estrenos de cine

'Atómica': perfecta coreografía ultraviolenta

Para hablar de Atómica no está de más hacerlo primero de John Wick. Esencialmente un ballet macabro de dos horas de duración, protagonizado por Keanu Reeves

Foto: Charlize Theron y James McAvoy protagonizan 'Atómica'. (DeAPlaneta)
Charlize Theron y James McAvoy protagonizan 'Atómica'. (DeAPlaneta)

Para hablar de 'Atómica' no está de más hacerlo primero de 'John Wick'. Esencialmente un ballet macabro de dos horas de duración, protagonizado por Keanu Reeves en la piel de un matón retirado y por las docenas de esbirros a los que volaba la tapa de los sesos, aquella película surgió de la nada para erigirse en uno de los actioners más eficaces de los últimos años. Sin duda era un mero ejercicio de estilo, pero qué estilo. El posterior anuncio de que los directores Chad Stahelski y David Leitch no iban a repetir tándem de cara a la secuela inicialmente se interpretó como señal de una ruptura. En realidad, se trataba más bien de una expansión del negocio: Mientras Stahelski se encargaba de rodar 'John Wick 2' Leitch dirigió 'Atómica', que no es igual pero más o menos lo mismo.

La película se sirve de un escenario más o menos familiar —Berlín en 1989, cuando el Muro está a punto de caer pero la batalla entre agencias de espionaje rivales sigue activa— y una trama que esencialmente es un MacGuffin —una lista que detalla las identidades de todos los espías, o algo así, que ha sido robada por la KGB y debe ser recuperada— para confirmar el ascenso de Charlize Theron a la élite de las estrellas de acción de Hollywood; es una posición que adquirió gracias a su magnífico trabajo en la piel de Imperator Furiosa en 'Mad Max: Furia en la carretera' (2015) y que ni su aparición en 'Fast & Furious 8' (2017) ni el recuerdo tristemente imborrable de 'Aeon Flux' (2005) han logrado poner en cuestión.

Charlize Theron ya forma parte de la élite de las estrellas de acción de Hollywood; posición que adquirió con su magnífico papel en 'Mad Max'

Como en 'John Wick', la columna vertebral del relato es una sucesión de prolongadas secuencias de acción que el héroe afronta con rigurosa cara de palo. Escena tras escena, Theron se enfrenta a incontables bigardos de 100 kilos a razón de tres o cuatro a la vez, en callejones oscuros o clubes nocturnos tintados de neón o cines donde se proyecta 'Stalker', a menudo contando con la inestimable ayuda de mangueras de jardín o tapas de retrete o sacacorchos, sartenes y demás utensilios de cocina.

Telento coreográfico

El talento coreográfico de Leitch queda perfectamente ejemplificado en la apabullante secuencia que da a 'Atómica' su razón de ser. Durante casi ocho minutos, la heroína va despachando a un grupo de agentes enemigos a lo largo y ancho de las plantas y las escaleras y los comedores y las paredes mismas de un edificio de apartamentos de la Berlín Oriental, antes de emprender una huida automovilística entre la multitud. El director deja clara su habilidad manejando el espacio y poniendo a prueba las leyes de la física, y la aparente ausencia de cortes —la escena fue manipulada digitalmente para dar la sensación de haber sido rodada en un solo plano secuencia— hace que nos resulte más fácil apreciar el brutal crescendo de la violencia y que, al final, el espectador esté igual de jadeante que los actores.

Escena de 'Atómica'
Escena de 'Atómica'

Y es digno de mención, en ese sentido, que 'Atómica' no ignore el efecto físico causado por toda esa gimnasia: Theron y sus adversarios acaban las peleas hechos literalmente una piltrafa y envueltos de sangre, babas y moco. Leitch ha pasado 25 años trabajando como especialista en Hollywood, y sabe mejor que nadie que ningún ser humano que se pase 10 minutos dando y recibiendo tortas es capaz luego de seguir hecho un pincel, como las películas de Bond a menudo nos quieren hacer creer.

Leitch insiste en empujarnos a una sucesión de giros y pistas falsas y se hace francamente difícil entender quién hace qué y por qué

Pero, aunque lo intente, 'Atómica' no es 'John Wick'. Aquella predecesora supo crear todo un mundo que nos mantenía interesados durante los tiempos muertos en los que nadie derramaba sangre. Aquí en cambio resulta sorprendente, dada la claridad de sus escenas puramente físicas, lo confuso que resulta todo lo que hay alrededor de ellas. Leitch insiste en empujarnos a una sucesión de giros argumentales y pistas falsas y, como resultado, a ratos se hace francamente difícil tanto entender quién hace qué y por qué como, sobre todo, sentir el más mínimo interés en nada de ello, en buena medida porque en todo momento los personajes son meras superficies.

Cartel de 'Atómica'
Cartel de 'Atómica'

Del mismo modo, el escenario de la película funciona menos como base de reflexiones geopolíticas de ningún tipo o como resorte para la creación de suspense que como mera excusa para que Leitch haga avanzar las escenas al ritmo de una sucesión de greatest hits de los años 80 –bastante obvia, por cierto: suenan 'Blue Monday', 'Under Pressure' y '99 Luftballons', esta última dos veces—, y para que las ornamente con graffitis de fondo y volutas de humo y trucos visuales propios de anuncio de perfume. Puede que la protagonista de 'Atómic'a vaya en busca de una lista de espías, pero a ratos parece más bien que esté buscando a Jacq’s.

Cine

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios