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'Atardecer': un dramón insoportable sobre la Primera Guerra Mundial

El húngaro László Nemes, ganador del Oscar a mejor película extranjera por 'El hijo de Saul' (2015), regresa con un drama familiar en época de guerra

Foto: Juli Jakab, en la última película del húngaro László Nemes. (Avalon)
Juli Jakab, en la última película del húngaro László Nemes. (Avalon)

Han pasado meses y meses desde el estreno de 'El hijo de Saul' (2015) y László Nemes aún sigue obcecado con los primeros planos. En 'Atardecer', en efecto, el húngaro vuelve a fijar su cámara a tan solo unos centímetros del rostro de su protagonista, a quien contempla moverse rápidamente y sin pausa a través de un entorno que es apenas visible, como si lo estuviéramos contemplando por el rabillo del ojo; localizaciones y personajes cobran vida visual en cuanto se acerca a ellos e, inmediatamente, se desvanecen en cuanto los deja atrás. Las acciones y los diálogos, pues, se nos presentan de sopetón, sin previo aviso.

Y ese, el punto de vista singular, no es el único elemento que la nueva película de Nemes comparte con la que lo convirtió en nuevo chico de oro del cine de autor. Con ella, por ejemplo, demuestra seguir siendo proclive a coreografiar escenas de gran envergadura logística por las que transitan decenas de extras. Y en última instancia, también como su predecesora, 'Atardecer' se muestra nutrida por las ínfulas y la desorbitada gravedad que resultaban apropiadas para un drama sobre el Holocausto pero que, aplicadas a la historia de una aspirante a sombrerera, funcionan como mera afectación. Es cierto, por otra parte, que Nemes poco a poco va demostrando tener una agenda temática mucho más amplia: retratar cómo la ciudad de Budapest va colapsando en los prolegómenos de la Primera Guerra Mundial por el peso de todas las nuevas ideas políticas y psicológicas. Pero se toma tanto tiempo para darle forma que, durante su mayor parte, la película da la sensación de estar dando rodeos como un taxi lleno de turistas con el fin de justificar las dos horas y media de metraje.

Otro fotograma de 'Atardecer', de László Nemes. (Avalon)
Otro fotograma de 'Atardecer', de László Nemes. (Avalon)

A lo largo de ese tiempo, Nemes acompaña a Írisz Leiter, que fue criada en un orfelinato de Trieste tras la trágica muerte de sus padres y que ahora regresa a Budapest para conseguir un trabajo en la antigua sombrerería familiar. Pero al llegar allí comprueba que no es tan bienvenida como esperaba, y que el historial de sus padres en la ciudad es más profundo y oscuro de lo que podría haber imaginado. Poco después descubre también que tiene un hermano que se dedica a asuntos muy turbios y, pese a todas las advertencias que recibe, decide ir en su busca a través de una ciudad al borde del desastre. Y en el camino se cruzará con clubes de fetichistas, terroristas que conducen carruajes, doncellas desfiguradas, dependientas sospechosas, anarquistas despiadados y varios otros personajes que componen un rompecabezas imposible de descifrar excepto para aquellos espectadores que posean más paciencia de la estrictamente razonable.

La protagonista descubre que tiene un hermano que se dedica a asuntos muy turbios y decide ir en su busca a través de una ciudad al borde del desastre

Parte del problema es que, en esta ocasión, la idiosincrásica técnica narrativa de Nemes no funciona como lo hacía en 'El hijo de Saul'. La cámara agresivamente subjetiva resultaba idónea para un drama que transcurría en los confines horripilantes de un campo de concentración; para Saul, mantener la visión de túnel era una táctica de supervivencia esencial. Aquí, en cambio, la estrategia solo logra que nos distanciemos de Írisz y de su misión, y que vayamos dejando de tomarnos la película en serio a medida que una serie de personajes de relleno se turnan para entrar fugazmente en el plano y pronunciar frases como "Márchate de este lugar" o "¿Has encontrado a la chica?" o, simplemente, la miran con el ceño fruncido sin decir ni mu.

Cartel de 'Atardecer'.
Cartel de 'Atardecer'.

En el proceso, la insistente negativa de Nemes a darnos siquiera la más mínima cantidad de información va revelándose como una forma especialmente molesta de amaneramiento autoral; cuesta recordar alguna otra película reciente en la que la estilización formal se tomara tantas molestias para camuflar la sustancia temática o dramática del relato. Cierto que la falta de disciplina narrativa quizá sea un reflejo deliberado del caos que envuelve a la protagonista; y que el misterio obviamente irresoluble que la rodea tal vez no sea más que un vehículo a bordo del que mostrárnosla perdiendo la compostura y sumiéndose en la paranoia en sincronía perfecta con toda una nación. Pero eso no cambia el hecho de que contemplarla ir de aquí para allá durante 142 minutos resulta difícilmente soportable.

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