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'Aquaman': guerra civil (chapucera) en alta mar

Jason Momoa es Aquaman en la última película del Universo extendido DC, dirigida por James Wan

Foto: Jason Momoa se enfrenta a Patrick Wilson en 'Aquaman'. (Warner)
Jason Momoa se enfrenta a Patrick Wilson en 'Aquaman'. (Warner)

Probablemente, 'Aquaman' haya sido lo más parecido a actuar en una obra de teatro 'brechtiano' en la carrera de Jason Momoa. Porque, inequívocamente, la mayor parte del rodaje de la última película de James Wan ha discurrido delante de un croma, en un escenario en que los actores no han podido agarrarse a ningún elemento tangible para interpretar a estos personajes sacados de una tragedia shakespeariana. De principio a fin, la imagen está cubierta por un velo de filtros que provoca que 'Aquaman' adolezca de una textura aterciopelada más propia de una cinta de dibujos animados o de un videojuego; los efectos especiales de 'Avatar' (2009) parecen mucho más reales que los de la última superproducción del Universo extendido DC.

Aunque la mayor parte de la carrera de Wan como director está enmarcada dentro del género de terror, el realizador malayo ya probó suerte en el cine de acción con 'Fast & Furious 7' (2015), la séptima película que más dinero ha recaudado en la historia. Sin embargo, si hasta ahora el estilo de Wan destacaba por la habilidad de crear atmósferas de suspense, la originalidad de sus ideas visuales y el manejo de los movimientos de cámara, en 'Aquaman' no queda resto de su personalidad como narrador de historias. La cámara lenta se utiliza sin demasiado criterio, el uso de la música es errático, las escenas de pelea acusan —aún más— un exceso de imágenes generadas por ordenador (CGI) y los diálogos de humor no funcionan ni para los propios personajes, que constantemente ignoran las gracias de Aquaman. El nivel: un pulpo tocando los timbales anuncia uno de los combates entre el protagonista y su principal archienemigo.

Jason Momoa es Aquaman. (Warner)
Jason Momoa es Aquaman. (Warner)

Y no es que a Jason Momoa le falte carisma —atractivo tiene de sobra, ¡ay, omá!—, sino que los diálogos de David Leslie Johnson-McGoldric y Will Beall son tan predecibles como "¿Cuál es el plan? El plan es que no te maten" o "Puede que sea mitad atlante, pero es el doble de rey que tú". Incluso hay escenas que parecen trasplantadas de 'Indiana Jones' y 'La momia' dentro de una trama que mezcla el mito artúrico, la tradición clásica, el cine de acción de superhéroes y la comedia romántica, aderezada con una crítica ecologista y un mensaje pacifista sobre la tolerancia y la alianza de civilizaciones.

'Aquaman' también manda una crítica ecologista y un mensaje pacifista sobre la tolerancia y la alianza de civilizaciones

Porque Aquaman (Momoa), cuyo nombre de pila es Arthur —por si se les escapa la referencia—, es hijo de un amor 'interracial' prohibido: el de Tom, un farero maorí (Temuera Morrison), y Atlanna (Nicole Kidman), reina de los atlantes, descendientes de los antiguos habitantes de la Atlántida que viven bajo el mar divididos en siete reinos subacuáticos. Atlanna, huida de un matrimonio forzoso, se enamora de Tom y juntos forman una familia en la superficie terrestre hasta que los soldados enviados por su prometido atlante Orvax la obligan a volver a las profundidades marinas.

Amber Heard es Mera en 'Aquaman'. (Warner)
Amber Heard es Mera en 'Aquaman'. (Warner)

Años después, cuando Arthur se ha convertido en un superhéroe famoso con el nombre de Aquaman, una serie de tsunamis arrasan las zonas costeras devolviendo a tierra la basura y los barcos que durante años los "moradores de la superficie" —así llaman los atlantes a los humanos — han arrojado al mar. Y es entonces cuando la atlante Mera (Amber Heard) aparece en la vida de Aquaman para avisarle de que en las profundidades marinas el rey Orm (Patrick Wilson) pretende conseguir el respaldo de todos los reinos submarinos para convertirse en Amo del Océano —una especie de título imperial—y declarar la guerra a los humanos.

Los atlantes quieren declarar la guerra a los humanos

Como un héroe heracleo, Aquaman debe viajar a Atlantis y superar una series de pruebas para disputarle el trono a Orm y restablecer la paz mundial. Por el camino, un enemigo accesible como Manta (Yahya Abdul-Mateen II), al que Wan solo utiliza para subrayar la idea recurrente de vengar al padre —o a la madre— y para protagonizar una secuencia delirante de lucha en una localidad turística siciliana muy parecida a Taormina. 'Aquaman' es, al fin y al cabo, una película de aprendizaje protagonizada por un adulto infantilizado que se curte a base de palos.

Tiburones de combate en 'Aquaman'. (Warner)
Tiburones de combate en 'Aquaman'. (Warner)

El mayor acierto de la película de Wan es, sin duda, el diseño del mundo submarino, que recuerda de alguna forma a los universos de Moebius: ciudades de ciencia ficción futuristas, abigarradas, llenas de colorido y detalles surrealistas como, por ejemplo, los tiburones de combate o las naves submarinas con forma de raspa de pescado. Porque más allá de la excusa de convertir a Aquaman en un Rey Arturo moderno, el filme es una concatenación de persecuciones y batallas cada vez más excesivas con bestias a cada cual más mostruosa como enemigos a batir.

Cartel de 'Aquaman'.
Cartel de 'Aquaman'.

A pesar de un reparto saturado de caras conocidas —el bótox digital de Willem Dafoe y Nicole Kidman merecería un capítulo aparte— y de contar con uno de los directores jóvenes del Hollywood industrial más interesantes, el último intento de DC de seguir la estela de taquillazos de Marvel es un batiburrillo efectista y pueril que no funciona ni como comedia, ni como pastiche romántico —la idea del ramo de rosas es la única original— ni como cine de superhéroes. Eso sí, larga vida a Jason Momoa. ¡Ay, omá!

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