ESTRENOS DE CINE

'Hobbs & Shaw': 'Fast & Furious' sigue divertida y demencial pero se queda sin gas

Dwayne Johnson y Jason Statham se enfrentan para demostrar quién tiene mejor pegada

Foto: Dwayne Johnson y Jason Statham protagonizan la última entrega de la saga 'A todo gas'. (Universal)
Dwayne Johnson y Jason Statham protagonizan la última entrega de la saga 'A todo gas'. (Universal)

La primera película perteneciente a la saga 'Fast & Furious' —'A todo gas' (2001)— era la historia de un policía encubierto que perseguía a una banda de atracadores. Ahora la novena, 'Fast & Furious: Hobbs & Shaw', arranca con un hombre a prueba de balas que pilota una motocicleta mágica y persigue a una mujer que acaba de inyectarse un virus capaz de acabar con toda la vida en la Tierra. En otras palabras, si la serie original fue adentrándose de forma gradual en los dominios del absurdo, este 'spin-off' irrumpe en ellos desde el principio. Mientras contempla a los otrora enemigos Luke Hobbs (Dwayne Johnson) y Deckard Shaw (Jason Statham) trabajar juntos para rastrear la citada toxina, neutralizar al biónico villano (Idris Elba) y salvar la vida de la hermana de Shaw (Vanessa Kirby) antes de que las cápsulas virales ocultas en su cuerpo se disuelvan, funciona de principio a fin como una caricatura. Y si por un lado siempre se agradece una película que no se toma a sí misma demasiado en serio, por otro es una pena que la libertad en teoría otorgada por esa actitud no haya sido aprovechada aquí para hacer la más mínima aportación significativa al género.

Poner en contraste a Hobbs y Shaw, dos personajes de la saga adorados por los fans e inicialmente presentados como obstáculos para Dominic Toretto y los suyos, sobre el papel parece una idea astuta. Y la película los enfrenta con palabras y caras de malo desde su primera escena juntos y a lo largo de los momentos más cruciales de la intriga. Al principio la interacción es hilarante, especialmente si uno no está familiarizado con los capítulos más recientes de la saga. Sin embargo, esos intercambios no tardan en resultar tediosos, en parte por su excesivo infantilismo y en parte por la desesperación con la que tratan de ser graciosos.

Statham, Johnson y Vanessa Kirby, en 'Hobbs & Shaw'.
Statham, Johnson y Vanessa Kirby, en 'Hobbs & Shaw'.

El director David Leitch solo ha necesitado unas pocas películas tras la cámara para confirmarse como uno de los grandes expertos del cine de acción —tras codirigir 'John Wick' (2014), tomó en solitario las riendas de 'Atómica' (2017) y 'Deadpool 2' (2018)—; y en 'Hobbs & Shaw' llena los 136 minutos de metraje de ingeniosas secuencias de ruido y furia, algunas tan desmesuradas que hay que verlas para creerlas. Mientras lo hace, enfatiza hábilmente las diferencias en los estilos de lucha respectivos de los dos protagonistas: la cámara se mueve y se agacha en sintonía con los fluidos movimientos de Shaw, pero en las escenas de Hobbs retrocede para contemplar las evoluciones de sus puños gigantes, balanceándose ligeramente para enfatizar los impactos. Asimismo, Leitch también confirma su talento a la hora de diseñar coreografías de tamaño impresionante en las que se combinan combates cuerpo a cuerpo, tiroteos y persecuciones dentro de la misma secuencia. Cada vez que una de estas escenas parece llegar a su fin, Leitch en cambio decide añadirle una marcha y aumentar su velocidad.

En 'Hobbs & Shaw' se suceden combates cuerpo a cuerpo, tiroteos y persecuciones dentro de la misma secuencia

Sin embargo, decimos, esas secuencias poco a poco dejan de ser excitantes para convertirse en rutinarias. Por un lado, porque ninguna de ellas alcanza la demencia de escenas como la del tanque en 'Fast & Furious 6' y la de los coches paracaidistas de 'Fast & Furious 7'; por otro, porque al ver la película en ningún momento sentimos que el villano o el virus sean una amenaza real ni que la eventual victoria de los protagonistas sea puesta mínimamente en duda, y eso impide que la peripecia alcance gravedad alguna.

La película se traslada a Samoa, tierra natal de Hobbs. (Universal)
La película se traslada a Samoa, tierra natal de Hobbs. (Universal)

Además, 'Hobbs & Shaw' avanza a una velocidad tan vertiginosa que olvida pisar el freno para ofrecer los momentos de reflexión y drama que en su día dotaron a sus predecesoras de resonancia emocional. Incluso su tercer acto, que transcurre en la tierra natal de Hobbs —Samoa— con la obvia intención de insuflar sentimentalismo, resulta tan postizo que tan solo logra abrir distancia; y que a la familia de Hobbs le guste tunear coches no es más que una vidente artimaña argumental para conectar la película con las raíces de la saga.

Cartel de 'Hobbs & Shaw'.
Cartel de 'Hobbs & Shaw'.

En cualquier caso, ya que hablamos de coches, lo más llamativo de 'Hobbs & Shaw' es el escaso uso que hace de ellos. Sí, Shaw posee una imponente colección de vehículos tanto modernos como 'vintage', y hay un McLaren 720S que logra un notable protagonismo, pero la escasa presencia de escenas motorizadas hace que la película transmita la impresión de no ser muy consciente de los motivos del éxito y la longevidad de la saga a la que pertenece. Pese a ello, se muestra decidida —a través de algún que otro cameo sorprendente, por ejemplo— a contribuir a la expansión del universo 'Fast & Furious', aunque por otro lado no contribuya sustancialmente a hacer que esa expansión resulte apetecible para el espectador.

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