entrega del universo 'Star Wars' quedó frustrado, dedica su película a los últimos momentos de Al Capone, convertido en una figura grotesca

placeholder Foto: Debajo de todo ese látex se encuentra Tom Hardy, que interpreta a Capone. (Filmin)
Debajo de todo ese látex se encuentra Tom Hardy, que interpreta a Capone. (Filmin)

Si, en sus años de gloria, Al Capone hubiera podido conocer la versión de sí mismo que ‘Capone’ presenta, probablemente habría decidido dejar la mala vida a tiempo para dedicarse a vender enciclopedias o a cualquier otro modo de vida aburrido pero seguro. La película se sitúa a finales de la década de los cuarenta, después de que el gánster haya sido excarcelado años antes de cumplir en su totalidad la sentencia a la que se le condenó por evasión fiscal: azotado por los estragos de la neurosífilis, ha sido enviado a morir a casa. Y allí, en su opulenta mansión de Florida, Fonz —así lo llaman sus allegados— deambula en pijama o albornoz, protegido por unos pañales, mientras su cuerpo y su mente se van destruyendo al mismo tiempo que su imperio y su fortuna. Es como una versión masculina de Norma Desmond, un icono de grandeza transfigurado en una criatura patética.

Tráiler de 'Capone'

Los ‘biopics’, incluso los que se centran en un periodo específico de la vida de su objeto de estudio, suelen centrarse en recrear acontecimientos y situaciones particularmente interesantes. ‘Capone’, en cambio, esquiva todo cuanto resulta dramáticamente sustancioso en la biografía de su protagonista para, en lugar de eso, retratarlo cuando la enfermedad ya le ha robado la mayor parte de su personalidad. Asimismo, el metraje no incluye escenas que recuerden en forma de ‘flashback’ sus fechorías ni sus andanzas judiciales; la única alusión a su pasado criminal la ofrece el rumor de una recreación radiofónica de la Matanza de San Valentín. A cambio, el director Josh Trank se centra en poner imágenes y sonido a la desorientación mental que su héroe padece, a través de un ‘collage’ de recuerdos, visiones y fantasmas que evocan su niñez, los actos de violencia que cometió y la paranoia que lo consume. Vemos a Capone persiguiendo a un niño que sostiene un globo, o cruzando un gigantesco salón de baile, o cantando a dúo con Louis Armstrong, o acribillando a sus empleados. La película se contenta con presentarnos una sucesión no particularmente memorable de episodios, algunos situados en el mundo real y otros en los confines del delirio mental.

placeholder Linda Cardellini y Tom Hardy. (Filmin)
Linda Cardellini y Tom Hardy. (Filmin)

El director Josh Trank, es cierto, ofrece un elemento de intriga —10 millones de dólares que Fonz al parecer guardó en algún lugar de la casa que, por supuesto, ha olvidado— y un grupo de personajes colindantes: la esposa del gánster, que lo ama y lo detesta a partes iguales; su hijo, que le tiene lástima; su médico, que no tiene ningún escrúpulo; sus empleados y algún allegado, que lo tratan con respeto y aprensión; los agentes del FBI que lo vigilan. Sin embargo, ‘Capone’ no presta ninguna importancia real a esas presencias secundarias; todo cuanto le interesa es la insignificancia de su protagonista.

Trank debutó tras la cámara con ‘Chronicle’ (2012) y, gracias a su éxito, logró que lo contrataran para participar en el universo cinematográfico de ‘Star Wars’ y para dirigir el ‘reboot’ ‘Los 4 fantásticos’. Pero el rodaje de este último fue un desastre, y Trank tuvo que despedirse de ‘Star Wars’ solo unos meses antes de que la película de Marvel fracasara en taquilla. Quizá, pues, la historia de alguien que alcanza la cima del mundo y posteriormente se desploma tenga algún significado personal para él, y que contarla de la forma menos convencional posible sea su intento de reafirmarse como autor frente a la tiranía corporativa de Hollywood. Y el problema no es que ‘Capone’ se niegue a ofrecer lo que se espera de una película biográfica, sino que no es lo suficientemente audaz para encontrar formas alternativas de drama o psicología y, a cambio, tan solo ofrece decrepitud.

placeholder Otro momento de 'Capone'. (Filmin)
Otro momento de 'Capone'. (Filmin)

La película, en efecto, se recrea en los aspectos más indignos y escatológicos del declive de Fonz. Nos lo muestra vomitando en una papelera, defecándose encima durante un interrogatorio del FBI, mascando zanahorias como una parodia animada de sí mismo, devorando espaguetis de mala manera y contemplando desesperado las manchas de orina que su problemática vejiga va causando. Y si no resulta insoportablemente monótona en el proceso, es sobre todo gracias a la interpretación de Tom Hardy, que bajo ningún concepto podría describirse como 'buena', pero que al menos es inolvidable. El actor británico se pasea por la pantalla convertido en un montículo de carne podrida; su calva tiene la textura del fuagrás, su rostro está decorado con cuperosis y sarpullidos, su mirada desquiciada se ve acentuada por unas lentillas azules empapadas en sangre. En lugar de hablar, emite gruñidos y graznidos en su mayoría indescifrables, o sonidos que no son asociables a ningún ser vivo en particular. Es un trabajo actoral diseñado para dejarnos boquiabiertos, y sin duda logra su objetivo.

Y, en realidad, algo similar puede decirse de ‘Capone’ en su conjunto. Es una obra tan llamativamente insensata que provoca fascinación, y de ese modo casi logra que el espectador pase por alto lo estúpida e insulsa que resulta. De ningún modo funciona como el desafiante gesto de reivindicación personal que su director probablemente tenía en mente cuando decidió hacerla, más que nada porque con ella da muestras de tener tan poco control sobre sus actos como su protagonista. Pero al mismo tiempo, de nuevo, es más memorable que cualquier otra película así de mala, y eso debería bastar para que algún productor lo suficientemente imprudente le dé a Trank dinero para su próximo proyecto.

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