'Expediente Warren 2': el rey del terror vuelve a helar la sangre
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'Expediente Warren 2': el rey del terror vuelve a helar la sangre

James Wan retoma las investigaciones de los parapsicólogos Ed y Lorraine Warren en su esperada vuelta al cine de terror. Fantasmas, demonios y mucho, mucho miedo

Foto: Fotograma de 'Expediente Warren 2: el caso de Enfield'.
Fotograma de 'Expediente Warren 2: el caso de Enfield'.

Tras darse un paseo por el cine de acción al volante de 'Fast & Furious 7' (2015), James Wan ha vuelto ahora a centrarse en la actividad que mejor se le da: hacer que nos hagamos pipí encima. Y lo más fascinante es la variedad de los métodos que ha empleado a lo largo de su carrera con ese fin: se dio a conocer blandiendo el cuchillo de carnicero tras la cámara de 'Saw' (2004), coqueteó con el 'thriller' gótico en 'Silencio desde el mal' (2007) e hizo un censo de población del más allá con la saga 'Insidious' (2010); pero es gracias a 'Expediente Warren'(2013), basada en un caso real de demonología resuelto hace 40 años por EdyLorraine Warren, que hoy es considerado el director más eficaz del cine de terror 'mainstream'.

Tráiler de 'Expediente Warren 2: el caso de Enfield'

El triunfo de aquella película estaba menos en el qué -desde un punto de vista narrativo, era otra variación de 'El exorcista' (1973), aunque sin curas ni sopa de guisantes regurgitada- que en el cómo: la elegancia casi rapsódica con la que Wan usaba nuestro conocimiento previo de las convenciones del género en contra nuestra; la chulería que derrochaba al dedicarle un largo plano a una niña aterrada asomada bajo la cama,y mantener la mirada fija en ella mientras nuestros músculos empezaban a tensarse en espera del susto que sin duda estaba a punto de llegar, hasta que inmediatamente después… no pasaba nada. Ni falta que hacía: nuestra sangre ya estaba helada. Ahora, 'El caso de Enfield'carece de buena parte de esa finura, más que nada porque juega a otra cosa. Esta vez las ambiciones de Wan son épicas: la nueva película es más larga, más enrevesada, más histriónica y más emocional y más explícita en sus métodos.

Cierto que, mientras acompaña a los Warren hasta Londres para ayudar a una madre soltera a liberarse del presunto fantasma que aterroriza a sus cuatro hijos -y en concreto la toma con una niña de 11 años,se empeña en hacerla volar por los aires y estamparla contra las paredes y hacerlahablar con voz cazallera-, Wan vuelve a mostrarse habilísimo creando una irrespirable atmósfera, construyendo momentos increíblemente tensos y sosteniéndolosahí durante más tiempo del que casi cualquier otro director de género consideraría razonable, generando pavor mostrando en pantalla nada más que un personaje asustado y la mera posibilidad de que algo se oculte en las sombras. La cámara se desliza constantemente de una habitación a otra, a lo largo de pasillos y hasta a través de techos, y cuanto más se mueve, más angustiosa es la sensación de que no hay forma de escapar.

La cámara se desliza constantemente, y cuanto más se mueve, más angustiosa es la sensación de que no hay forma de escapar

Sin embargo, 'El caso de Enfield' recurre mucho más a menudo que su predecesora a los trucos típicos: camas que se menean, sillas que vuelan a su antojo, puertas que reciben porrazos, televisores que cambian de canal de forma arbitraria,juguetes que se manejan solos, y personajes capaces de hacer cosas francamente idiotas si a la trama así le conviene. Algunas de esas tácticas 'asustadoras' son endiabladamente efectivas y otras, en cambio, parecen abrazar el 'slapstick', y en todo caso ninguna de ellas es comparable con el increíblemente inquietante juego de las palmadas de la primera película. Y, también a diferencia de lo que sucedía en aquella, el efecto acumulado de los sustos no sirve para ilustrar psicologías, a pesar del exagerado metraje que Wan se concede -la película dura dos horazas y cuarto- para establecer a los personajes y las historias que comparten. Más concretamente, si hace tres años 'Expediente Warren' explotaba certeramente las ansiedades del hombre corriente -la paternidad, las penurias económicas-, aquí Wan no muestra interés en más subtexto que una defensa de la fe cristiana y la familia tan convencida que casi resulta subversiva.

En última instancia, si 'El caso de Enfield' es efectiva -y lo es, sin duda-, es gracias a la astucia con la que Wan convierte esta saga en una historia de amor entre fantasmas. Ed y Lorraine son dos personas maravillosas, dispuestas a ir más lejos de lo que ningún ser humano vivo debería llegar en defensa de las familias que así lo necesitan y, sobre todo, en defensa mutua, y eso hace que verlos en peligro resulte especialmente terrorífico y conmovedor. Para cuando él agarra una guitarra y ofrece una versión del 'Can’t Help Falling in Love' de Elvis Presley -no es coña-mientras le lanza a ella miraditas bobaliconas, resulta difícil no decidir que seguiremos a esta pareja hasta el fin del mundo.

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