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'Border': sexo deforme y amor fantástico

El director danés de origen iraní Ali Abbasi adapta en su segundo largometraje una novela de John Ajvide Lindqvist, autor de 'Déjame entrar'

Foto: Eero Milonoff y Eva Melander, en 'Border', la última película de Ali Abbasi. (Karma)
Eero Milonoff y Eva Melander, en 'Border', la última película de Ali Abbasi. (Karma)

En su primera novela, 'Déjame entrar', el sueco John Ajvide Lindqvist trajo el mito de los vampiros al realismo más costumbrista de los suburbios de clase trabajadora del Estocolmo de los ochenta. Tres adaptaciones después —dos largometrajes, uno sueco y otro estadounidense, y una serie de televisión—, el escritor ha participado en la traslación al cine de otro de sus trabajos, el relato corto 'Border', de la antología 'Let the Old Dreams Die' ('Deja que los viejos sueños mueran'), en el que vuelve a entrecruzar elementos fantásticos con un entorno del realismo más pedestre. Entre el cuento y la intriga criminal, 'Border' resulta una propuesta original y sugerente, estimulante en el contraste constante entre la belleza y la fealdad, la ternura y la abyección.

Tina (Eva Melander) es una mujer fea. Feísima. De una fealdad tosca, casi animal. Tiene los dientes grandes, torcidos y amarronados. La nariz de una rudeza neandertal. Vello áspero que trepa por su cara como una enredadera. Y con una extraña cicatriz en la zona del coxis. Su padre asegura que la causa de la herida fue un accidente en la infancia, pero ella no recuerda nada. La mujer trabaja como agente de aduanas en un aeropuerto sueco, detectando cualquier tipo de contrabando escondido en el equipaje de los viajeros. Porque entre sus muchas particularidades está el don de poder oler los sentimientos de las personas, en particular la vergüenza, la culpa, la rabia. En uno de los registros, Tina encuentra escondida una tarjeta con pornografía infantil. Y en este momento 'Border' se transforma en cine 'noir' de corte nórdico, con Tina convertida en una agregada a la policía de Estocolmo en una investigación para desarticular una red de pederastas.

Eva Melander es Tina en 'Border'. (Karma)
Eva Melander es Tina en 'Border'. (Karma)

"De pequeña yo pensaba que era especial. Pensaba eso de mí misma. Luego crecí y me di cuenta de que solo era una humana. Una muy fea con un defecto cromosómico", confiesa Tina en un momento de la película. Su aspecto físico y sus excentricidades suponen un muro que la separa de la gente 'normal': son amables con ella porque ella es amable con ellos, pero no existe un contacto cálido y transparente. Y, desde luego, tampoco un deseo carnal: Tina vive con Roland (Jörgen Thorsson), que es más un inquilino gorrón que una pareja sentimental. Pero esta soledad desaparece el día en que pasa por aduanas Vore (Eero Milonoff), un tipo tan bestialmente horrendo como ella hacia el que siente una insólita atracción instantánea. Y Vore será la clave para saber quién —o qué— es ella realmente.

Nada más conocer a Vore, se produce una insólita atracción instantánea

A través de la relación entre los dos protagonistas, y de ellos con su entorno, el cineasta Ali Abbasi dirige esta original reflexión sobre la identidad, el miedo a la diferencia y los peligros del resentimiento, que tuvo muy buena acogida a su paso por la sección Un certain regard de Cannes y por la Seminci. 'Border' es, en realidad, una película de amor, de alguien que, como el monstruo de Frankenstein, se sabe diferente y repugnante para su entorno y que solo pretende encontrar solaz en la compresión y el amor sincero de alguien. Y, por primera vez, ese alguien la reconforta: "No tienes ningún defecto. No deberías prestar atención a lo que dice la gente".

Otro momento de 'Border'. (Karma)
Otro momento de 'Border'. (Karma)

La película, en gran parte también gracias al trabajo del director de fotografía Nadim Carlsen ('Holiday', 2018), consigue sumergir al espectador en un entorno tan propio de la mitología y el folclore nórdicos como realista: zorros y alces envueltos en una especie de cencellada se alternan con el bufé libre de un crucero para guiris, la casa modular destartalada de la protagonista o las localizaciones tópicas del género policial. El cineasta danés de origen iraní consigue en 'Border' conjugar la mirada fascinada por la naturaleza de los bosques de Estocolmo —casi se puede oler la tierra húmeda— con la exaltación de la animalidad, de los fluidos, de las alimañas, del impulso, de lo fisiológico. Pocas escenas de sexo en la historia del cine habrán provocado más extrañeza que la que Abbasi consigue en 'Border'.

Cartel de 'Border'.
Cartel de 'Border'.

También entra en el terreno de lo fantástico el dominio de los actores protagonistas de los detalles más minúsculos de su expresividad, que al final lo son todo: la forma en que Melander arruga la nariz al olisquear a Vore; la manera amenazante en la que Milonoff retrae el labio superior. El modo en el que ambos respiran, resoplan y gruñen. Y todo a pesar de las capas de látex que modelan sus rostros. Sin embargo, el desarrollo de la trama no acaba de resultar del todo fluido y, en ocasiones, peca de redundante. Pero 'Border' es tan marciana como tierna, un cuento moderno en forma de un oasis de originalidad y encanto alejado de las fórmulas manidas y con un mensaje muy necesario hoy sobre lo que deberían significar la identidad, la pertenencia a un grupo y la empatía.

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